Rubio califica al cartel de la droga como organización terrorista y señala a Maduro como su líder.
La acusación intensifica la hostilidad de Estados Unidos y reaviva el debate sobre el uso político del narcotráfico para justificar la presión sobre Venezuela.
247 - Marco Rubio, secretario de Estado durante la administración del presidente Donald Trump, declaró en su cuenta oficial de Twitter (anteriormente conocida como X) que Estados Unidos tiene la intención de designar al llamado Cártel de los Soles como una "Organización Terrorista Extranjera" (OTE). La información fue publicada por el propio Rubio en una entrada oficial en la plataforma.
Según el texto, el grupo está "liderado por el ilegítimo Nicolás Maduro", ha "corrompido las instituciones gubernamentales en Venezuela" y es responsable tanto de la "violencia terrorista" como del "narcotráfico hacia Estados Unidos y Europa". Esta es una línea retórica que Washington ha adoptado con frecuencia, pero que los analistas internacionales consideran parte de una ofensiva política destinada a presionar a Caracas.
La estrategia coincide con la escalada militar y la presión geopolítica.
La declaración de Rubio coincide con la expansión de las operaciones militares estadounidenses en el Caribe y la intensificación de la retórica hostil contra Venezuela. Según los expertos, esta coincidencia no es casual: Washington suele utilizar el narcotráfico como justificación para acciones que, en la práctica, sirven a intereses estratégicos, principalmente el control de las vastas reservas petroleras de Venezuela, las mayores del mundo.
En lugar de una política centrada exclusivamente en la lucha contra las drogas, el gobierno de Trump ha estado reviviendo la lógica de la Doctrina Monroe para reafirmar su influencia sobre América Latina. En este contexto, el discurso antidrogas funciona como una herramienta para legitimar intervenciones, sanciones y despliegues militares.
La controversia del "Cártel de los Soles"
La existencia del Cártel de los Soles como estructura organizada es cuestionada por varios expertos independientes. A pesar de ello, el Departamento de Estado insiste en presentarlo como un cártel estructurado «dirigido por Maduro», aunque informes internacionales indican que la mayor parte de las drogas que se consumen en Estados Unidos no transitan por Venezuela, sino a través de rutas bien conocidas en Centroamérica y México.
Los analistas observan que tales acusaciones cumplen una función política: crear un entorno internacional que permita a la Casa Blanca ampliar las sanciones, aislar al gobierno venezolano y mantener la imagen de una amenaza transnacional que justifique medidas extraordinarias.
El petróleo, en el centro de la disputa
Aunque Rubio intenta presentar a Venezuela como un centro neurálgico del narcotráfico mundial, las cifras muestran una realidad distinta. Estudios ampliamente reconocidos indican que Venezuela no es una ruta principal para los envíos de cocaína a Estados Unidos. Por el contrario, el país posee las mayores reservas de petróleo del planeta, un recurso fundamental en la rivalidad geopolítica entre las grandes potencias.
Por lo tanto, los analistas latinoamericanos sostienen que la retórica antidrogas sirve de pretexto para que Estados Unidos recupere influencia sobre un territorio de vital importancia estratégica y energética. Este discurso refuerza la narrativa de la amenaza y crea las condiciones para justificar intervenciones bajo el argumento de la "seguridad nacional".
Caracas denuncia el pretexto intervencionista
Aunque todavía no ha emitido una respuesta directa al último ataque de Rubio, el gobierno venezolano ha sostenido durante años que tales acusaciones forman parte de una campaña de desestabilización destinada a criminalizar a sus dirigentes y allanar el camino para acciones militares o intentos de derrocar al gobierno.
La historia reciente refuerza esta interpretación: desde el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, Washington ha combinado sanciones económicas, presión diplomática, operaciones encubiertas y retórica antidrogas para intentar influir en la política interna venezolana. La declaración de Rubio se considera un paso más en esta estrategia.

