
El ratón rugiente
Bolsonaro fracasó. Con todo el dinero que, sobre todo, la agroindustria invirtió en las manifestaciones de Brasilia y São Paulo, logró movilizar a mucha gente, pero mucho menos de la que necesitaba y deseaba.

El hecho es que la impopularidad de Bolsonaro y Guedes dificulta la aprobación de medidas deseadas por los neoliberales que apuestan a la caída de ambos.
No es casualidad que los sectores económicos que más se beneficiaron con las políticas y reformas del gobierno de Bolsonaro estén detrás de las amenazas a la democracia.
Durante los tres primeros cuartos del siglo XIX, el capitalismo prosperó a costa de la sangre de hombres, mujeres y niños que trabajaban hasta el agotamiento en jornadas laborales abusivas, sin derechos laborales.
A Bolsonaro le queda repetir, como un muñeco de ventrílocuo, sus absurdos para distraer a la opinión pública cada vez que el Congreso Nacional discute o vota alguna medida impopular a instancias de los neoliberales, o para desatar su ametralladora verbal en un lamentable espasmo para intentar movilizar a sus partidarios.
Desde 2016, ha habido tiempo suficiente para que esta izquierda entienda que la extrema derecha y los neoliberales no necesitan razones para atacar a la democracia y a los trabajadores brasileños porque ellos mismos crean esas razones.
El escenario que se desarrolla hasta ahora apunta a una victoria de Lula en la primera vuelta y al retorno de un proyecto nacional que protege los intereses de los trabajadores brasileños.
Lo que hemos visto y oído en las recientes declaraciones de militares, tanto dentro como fuera del gobierno, es preocupante. Un gobierno nacional-popular necesita definir un nuevo papel para las Fuerzas Armadas brasileñas.
Los trabajadores están cada vez más impacientes. La oposición ocupa las calles. En respuesta, Bolsonaro y el partido militar intensifican las amenazas a la democracia y buscan movilizar a sus partidarios.
Producir una narrativa sesgada, manipulada y falaz es parte de las políticas y acciones de todos los gobiernos de tendencia fascista, pero la historia es indomable, no manipulable.
La oposición a Jair Bolsonaro reunió a más de 400 personas en todo Brasil en manifestaciones en defensa de la vida, apoyo a las vacunas y pedido de la destitución del presidente.
Tres días después de su testimonio ante la Comisión Parlamentaria de Investigación del Genocidio, Pazuello acompañó a Bolsonaro a una concentración de motocicletas en Río de Janeiro. Según informes, esta concentración contó con la participación de milicianos en su organización y seguridad.