1955–2025: Bandung, la desigualdad y el nuevo G20 en Johannesburgo
El Sur Global se enfrenta a su encrucijada más crucial desde la descolonización.
El espíritu de Bandung: La primera rebelión del sur
En abril de 1955, en la ciudad indonesia de Bandung, 29 países asiáticos y africanos recién independizados decidieron que no seguirían aceptando un orden mundial definido por quienes los habían colonizado, saqueado y sometido a siglos de violencia. Liderados por Nehru, Nasser, Sukarno, Zhou Enlai y Tito, estos países se atrevieron a formular una agenda internacional autónoma, basada en los principios de soberanía, no injerencia y cooperación entre los pueblos.
Este movimiento dio origen al Movimiento de Países No Alineados y al G77, que durante décadas fue la mayor expresión diplomática de la lucha por un multilateralismo genuino.
La persistencia de las estructuras de dominación
El mundo de 2025 confirma que el colonialismo formal ha terminado, pero la lógica colonial no. Los conflictos fabricados, las guerras prolongadas, las sanciones unilaterales, la confiscación de bienes soberanos y las intervenciones militares siguen siendo instrumentos de dominación.
La retórica estadounidense de un “orden internacional basado en normas” persiste solo cuando conviene a los intereses de Washington. Cuando no conviene, las normas se desvanecen, sustituidas por la violencia, la presión diplomática y la manipulación de las organizaciones multilaterales.
China e India: El nuevo eje del poder mundial
La desaparición de la URSS y el ascenso simultáneo de China e India constituyen la mayor transformación geopolítica desde la Segunda Guerra Mundial. Ambas han dejado de ser potencias emergentes para convertirse en polos de poder. China está tejiendo redes de infraestructura capaces de moldear el siglo XXI; India está afirmando su autonomía estratégica con creciente vigor diplomático.
Estas dos naciones, que en 1955 buscaron reconocimiento y desarrollo, son hoy los pilares de una nueva arquitectura internacional. Su papel protagónico dentro de los BRICS altera el equilibrio global y exige que otros países del Sur —incluido Brasil— adopten una postura firme.
La sombra de Trump sobre el Sur Global
Ningún país ejerce hoy una influencia tan corrosiva en la gobernanza internacional como Estados Unidos bajo el mandato de Donald Trump. El regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025 ha reavivado prácticas que recuerdan a los peores momentos de la Guerra Fría, ahora exacerbadas por un absoluto desprecio por las normas diplomáticas.
Trump reanuda sus ataques contra Sudáfrica, una conducta que ya mostró durante su primer mandato, cuando se refirió abiertamente a países africanos de manera racista. En 2025, tras una reunión con el presidente Zelensky en la Casa Blanca, Trump intentó humillar a Cyril Ramaphosa en el Despacho Oval, insinuando que Sudáfrica era un país "inestable, corrupto y racista contra los descendientes de ingleses".
Además de ser ofensiva, la declaración es una grotesca mentira histórica: los afrikáneres no descienden de los ingleses, sino de colonizadores holandeses, franceses y alemanes que apoyaron el régimen del apartheid durante décadas. Trump distorsiona deliberadamente esta realidad para inflamar a los sectores supremacistas en Estados Unidos y debilitar a los líderes africanos que se niegan a alinearse con Washington.
La hostilidad no se limita a África. Tras fracasar en su intento de cooptar a gobiernos latinoamericanos progresistas, Trump ha vuelto a amenazar con intervenciones, como la reciente presión militar sobre Venezuela, e insinuado acciones contra Brasil, en consonancia con la retórica irresponsable de los hijos del expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de prisión por intento de golpe de Estado. En la práctica, Trump considera a Latinoamérica como su patio trasero geopolítico, una visión anacrónica que contradice toda la lógica multipolar del siglo XXI.
Sus políticas profundizan la desigualdad global, exacerban los conflictos y generan mayor inestabilidad en el mundo. Trump es la antítesis de Bandung: unilateralista, agresivo, negacionista y empeñado en resucitar un orden imperial que ya no existe.
Sudáfrica y el punto de inflexión
Nada de esto ocurre por casualidad. La cumbre del G20 en Johannesburgo, que tendrá lugar los días 22 y 23 de noviembre, será un escenario donde Trump intentará medir su fuerza frente a países que no reconocen su autoridad moral. Cyril Ramaphosa, un líder experimentado, empresario de éxito y heredero político de Mandela, ha resistido la presión y sigue centrado en la verdadera agenda del continente: desigualdad, clima, tecnología y soberanía.
Esta será la primera vez en la historia que Sudáfrica sea sede de la reunión y la segunda vez que el continente africano sea sede de una cumbre del G20 (la primera fue en 2023 en India, con una amplia participación africana, pero no fue organizada por África).
Sudáfrica, el país más desigual del planeta según el Banco Mundial, decidió convertir la lucha contra la desigualdad en el tema central de la cumbre. Y encontró un apoyo inesperado: cientos de economistas de renombre mundial, entre ellos Joseph Stiglitz y Janet Yellen, enviaron una carta solicitando la creación de un Panel Internacional sobre la Desigualdad, inspirado en el IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático).
El mundo se enfrenta a surgimiento de la desigualdad tan grave como la emergencia climática.
El informe realizado por Stiglitz revela cifras devastadoras:
- Entre 2000 y 2024, el 1% más rico acaparó el 41% de toda la nueva riqueza mundial.,
- 2,3 millones de personas se enfrentan a la inseguridad alimentaria.
- La desigualdad extrema amenaza a la propia democracia.
Y es profundamente simbólico que sea precisamente África —el epicentro de la brutal desigualdad heredada del colonialismo— la que lidere el debate mundial sobre el tema.
Brasil, la COP-30 y la Nueva Arquitectura del Desarrollo
Mientras tanto, Brasil vive un momento excepcional de prominencia internacional: preside el BRICS, organiza la COP-30 en Belém, lidera los debates sobre reformas en las Naciones Unidas (ONU) y actúa como puente entre las distintas regiones del Sur Global. Lula ha asumido un papel que el mundo parecía haber perdido: el de articulador de civilizaciones.
La COP-30 será el contrapunto moral a las políticas depredadoras de Trump: clima, bosques, pueblos indígenas y justicia ambiental frente al negacionismo, el petróleo y la militarización. Brasil es hoy la antítesis de la agenda trumpista: construye alianzas multirregionales, fortalece el multilateralismo y devuelve el protagonismo a la lucha contra el hambre y la pobreza.
De Bandung a Johannesburgo: La historia se reabre
El mundo, que parecía huérfano de liderazgo, redescubre ahora figuras capaces de marcar el rumbo histórico: Xi Jinping, Narendra Modi, Luiz Inácio Lula da Silva, Cyril Ramaphosa. Cada uno, a su manera, encarna un polo de estabilidad y visión, algo que Occidente, sumido en crisis internas, ya no puede ofrecer.
Bandung fue el primer suspiro de esta insubordinación creativa. Johannesburgo podría ser su renacimiento: más fuerte, más amplia, más consciente de la urgencia civilizatoria que enfrentamos.
El clamor de 1955 fue por la soberanía. El clamor de 2025 es por la soberanía con igualdad y dignidad.
Si el siglo XXI cuenta con líderes a la altura de sus desafíos, será un siglo de multipolaridad responsable. Si Trump y sus imitadores se imponen, solo será una repetición —más violenta y más desigual— de los peores momentos del siglo XX.
El destino del Sur ahora está en sus propias manos.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.



