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El agua y la soberanía de Panamá están en manos de los militares estadounidenses.

Un contrato firmado entre la Administración del Canal de Panamá (ACP) e ingenieros del Ejército estadounidense pone de relieve la servidumbre y el auge del militarismo en el país.

El agua y la soberanía de Panamá en manos de los militares estadounidenses (Foto: Reuters)

Mario Hubert Garrido (Prensa Latina) Un controvertido contrato firmado entre la Administración del Canal de Panamá (ACP) y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE) pone de relieve la servilidad y el auge del militarismo en el país, según estiman los investigadores.

El proyecto tiene como objetivo proporcionar servicios de consultoría y asesoramiento técnico del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE) al Programa de Proyectos Hídricos, en particular a la gestión del agua a lo largo de la ruta interoceánica, que es también la mayor fuente de este recurso vital para la población panameña.

El evento fue noticia de primera plana en la revista El Faro de la ACP, según informó Bayano Digital a principios de noviembre de 2021.

El periódico afirmó que los directores no examinaron las implicaciones de reconectar el proyecto centenario con una fuerza militar extranjera, desmantelada tras la implementación de los Tratados del Canal Torrijos-Carter de 1977.

En este sentido, abogados, analistas políticos y periodistas como Antonio Saldaña y David Carrasco han advertido sobre las consecuencias políticas y de soberanía que podría acarrear el nuevo acuerdo. Otros expertos y ambientalistas han rechazado lo que consideran podría representar el regreso de Washington a América Latina y al Sur, especialmente a lo que ya se ha descrito como su zona de influencia, para controlar los recursos hídricos en tiempos de crisis global, sin mencionar el injustificado aumento de tropas de élite.

Un poco antes, otros hechos

En agosto de 2021, el diario La Estrella de Panamá publicó sucintamente y sin más comentarios que el Ministro de Desarrollo Agrícola (MIDA), Augusto Valderrama, recibió a Thor Brunso, Jefe del Programa Militar SAD de Estados Unidos.

La reunión, a la que también asistió la administradora de la Autoridad de Recursos Hídricos de Panamá (ARAP), Flor Torrijos, se centró, según el periódico, en las acciones futuras del Programa de Captación de Agua del MIDA y su impacto en los sectores agrícola y acuícola.

Ambas delegaciones destacaron el objetivo de colaborar en planes que beneficien a las zonas atendidas por este programa, así como a otras áreas de esa institución en regiones de difícil acceso.

A la reunión también asistieron el agregado agrícola de la Embajada de Estados Unidos en Panamá, Peter Olson, y altos funcionarios del Distrito Móvil del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE), en Mobile, Alabama, cuyo lema es "socios de confianza que aportan valor hoy para un futuro mejor".

Pero los estudiosos vieron más allá, adentrándose en el trasfondo de procesos de este tipo.

¿Resurgir el militarismo?

Según el abogado Antonio Saldaña, el militarismo se está reviviendo en Panamá, como sucedió en el pasado, en connivencia con la Casa Blanca.

Según explicó, la historia del militarismo ístmico se remonta al último líder militar posterior a la independencia de Panamá de Colombia.

Tras el Decreto N° 1 del 20 de febrero de 1904, que “eliminó el Ministerio de Guerra y Marina”, el general Esteban Huertas, en conspiración con los liberales de la época, intentó deponer por la fuerza al presidente Manuel Amador Guerrero.

Anteriormente, en enero de 1904, el procónsul estadounidense William I. Buchanan había informado a su gobierno de la conveniencia de "licenciar" a los miembros del ejército panameño.

El 16 de noviembre del mismo año, John Barrett, el nuevo Secretario de Estado de Estados Unidos, "recomendó" al líder panameño, como única salida a la crisis del militarismo, la "destitución del jefe militar".

A continuación, el presidente Amador solicitó la renuncia del general Huertas, quien la presentó "irrevocablemente". En la carta, culpó a los estadounidenses de su renuncia.

Saldaña añadió, en sus memorias, el libro El camino recorrido, en el que afirma que "el militarismo en Panamá no es solo responsabilidad de los militares, sino también de los civiles que buscaron beneficiarse del poder emanado de los cuarteles, al igual que en la dictadura militar".

Luego destacó que con la firma del “Tratado General de Amistad y Cooperación de 1936”, según lo acordado entre Panamá y Estados Unidos, cesó la intervención en los asuntos internos del país por parte del ejército estacionado en la antigua Zona del Canal, en virtud del Artículo VII del Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903.

Pero esto fue revocado por el Tratado de 1936 (Arias-Roosevelt), lo que creó un vacío en materia de seguridad pública.

El pretexto fue utilizado primero por la oligarquía liberal y luego, en los años 40 y 50, por el imperialismo estadounidense para remilitarizar la Policía Nacional, que se convirtió en la Guardia Nacional, y transferir el poder real al Palacio de Garzas (sede del Poder Ejecutivo), indicó.

La segunda remilitarización se produjo con el golpe militar del 11 de octubre de 1968 y culminó con la defenestración de las Fuerzas de Defensa de Panamá, debido a la invasión militar estadounidense del 20 de diciembre de 1989, destacó el académico.

Sin embargo, Saldaña afirmó que, desde el gobierno de Martín Torrijos (2004-2009), hijo del general Omar Torrijos, se ha puesto en marcha el proceso de la tercera remilitarización de los cuatro cuerpos policiales, que solo conservan el nombre de policía, según la opinión de un alto mando militar del Pentágono.

“Bajo el gobierno actual”, dijo, “la remilitarización se ha acelerado con el patrocinio y la colaboración de Estados Unidos y la ignominiosa creación de dos bases, una en las orillas del Canal y la otra en la provincia de Darién. Nos encontramos, por lo tanto, en la cuarta remilitarización de la Fuerza Pública, con las desastrosas consecuencias que la historia nos ha demostrado”, concluyó el abogado.

El reciente acuerdo ACP

El acuerdo ACP con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE), finalizado el 18 de noviembre del año pasado, indica que el objetivo es "lograr un sistema optimizado de gestión del agua, centrado en el suministro de este recurso a la población y a los cursos de agua".

Para justificar este acto contractual, se destaca que la entidad norteamericana ofrece asistencia técnica en más de 100 países en todo el mundo, así como el mantenimiento de más de 700 represas, 24 kilómetros de diques, 21 kilómetros de puertos y canales, y 240 esclusas en los Estados Unidos.

Pero anteriormente, en 2019, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE) y el Condado de Aquino (ACP) ya habían firmado un acuerdo de cooperación y asistencia técnica para el desarrollo de servicios de ingeniería, sostenibilidad ambiental, operación, reducción de daños por desastres y análisis de riesgos de gestión integrada de recursos.

Pero nadie señaló entonces lo que significa dar paso rápido a una fuerza militar extranjera en una vía fluvial regida por principios de neutralidad permanente.

Nuevas justificaciones

En diciembre de 2021, el administrador de la ACP, Ricaurte Vázquez, justificó ese contrato de servicios de consultoría para proyectos hídricos.

Entrevistado en el programa de televisión Mesa de Periodistas, del canal TVN, el funcionario explicó que entiende la sensibilidad que suscita el tema, pero que se trata simplemente de un servicio de asesoría técnica para el uso del agua potable, vital para el funcionamiento de la carretera interoceánica y para el consumo público.

Vázquez señaló que el proceso de licitación para este servicio solo permite la presentación de modelos conceptuales, que otras empresas rechazaron porque consideraron ambigua la información proporcionada.

De ahí la decisión de optar por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE), también debido a su experiencia y trayectoria en la construcción del ferrocarril y los programas de modernización para la transferencia de su administración en 1999, agregó.

Un comunicado de la ACP, al que tuvo acceso Prensa Latina, indica que el programa brindará una solución para el suministro de agua cruda a más de la mitad de la población del país, concentrada en las provincias de Panamá, Colón y Panamá Occidental, así como para la operación del Canal.

La estrategia consiste en lograr una solución integral para abastecer de agua potable a las poblaciones que rodean la cuenca del canal (el 50% de los habitantes del país) y disponer de los recursos hídricos necesarios para garantizar la fiabilidad del trazado y las operaciones durante los próximos 50 años.

Según Vázquez, la experiencia del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE) en la reconstrucción de diques en Nueva Orleans, especialmente en la nivelación del terreno, durante el huracán Katrina en 2005, comenzó a ser tomada en consideración.

El servicio de consultoría se desarrollará en laboratorios de Estados Unidos, aclaró, y contará con información limitada. Además, reiteró que esto no implica la presencia física del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU. para hacerse cargo del trabajo en el futuro.

Sobre este tema en particular, los analistas insistieron en que es ingenuo pensar que el intervencionismo imperial cesó con la firma del Tratado del Canal de Panamá en 1977 y el Tratado sobre la Neutralidad Permanente y el Funcionamiento del Canal de Panamá, conocidos como los Tratados Torrijos-Carter.

La injerencia estadounidense en los asuntos internos del país del Istmo continúa, recalcaron.

“¡Así de simple!”, afirmó Saldaña en su más reciente artículo, El militarismo en Panamá, publicado en Bayano Digital.