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Paola Jochimsen

Paola Jochimsen es candidata a doctorado en Filosofía por la Universidad de Coímbra y tiene una maestría en Romanística por la Universidad Albert-Ludwigs de Friburgo (Alemania). Es miembro del Colectivo Brasil-Alemania por la Democracia.

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La lucha de las mujeres por la abolición de la esclavitud en Ceará

"Incluso antes de la firma de la Ley Áurea en 1888, Ceará ya había decretado el fin de la esclavitud"

Jóvenes negras (Foto: Tânia Rego/ABr)

Ceará siempre ha sido una tierra de resistencia. Desde los primeros días de la colonización, pueblos indígenas como los tremembé, los tapuia y los potiguara se enfrentaron a la ocupación portuguesa, resistiendo la esclavitud, los asentamientos forzados y la pérdida de sus territorios. La población negra, si bien no dejó tras de sí un registro significativo de grandes quilombos como los de otras regiones del país, también participó en diversas formas de resistencia: fugas, boicots, redes de apoyo y actos significativos de insubordinación, especialmente durante sequías y épocas de crisis social. Es en este terreno de confrontación donde se forjó la lucha del pueblo de Ceará.

A lo largo de esta historia, las mujeres han participado activamente en movilizaciones sociales, incluso en contextos donde se les negaba el derecho a la voz pública y al liderazgo político. Bárbara de Alencar, revolucionaria de la Confederación del Ecuador, y Jovita Feitosa, quien intentó romper las barreras del Ejército Imperial. Y cuando se trata de la abolición de la esclavitud, la historia también presenta la presencia activa de las mujeres de Ceará, quienes, a pesar de las restricciones de la época, encontraron maneras de actuar, influir y transformar. Las "dulces hijas de Moema" desafiaron el patriarcado y allanaron el camino para las generaciones posteriores.

Incluso antes de la firma de la Ley Áurea (Ley Áurea) en 1888, Ceará ya había declarado el fin de la esclavitud. El 25 de marzo de 1884 marcó el momento en que la provincia se convirtió en la primera de Brasil en liberar oficialmente a sus esclavos. La fuerza del movimiento abolicionista fue tan intensa que le valió al estado el título de "Tierra de la Luz". Pero este logro no se produjo de la noche a la mañana. Menos de un año antes, el 1 de enero de 1883, la entonces Vila do Acarape (hoy ciudad de Redenção) se convirtió en el primer municipio brasileño en liberar a sus esclavos. Este esfuerzo pionero le valió a la ciudad el apodo de "Rosal de la Libertad", un título que refuerza la importancia de Redenção en la lucha por la abolición. Lo que allí comenzó cobró impulso y, en poco tiempo, se extendió por todo Ceará. La abolición fue el resultado de una movilización social que involucró a diferentes sectores de la sociedad. Y en este proceso, las mujeres fueron decisivas: detrás del escenario, en las calles, en la política y en la resistencia popular.

El movimiento abolicionista en Ceará

Para la segunda mitad del siglo XIX, la economía de Ceará ya no dependía tanto de la esclavitud como en otras partes de Brasil. La ganadería seguía siendo importante, pero el algodón comenzaba a consolidarse como motor económico. Con la Guerra de Secesión estadounidense (1861-1865), la producción de algodón en Ceará cobró impulso y muchos plantadores comenzaron a emplear mano de obra asalariada. Gradualmente, el modelo esclavista se debilitó.

La gran sequía de 1877-1879 aceleró este proceso. El desastre humanitario cobró la vida de miles de personas y obligó a muchos esclavizados a abandonar sus tierras y emigrar a las ciudades, donde buscaron maneras de sobrevivir. Este sombrío panorama fortaleció aún más el movimiento abolicionista. Según registros del periódico O Libertador, el proyecto abolicionista en Ceará comenzó a mediados de 1879 y, al año siguiente, se institucionalizó con la fundación de la Sociedade Cearense Libertadora (Sociedad Libertadora de Ceará) el 8 de diciembre de 1880, reuniendo a intelectuales, activistas y ciudadanos comprometidos con la causa. Pero la abolición en Ceará no se produjo únicamente a través de la política o la palabra escrita. La resistencia popular jugó un papel crucial, y uno de sus mayores símbolos fue Francisco José do Nascimento, conocido como Chico da Matilde o Dragão do Mar. Balsero y líder comunitario, se convirtió en una figura central en la lucha contra la trata de esclavos cuando, en 1881, organizó una acción directa que marcaría la historia del movimiento.

Hasta entonces, los puertos de la provincia habían sido los puntos de embarque de las personas esclavizadas con destino a otras regiones del país. Pero, liderados por Dragão do Mar, los jangadeiros de Fortaleza se negaron a transportar cautivos a los barcos negreros, impidiendo así su envío al sur. Suya fue la frase que ha perdurado a lo largo de los siglos: «Los esclavos ya no embarcan en el puerto de Ceará». Un gesto valiente que desafiaba directamente los intereses de los traficantes y amos. La huelga duró meses y asestó un duro golpe a la economía de la trata de esclavos, pero también afectó profundamente a los propietarios locales, quienes, al no poder vender ni transferir a sus esclavos, se vieron cada vez más imposibilitados de mantenerlos.

Sin transporte marítimo y bajo la creciente presión social, el sistema esclavista comenzó a desmoronarse. Junto a esta resistencia popular se encontraba la Sociedad de Liberación Cearense, compuesta por hombres y mujeres que organizaban fugas, recaudaban fondos para comprar cartas de manumisión y presionaban a las autoridades. En el centro de este movimiento, un grupo cobró relevancia: la Sociedad de Libertadores Cearenses, formada exclusivamente por mujeres.

El lugar de la mujer está en la lucha.

En Fortaleza, la capital provincial, Maria Tomásia Figueira Lima, miembro de la aristocracia cearense, se destacó como una de las principales organizadoras del movimiento que llevó a Ceará a abolir la esclavitud cuatro años antes de la firma de la Lei Áurea (Ley Áurea). Cofundadora y primera presidenta de la Sociedad de Libertadores Cearenses, fundada en 1882, lideró a un grupo de 22 mujeres de familias influyentes que trabajaron directamente por la causa. En su primera reunión, firmaron 12 cartas de manumisión y lograron que los dueños de ingenios azucareros del interior del estado liberaran a otros 72 cautivos. La acción tuvo repercusión y llegó hasta el emperador Pedro II, quien apoyó financieramente la iniciativa. Las mujeres participaron en reuniones públicas, organizaron acciones en municipios del interior y publicaron artículos en la prensa, defendiendo la abolición como un imperativo moral y político.

Entre los intelectuales abolicionistas, Francisca Clotilde Barbosa de Lima, oriunda de Tauá, desempeñó un papel significativo. Profesora y periodista, fue una de las primeras mujeres en escribir para los periódicos de la provincia, incluyendo el abolicionista O Libertador. Sus escritos denunciaban la crueldad de la esclavitud y abogaban tanto por la liberación de los cautivos como por la emancipación femenina. Su escritura era militante: movilizaba, provocaba y desafiaba un sistema que excluía a las mujeres del debate público.

Otra mujer que desempeñó un papel importante en la campaña abolicionista fue Emília de Freitas, escritora, profesora y una de las primeras novelistas de Ceará. En una época en que las mujeres tenían un acceso limitado a la vida pública, Emília se adentró con valentía en la prensa escrita. Trabajó en la prensa, escribiendo textos que abogaban por la liberación de las personas esclavizadas, denunciaban la violencia del sistema esclavista y articulaban la abolición como parte de un proyecto más amplio de justicia social. En sus obras literarias y artículos, Emília también abordó temas relacionados con la emancipación de la mujer, entrelazando ambas luchas. Su producción intelectual y militante fue esencial para movilizar a la opinión pública en Ceará y difundir las ideas abolicionistas entre los lectores de la provincia.

Pero la lucha abolicionista no se limitó a las mujeres blancas de la élite ni a las páginas de los periódicos. También se basó en la resistencia de las mujeres negras, a menudo invisibilizadas en los registros históricos. Ana Souza, Balbina, Felícia, Joana, Jovita, Maria da Canção, Maria da Ponte, Prudência y Vicência son nombres que rara vez se mencionan, pero que se recuerdan como parte de una lucha colectiva, cotidiana y silenciosa. Entre ellas, destaca Preta Tia Simoa, cuya historia nos ha llegado con mayor claridad. Trabajó junto a Francisco José do Nascimento, conocido como Dragão do Mar, y fue clave en el desmantelamiento de la trata de esclavos, acogiendo a fugitivos, organizando rutas de escape y movilizando a las comunidades negras. Sus acciones fueron decisivas para garantizar la protección y la dignidad de quienes se atrevieron a escapar del cautiverio. En 2024, la exposición “Anas, Simôas y Dragões: Luchas negras por la libertad”, realizada en el Museo de Arte Contemporáneo de Ceará, rindió homenaje a estas mujeres y reafirmó que la abolición también fue obra de sus manos negras, firmes y olvidadas, pero nunca irrelevantes.

La abolición no fue un regalo. Se logró mediante la fuerza y ​​la colaboración. Mujeres como Maria Tomásia, Francisca Clotilde, Emília de Freitas y Tia Simoa se enfrentaron a un sistema patriarcal y esclavista, encontrando oportunidades para actuar, escribir, proteger y transformar. Sus estrategias —el uso de la prensa, la movilización política y la solidaridad cotidiana— resuenan hasta nuestros días. Como en el siglo XIX, las mujeres siguen ocupando espacios de expresión, escritura, denuncia, organizando redes de apoyo y abriendo caminos donde hay silencio o violencia. Lo que ha cambiado son los medios: de la pluma a los medios digitales, de la carta de manumisión a la denuncia pública, de la casa de apoyo al colectivo feminista. La lucha continúa. Y sigue siendo escrita, también, por mujeres.

Tierra de Luz: El legado de la abolición en Ceará

El reconocimiento oficial del 25 de marzo como la Carta Magna de Ceará no se produjo hasta 2011, con la promulgación de la Ley n.º 15.102, propuesta por el diputado estatal Lula Morais. La ley buscaba garantizar que la temprana abolición de la esclavitud en la provincia no quedara olvidada en la historia, sino que fuera recordada como un hito de la lucha colectiva y la resistencia popular.

Esta festividad no debe verse simplemente como un día de descanso, sino como una invitación a reflexionar sobre el significado de la libertad y la justicia. La abolición puso fin legalmente a la esclavitud, pero no garantizó la igualdad. Sin acceso a la tierra, la educación ni condiciones laborales dignas, gran parte de la población negra liberada permaneció marginada.

Por lo tanto, recordar el 25 de marzo también significa reconocer que la lucha por la libertad no terminó en 1884; perdura en las demandas de derechos, reparaciones y justicia social en el Brasil actual. Es un día para afirmar que la historia de la abolición se sigue escribiendo, cada día, por las voces que aún luchan contra el racismo y las desigualdades heredadas de ese sistema.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.