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Columnista del diario 247, Emir Sader es uno de los principales sociólogos y politólogos brasileños.

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El proceso de judicialización ha llegado a Colombia.

Al comentar las últimas elecciones en Colombia, el sociólogo Emir Sader señala que «la derecha, siempre liderada por Álvaro Uribe, lanzó su candidato» contra el candidato de izquierda Gustavo Petro (en la foto), senador y principal líder de la oposición; «Ahora la Corte Constitucional intenta destituirlo, mostrando cómo la judicialización de la política se convierte, también en Colombia, en el instrumento político y jurídico fundamental de la derecha», afirma. El académico lamenta la ofensiva «de la guerra híbrida del imperialismo» en América Latina con «arbitrariedad por parte de los jueces y una sórdida campaña mediática».

El proceso de judicialización ha llegado a Colombia.

Existe un nuevo rol para los sistemas judiciales latinoamericanos. De garantizar el Estado de derecho, se han convertido en agentes de expropiación de la soberanía popular mediante procesos de judicialización de la política. Trabajando en conjunto con los medios de comunicación para destruir la reputación pública de los líderes de izquierda, prestan un servicio invaluable a la derecha latinoamericana, que no supo cómo responder a los éxitos de los gobiernos populares y sus políticas sociales.

Incapaz de comparar el gobierno de Lula con el de Temer, recurrió a acusar a Lula sin pruebas, condenarlo con base en convicciones, encarcelarlo sin presunción de inocencia, sacarlo sin el debido proceso de la carrera electoral en la que era el favorito para regresar como presidente de Brasil en la primera vuelta y cambiar radicalmente el destino político del país.

Incapaz de comparar el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner con el de Mauricio Macri, la derecha intenta borrar de la memoria de los argentinos todo el progreso que el país ha logrado en este siglo, acumulando en cambio acusaciones en su contra, con demandas de todo tipo, incluyendo las relativas a las directrices de su gobierno. Incapaz de comparar el gobierno de Rafael Correa con el de Lenín Moreno, busca desacreditar la imagen del presidente más importante que ha tenido Ecuador con acusaciones absurdas e infundadas y su condena.

La estrategia esencial de la derecha latinoamericana, que ha fracasado estrepitosamente con su insistencia en políticas neoliberales contra los gobiernos más exitosos de nuestra historia —de líderes como Lula, Cristina, Rafael Correa, entre otros—, es desacreditar la imagen de estos líderes. Incapaces de ganar unas elecciones limpias, transparentes y democráticas, deben comparar propuestas y, aún más importante, comparar gobiernos concretos. Algunos gobiernos llevaron a estos países a reanudar el crecimiento económico, con inclusión social y prestigio global. Otros provocaron recesión y desempleo, deteriorando la imagen de estos países a nivel mundial.

Basta con que surja un líder que se oponga a la ideología neoliberal para que la derecha despliegue su nueva estrategia: la guerra híbrida, para instaurar regímenes de excepción que limiten y distorsionen la expresión de la voluntad democrática popular. Así nacieron gobiernos como los de Temer y ahora Bolsonaro, Macri y Lenín Moreno: expresiones de guerra híbrida, que es lo que el imperialismo y la derecha latinoamericana ofrecen.

En Colombia, tras largas y arduas negociaciones de paz, se celebraron nuevas elecciones presidenciales. La derecha, siempre liderada por Álvaro Uribe, presentó a su candidato, quien había coordinado la campaña de la derecha contra los acuerdos de paz. Era el favorito, liderando en la primera vuelta, pero tuvo que enfrentarse a un candidato de izquierda, Gustavo Petro, quien por primera vez contaba con un candidato en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales colombianas.

Petro había sido la figura perfecta en Bogotá. Había enfrentado procesos judiciales relacionados con prácticas de gestión gubernamental, que fueron suspendidos mediante medidas cautelares, lo que le permitió conservar su escaño en el Senado y ser el principal líder de la oposición. Ahora, la Corte Constitucional intenta destituirlo, demostrando cómo la judicialización de la política se está convirtiendo, también en Colombia, en el instrumento político y jurídico fundamental de la derecha. Además de las acusaciones falsas y absurdas contra Petro, también debe enfrentarse al monopolio mediático, totalmente unido en su contra.

Petro reaccionó de inmediato: "Quieren eliminar de la vida política legal de Colombia al candidato que obtuvo 8 millones de votos y casi llegó a la presidencia". Esto supone un cambio respecto a la doctrina tradicional de esta Corte, con un objetivo claramente político, adhiriéndose al "lawfare", el uso de las leyes como instrumento de guerra política. El objetivo, dice Petro, no es solo expulsarlo del Senado, sino también impedir que vuelva a postularse a la presidencia.

Petro se encuentra así incorporado, incluso antes de ser elegido presidente de Colombia, a la lista de líderes democráticos latinoamericanos, como Lula, Cristina y Rafael Correa, que son criminalizados y a quienes se intenta excluir de la vida política no mediante contiendas electorales democráticas, sino mediante la judicialización de la política, la criminalización de sus posiciones políticas y sus gobiernos, y condenas sin pruebas en procesos manipulados legal y políticamente. En el caso de Petro, se trata de una persecución preventiva, dado que será el candidato favorito para las próximas elecciones presidenciales en Colombia.

Esta es la realidad más impactante de América Latina hoy. Una ofensiva estratégica en la guerra híbrida del imperialismo, emprendida por la derecha de cada país, apoyada por la arbitrariedad de los jueces y la sórdida campaña mediática. Es una lucha desigual pero fundamental por la democracia en el continente, que determinará su futuro.

Medios sórdidos.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.