concertación brasileña
“No habrá salida que no implique una renegociación de la política. Se necesita madurez y responsabilidad histórica por parte del ámbito democrático-popular en el esfuerzo por reorganizar el centro, colocando la socialdemocracia como principio rector, indicando a la sociedad los compromisos del nuevo gobierno con un Estado soberano que promueva el desarrollo económico con justicia social”, afirma el columnista Daniel Samam.
Comienzo este artículo afirmando que no podemos ni siquiera imaginar una derrota de la democracia a manos de Bolsonaro. Lucharemos y elegiremos a Fernando Haddad presidente de la república el 28 de octubre.
Sin embargo, el desafío postelectoral requerirá grandeza y generosidad para convocar a todos los sectores comprometidos con la democracia a fin de relegar el fascismo al fango e iniciar la labor de reconstrucción institucional del Estado brasileño, imponiendo límites al Poder Judicial, al Ministerio Público y a la Policía Federal; límites que, cabe aclarar, están bien definidos por la Constitución de 1988, orientada al ciudadano.
Desde finales de 2014, Brasil vive bajo un nuevo régimen: un estado de excepción con abusos, detenciones ilegales (tanto de la izquierda como de la derecha), censura y persecución política por parte de jueces, fiscales y policías; por no mencionar el desmantelamiento de la Constitución por el Congreso Nacional y especialmente por el Supremo Tribunal Federal, además de que los medios de comunicación restaron importancia a una creciente ola de odio en la sociedad, que culminó en innumerables casos de violencia, prejuicios e intolerancia durante la primera vuelta de las elecciones, amplificados por las redes sociales, especialmente WhatsApp.
En resumen, el genio del fascismo ha salido de la botella. La pregunta es: ¿cómo lo volvemos a meter?
No habrá salida que no implique una renegociación de la política. Se requiere madurez y responsabilidad histórica por parte del sector democrático-popular en el esfuerzo por reorganizar el centro, estableciendo la socialdemocracia como principio rector, e indicando a la sociedad el compromiso del nuevo gobierno con un Estado soberano que promueva el desarrollo económico con justicia social, la creación de empleo e ingresos, y la lucha contra la violencia y las desigualdades históricas de nuestro país.
Esta renegociación también será exigida por sectores de la burguesía nacional, los pequeños y microempresarios, la industria, así como por los juristas del Poder Judicial y, sobre todo, por los medios de comunicación.
Un gobierno de consenso nacional podría ser la piedra angular para reanudar la construcción de un Brasil civilizado, institucional, soberano y democrático.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
