
El gobierno está a la defensiva.
La combinación de errores y pasividad gubernamental agrava el riesgo no sólo de una grave derrota en el Senado y en los gobiernos estaduales, sino también de la propia reelección de Lula.

Profesor de la Fundación Escuela de Sociología y Política y autor de "Liderazgo y Poder"
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El escenario ya está delineado, pero marcado por el estancamiento político, fallas de comunicación y riesgos crecientes para la reelección de Lula ante una contienda polarizada.
La ambición de proyectar liderazgo y poder requiere un alto grado de compromiso con la política internacional.
El gobierno de Lula tiene espacio para crecer: difundiendo programas buenos y poco conocidos, mejorando la comunicación, centrándose especialmente en los datos económicos.
En las encuestas electorales, Lula gana en todos los escenarios. Pero las diferencias no son tranquilizadoras.
Dino y Cappelli fueron la única pareja de leones del gobierno que se enfrentó y aterrorizó a los lobos de Bolsonaro.
Los partidarios del gobierno y la izquierda no pueden, una vez más, ponerse a la defensiva ante la explotación política y electoral de la masacre de Río.
Por primera vez desde el inicio del tercer mandato de Lula, el campo gubernamental está a la ofensiva política.
Por primera vez desde 2013, el campo progresista y la izquierda han logrado retomar victoriosamente las calles.
Una posible amnistía para los golpistas amenaza la democracia y revela la incapacidad de la izquierda para enfrentar la ofensiva de Bolsonaro.
El ascenso de la derecha expone las debilidades de las democracias latinoamericanas y desafía la capacidad de los gobiernos progresistas para reaccionar.
Brasil sigue polarizado. Con el juicio por el golpe, el aumento de aranceles y la proximidad del año electoral, la polarización se profundizará.