
El exorcismo de Bolsonaro
Bolsonaro es sinónimo de muerte, desesperanza, horror, miedo, dolor, tortura, devastación, caos, arrogancia, odio, suicidio y terror.

Mientras Brasil atraviesa su crisis económica y social más grave, el presidente de la República se pasea en su moto acuática, burlándose del sufrimiento de todo un país.
Los planes de golpe de Estado mueren y resucitan con la velocidad de una serie de Netflix de bajo presupuesto.
En la campaña de Bolsonaro crece la desesperación y la posibilidad de su encarcelamiento se hace cada vez más evidente.
Bolsonaro es un síntoma de nuestra pulsión de muerte, y superarlo en la esfera pública implica también superar nuestros traumas internos.
Cuando vemos a alguien como Edson Fachin o Rodrigo Pacheco defendiendo el correcto desarrollo del proceso electoral, resulta casi aterrador.
Lula es libre, libre de decir lo que realmente piensa, sin preocuparse por las necias consecuencias de un sector cobarde e hipócrita de la sociedad brasileña.
El prestigio internacional del expresidente Lula no deja lugar a dudas: se ha erigido como un nuevo gran líder internacional.
Quienes respetan la democracia se oponen a la cancelación. Pero en el caso de Bolsonaro, si no se le cancela, entonces se cancelará a Brasil, afirma Gustavo Conde.
La serie de intentos de golpe de Estado y amenazas que Bolsonaro desatará contra el país en los próximos meses no tendrá precedentes. La sociedad subestima el terror que se avecina.
Los tiempos siguen siendo difíciles, pero para aquellos con sentido del humor, el escenario de una venganza poética involuntaria florece en el horizonte.
¡Enhorabuena, PT! No te rindes, no te cansas, no te escondes. Representas con valentía al pueblo sufriente de este país, nuestro mayor tesoro.