El liderazgo de Evo Morales
Si la fuerza popular que representa Evo sabe reorganizarse, el retorno de la izquierda a la conducción del Estado Plurinacional de Bolivia no parece lejano.
El pueblo boliviano acudió a las urnas este domingo para elegir a su nuevo presidente. La segunda vuelta se libró entre Rodrigo Paz y Tuto Quiroga. El primero, político centrista, es hijo del expresidente Paz Zamora, quien gobernó Bolivia por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Tuto Quiroga, exvicepresidente que asumió el cargo tras la renuncia de Hugo Banzer, representa a la derecha proestadounidense.
Con más del 54% de los votos, Rodrigo Paz salió victorioso, poniendo fin a un ciclo de dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por Evo Morales hasta la ruptura con el actual presidente Luis Arce, elegido en 2020 con el apoyo del propio Evo, poco después del golpe de Estado de 2019.
Sin embargo, las cifras y la distribución territorial de los votos revelan un hecho importante: el liderazgo político de Evo Morales se mantiene vivo y profundamente arraigado en amplias regiones del país, especialmente entre los pueblos indígenas del Altiplano. Desde el departamento de Potosí hasta Pando, pasando por La Paz, Cochabamba, Oruro y Chuquisaca, la influencia política del expresidente permanece indiscutible.
Uno de los elementos más reveladores de las elecciones fue el comportamiento de los votos nulos. En la primera vuelta, tras el rechazo de su candidatura por parte del Tribunal Electoral y la fragmentación de la izquierda en dos candidaturas, Evo instó a sus partidarios a votar nulos. El resultado fue impresionante: 20% de votos nulos, ligeramente inferior al 26% de Tuto Quiroga en la misma vuelta. En la segunda vuelta, sin que continuara la campaña de votos nulos, esta cifra se desplomó al 4%, lo que sugiere un cambio de rumbo en la base de Evo.
Este comportamiento, combinado con la distribución regional del voto -que le dio a Rodrigo Paz victorias en prácticamente todos los departamentos, excepto en los de la llamada "media luna" (Santa Cruz, Tarija y Beni), regiones históricamente más "blancas" y alineadas a la derecha- permite concluir que Evo Morales pudo haber orientado a su base social a apoyar a Paz, como una forma de contener el avance del extremismo conservador representado por Quiroga y el eje norteamericano.
Es evidente que la izquierda boliviana fue derrotada en estas elecciones. Pero es igualmente evidente que la razón principal de esta derrota fue la división interna —política, personal e ideológica— entre Evo Morales, Luís Arce y Andrónico Rodrigues. Aun así, el liderazgo de Evo se mantiene intacto y vibrante, con fuertes conexiones populares y un capital político que lo mantiene como figura esencial en la vida nacional.
El escenario, por lo tanto, apunta a una Bolivia que cierra un ciclo, pero no una historia. Si algo ha aprendido la izquierda de este desenlace, es que la unidad sigue siendo clave. Y si la fuerza popular que representa Evo logra reorganizarse, el regreso de la izquierda al liderazgo del Estado Plurinacional de Bolivia no parece lejano.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.



