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La crisis del agua revela desigualdades sociales en Uruguay.

En los supermercados de Montevideo, los garrafones de seis litros duran poco más de una hora si se rellenan una vez al día.

Embalse de agua de Canelón Grande, en Canelones, Uruguay, 18/05/2023 (Foto: REUTERS/Mariana Greif)

Por Iván Hojman, enviado especial (Télam)- La crisis hídrica que enfrenta Uruguay dejó en evidencia las desigualdades sociales existentes en el país, ya que mientras algunas personas pueden comprar agua embotellada en los supermercados, en los barrios populares de Montevideo los vecinos siguen bebiendo agua del grifo, la cual tiene un alto contenido de sal debido a su origen en el Río de la Plata, requiriendo la adición de solución salina para reducir la salinidad y exponiéndose a los problemas de salud que puede ocasionar su consumo.

En el barrio Sayago, al norte de Montevideo, decenas de personas hacen fila para recibir una porción de potaje en el comedor comunitario “Telba Juárez”, mientras Beatriz Torres y Renán Machado, sus organizadores, agregan solución salina a dos ollas de 100 litros para reducir el contenido de cloruro y sodio en el agua utilizada en su preparación.

“Agregamos un litro de suero por cada 10 litros de agua para bajar un poco la salinidad; lo recibimos como donación de un médico”, contó Renán a Télam mientras revolvía el guiso hecho con lentejas, arroz, verduras y “lo que tuviéramos disponible”.

"Recibimos entre 80 y 100 familias, preparamos más de 500 comidas, tres veces por semana. Empezamos durante la pandemia con 50 personas y la cifra ha aumentado; cada vez es peor", dijo la cocinera.

"Es como agua de mar", describió Beatriz el agua que sale de los grifos de la zona y denunció que "el Gobierno no ayuda en nada, esto nunca había pasado".

El viernes, en mediciones oficiales de la calidad del agua en el abastecimiento de Montevideo y su región, el gobierno uruguayo reconoció que los niveles de cloruro y sodio superan los límites permitidos, que ya habían sido incrementados por Obras Sanitarias del Estado (OSE) debido a la necesidad de extraer agua del Río de la Plata.

En las muestras se encontraron hasta 873 miligramos de cloruro por litro, cuando el nivel permitido después del incremento era de 720, y se registró hasta 516 mg/l de sodio, superando el nivel aceptable de 440.

Guillermo González, quien fue a buscar un plato de comida a “Telba Juárez”, tiene 63 años y padece hipertensión, por lo que, según expertos sanitarios uruguayos, beber agua del grifo está contraindicado para él.

"Esta agua me está matando. Tengo que ir en bicicleta a la gruta de Lourdes todos los días para conseguir agua sin sal; recorro 10 kilómetros para conseguir los 5 litros que hay allí", dijo el hombre, mostrando su pierna izquierda, hinchada debido a su insuficiencia cardíaca.

“A través de la ayuda estatal me dieron 800 pesos para comprar agua, pero compro comida porque no me alcanza para vivir”, lamentó.

Otra vecina que acudió al comedor comunitario del barrio Torre 8, María Barrondo, afirmó que "el agua está pésima, no puedo tomar chimarrão (bebida infusionada tradicional sudamericana), no hay solución, hasta la yerba mate tiene sabor a sal".

"Espero que esto se resuelva pronto, pero va a tardar mucho. Nos preocupan los niños, porque necesitan agua potable. Deberían estar yendo de casa en casa repartiendo galones de agua; no hay ayuda del gobierno", criticó.

En Parque Batlle, uno de los barrios más ricos del centro de Montevideo, un camión cisterna de 30 litros de OSE, el organismo estatal encargado de suministrar agua potable en Uruguay, extrae agua de un pozo en un parque para abastecer con agua desalinizada a clínicas y hospitales.

Junto al enorme camión, dos jóvenes, Diego y Juan, ambos de 18 años, conversan junto a sus bicicletas.

"Realmente se siente el sabor salado, antes no era así. En casa, desde que empezó todo esto, compramos agua embotellada en el supermercado. Tenemos un filtro en el grifo, pero aún se siente", comentó Juan.

"Es extraño, es algo nuevo que está pasando. Prefiero beber agua embotellada, antes también bebía agua del grifo, pero ahora ya no puedo", añadió Diego, que se balanceaba en una máquina de ejercicios al aire libre.

“Al principio estábamos muy preocupados por mi familia, pero cuando empezamos a comprar agua nos sentimos tranquilos”, dijo el joven.

Vecinos del barrio Pocitos mostraron a Télam cómo la sal del agua arruinó el filtro de su purificador de agua de canilla, que se puso amarillo.

Mientras tanto, en los supermercados de Montevideo los garrafones de seis litros duran poco más de una hora si se rellenan una vez al día.