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Sara York

Sara Wagner York (también conocida como Sara Wagner Pimenta Gonçalves Júnior) es licenciada en Periodismo, doctora en Educación y licenciada en Literatura (Inglés, Pedagogía y Literatura Vernácula). Se especializa en Educación, Género y Sexualidad y es autora del primer artículo académico sobre cuotas para personas trans en Brasil, desarrollado durante su maestría. Padre y abuela, es reconocida como la primera mujer trans en presentar periodismo brasileño en TV 247.

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La era del tecnofeudalismo: cuando los corpúsculos de poder digital moldean cuerpos abyectos

Si por un lado la tecnología ofrece nuevas formas de interacción y posibilidades de conexión, por otro impone formas nuevas, más sutiles, de servidumbre.

La era del tecnofeudalismo: cuando los corpúsculos de poder digital moldean cuerpos abyectos (Foto: Disclosure)

En su libro "Tecnofeudalismo" (2024), aún no traducido al portugués brasileño, el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis ofrece una crítica mordaz del modelo económico dominado por los gigantes tecnológicos. Argumenta que empresas como Apple y Meta tratan a sus usuarios como siervos modernos, explotando su trabajo gratuito y transformándolos en elementos subordinados de un sistema que, si bien posee características del feudalismo medieval, se disfraza de capitalismo digital. A continuación, busca reflexionar sobre su lectura a través de una reflexión sociológica sobre cómo esta nueva estructura de poder abyecta transforma los cuerpos en mercancías, sometiéndolos a una servidumbre digital invisible.

El cuerpo en el mundo digital: de la objeción a la obediencia

Varoufakis argumenta que los usuarios de las plataformas digitales se encuentran hoy en día en una situación paradójica: disfrutan de las comodidades y la conectividad que ofrecen, pero al mismo tiempo se ven despojados de su autonomía. El cuerpo, como entidad física, suele quedar marginado de la dinámica económica que rige el universo digital. Al interactuar en redes sociales como Facebook o Twitter (ahora X), las personas no participan simplemente en una actividad placentera o informativa; de hecho, realizan trabajo no remunerado que contribuye a la acumulación de capital en manos de unos pocos.

«Cada publicación, cada clic, cada vídeo compartido es una contribución invisible al capital digital», explica Varoufakis. Esta dinámica crea lo que yo llamo «cuerpos abyectos», individuos cuyos esfuerzos no se reconocen como trabajo, pero que, al ser extraídos para generar valor, se convierten esencialmente en productores de riqueza para los magnates tecnológicos.

Pero el término "abyecto" no se refiere solo a la falta de reconocimiento económico. También se relaciona con la posición subyugada que ocupan los individuos dentro de la estructura digital. Los usuarios de plataformas como Meta, Google y Amazon están sujetos al control de algoritmos que moldean sus interacciones, deseos e incluso su percepción de la realidad. Estos "cuerpos abyectos" se convierten en peones de un juego mayor, uno que no tienen poder para cambiar, ya que el valor de su "trabajo" digital nunca se les devuelve de forma justa ni equitativa.

La lucha contra la invisibilidad: trabajadores digitales y vasallos

En el centro del análisis sociológico de Varoufakis se encuentra la idea de que la relación entre las corporaciones tecnológicas y los usuarios es fundamentalmente feudal. Las plataformas, como verdaderos señores de feudos digitales, extraen "rentas" del trabajo no remunerado de los usuarios. El uso del término "renta" es crucial, ya que evoca la economía feudal, donde los vasallos se veían obligados a ceder parte de su producción al señor a cambio de protección y la posibilidad de sobrevivir.

En un contexto digital, esta "renta" se manifiesta a través de la "renta de datos". Con cada información que genera un usuario —ya sea un clic, un comentario o una publicación— contribuye al fortalecimiento del imperio digital. Sin embargo, a diferencia del vasallo medieval, que al menos tenía derecho a conservar sus tierras y su producción, el usuario digital ni siquiera posee su propia información. Su cuerpo, sus ideas y sus interacciones se utilizan para aumentar el valor de la plataforma sin una compensación justa.

Al hablar de las condiciones de los trabajadores en las empresas tecnológicas, Varoufakis también introduce la figura del «proletariado digital». Estos trabajadores, especialmente los que trabajan en almacenes de Amazon o en plataformas de reparto, están sometidos a una vigilancia algorítmica implacable, monitorizados y evaluados constantemente. No se trata solo de un control físico, sino de un control algorítmico que deshumaniza a los trabajadores y los convierte en un engranaje más de un sistema aparentemente infranqueable.

El cuerpo abyecto de la «cultura del odio»: el combustible del capitalismo de datos

Otra cuestión central planteada por Varoufakis es cómo el capitalismo de datos ha moldeado la sociedad y sus interacciones. La sociedad digital no es solo un lugar de trabajo y producción, sino también un espacio donde se anima a los usuarios a consumir, interactuar y, sobre todo, a sentir. «La ira es el combustible del capitalismo digital», afirma el economista, refiriéndose a que los algoritmos de las redes sociales favorecen las interacciones que generan mayor engagement, es decir, reacciones emocionales intensas.

Este fenómeno no solo revaloriza el cuerpo digital, sino que también corrompe el tejido social. Opiniones polarizadas, debates acalorados y disputas constantes se convierten en la moneda de cambio de las plataformas, mientras que las personas son manipuladas para consumir y producir aún más.

Esta dinámica tiene un impacto directo en la salud mental y emocional de las personas, creando un ambiente de desconfianza y ansiedad que permea las relaciones sociales. Varoufakis critica duramente el impacto de las redes sociales en las generaciones más jóvenes, afirmando que, si bien a los jóvenes les cuesta mantener conversaciones cara a cara, sus interacciones digitales a menudo se convierten en una "cultura del odio", donde la ira alimenta el círculo vicioso del consumo y la desinformación.

¿Habría Autonomía Digital?

Varoufakis no duda en señalar posibles alternativas a esta estructura opresiva. Para él, una solución sería la creación de un "impuesto a la nube", mediante el cual grandes plataformas digitales, como Amazon y Google, pagarían un impuesto por cada transacción realizada en sus plataformas. Además, aboga por la creación de una "identidad digital estatal", donde las personas tendrían control sobre sus propios datos, algo que actualmente está en manos de las empresas tecnológicas. Algo como el dispositivo Orb, con cámaras de alta resolución que recopila datos del iris de las personas. ¿Recuerdan algo reciente?

Pues bien, esta propuesta pretende devolverle la autonomía al cuerpo digital, otorgándole el derecho a ser propietario de la información que genera, en lugar de ser tratado como un “cuerpo abyecto” a merced de los algoritmos y el capital digital.

Reconociendo el cuerpo en el mundo digital

El concepto de "tecnofeudalismo" de Varoufakis es más que una simple metáfora del funcionamiento de las grandes corporaciones digitales. Refleja una profunda transformación socioeconómica en la que el cuerpo digital, que alimenta constantemente el sistema de datos, se convierte en un elemento de subordinación y explotación. El gran reto, entonces, es recuperar la autonomía de estos cuerpos, restaurando su capacidad de resistir la explotación y recuperar el control de su propia existencia en el mundo digital.

Si bien la tecnología ofrece nuevas formas de interacción y posibilidades de conexión, también impone nuevas formas de servidumbre, más sutiles pero igualmente opresivas. El futuro del trabajo y las relaciones sociales está profundamente ligado a cómo decidamos responder a este nuevo paradigma de poder.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.