La ilusión del progreso con la expansión de las redes comerciales y franquicias en las ciudades medianas.
"Este es un proceso que reproduce desigualdades a nivel local/regional", explica Roberto Moraes.
Es interesante y, al mismo tiempo, lamentable, esta idea colonizada -e incluso provinciana- de celebrar la apertura de tiendas de cadena o franquicia en ciudades medianas como un signo de prosperidad.
Sí, el hecho identifica la existencia de capital local y el interés en captarlo. Sin embargo, ¿qué se gana con esto? El resultado es el desvío de una parte de los ingresos del comercio local a otros centros que concentran las sedes de estas redes.
Hoy en día, el comercio local ya es una minoría significativa en la mayoría de las ciudades medianas, incluso en el llamado circuito bajo de la economía, donde se concentran las personas con bajos ingresos. La mayoría son ahora cadenas de tiendas y/o franquicias. Y esto ya ocurre en diferentes sectores del comercio (farmacias, ropa, artículos para el hogar, etc.) e incluso en el sector servicios, entre las alternativas que ofrecen las plataformas y aplicaciones digitales.
Estas franquicias y cadenas de tiendas, incluso con propietarios locales, comparten sus ingresos comerciales con la clase alta. Esto se denomina ingreso de marca, que es un ingreso derivado, ingreso de la llamada "propiedad intelectual" (PII), y es cada vez más significativo en comparación con los ingresos derivados de la producción.
Los Derechos de Propiedad Intelectual (DPI) constituyen el "cercamiento" de la producción mediante marcos legales complejos que encierran el conocimiento como propiedad y sirven para captar rentas de diversos sectores y lugares. El marketing, que constituye otro ingreso derivado —ya que no genera riqueza—, ayuda a transferir este valor de la producción a los propietarios de estas marcas.
Las élites económicas locales se enfrentan a los medios corporativos en estas regiones para crear esta falsa noción de prosperidad que es insostenible para la comunidad en su conjunto, donde las desigualdades se amplían con la precariedad del trabajo y la marginación de los excluidos (excedentes), y la población de bajos ingresos se vuelve cada vez más significativa.
En esencia, se trata de un proceso que reproduce esta lógica y sus desigualdades a nivel local/regional, no siendo muy diferente de la renta extractiva que se da en el comercio electrónico, que poco a poco va devorando sectores del comercio y los servicios en estas ciudades medianas.
Este texto pretende llamar la atención sobre la importancia de identificar estos movimientos, que incluyen burguesías locales/regionales que operan dentro de la ideología de la “ficción meritocrática”.
Con la reducción de los espacios de intermediación que antes realizaba el comercio local, y que están siendo capturados por redes y franquicias, esta élite se ha desplazado en gran medida hacia la búsqueda de rentas inmobiliarias y financieras.
Las rentas de terrenos en las afueras de estos municipios se han transformado en negocios de desarrollo inmobiliario, con la apreciación y capitalización de condominios horizontales y verticales. Diversos estudios indican que antiguos y grandes comerciantes locales de estos municipios medianos son ahora propietarios y rentistas, con alquileres o ventas relacionados con la renta de terrenos y la apreciación inmobiliaria. Otros se han convertido en inversores en activos financieros, incluyendo criptomonedas, o en esquemas de especulación financiera rentista. No es sorprendente que algunos hayan sido víctimas de esquemas Ponzi.
El porcentaje de franquicia o las ganancias provenientes de la intermediación de cadenas de tiendas minoristas (muchas de ellas controladas como activos por fondos financieros) se destinan a las sedes corporativas de las cadenas. La parte de los ingresos que permanece en el municipio consiste en los salarios de los empleados de la tienda local, los impuestos (que en muchos casos se subsidian con incentivos y tasas reducidas) y la participación del franquiciado.
Procesos de captura de rentas regionales en los que las ciudades medianas, como polos, sirven de base para extraer rentas del comercio (intermediación) que antes quedaban mayoritariamente dentro de la región, con la burguesía mercantil local.
Hoy en día, una parte de esta burguesía se ha transformado en rentistas financieros o inmobiliarios, y otra parte en franquiciados, condición en la que entregan parte de los ingresos obtenidos al franquiciador, propietario de la marca.
Por tanto, es posible afirmar que estos movimientos se enmarcan en la interpretación de que forman parte del trípode del capitalismo contemporáneo, cuyos tres vértices son: reestructuración productiva – digitalización/financiarización/neoliberalismo.
Este sistema tiene una fuerte tendencia, pero vale la pena contrarrestarla apoyando a empresas y marcas locales o iniciativas cooperativas de producción y servicios (escuelas de idiomas, clínicas, etc.), proveedores de crédito o plataformas digitales, mientras aún sean viables.
Las acciones contrahegemónicas, como las cooperativas financieras, de productos, servicios o plataformas, son deseables y deberían fomentarse, pero son procesos que aún requieren aprendizaje en el ámbito del “bien común”.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
