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Rui Falcão

Rui Falcão es diputado federal (PT-SP)

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La nueva división internacional del conocimiento

El control corporativo del desarrollo de la IA no sólo limita la innovación, sino que también aumenta la dependencia tecnológica de los países y empresas más pequeños.

Las letras AI (Inteligencia Artificial) y un robot en miniatura en esta ilustración tomada el 23 de junio de 2023. (Foto: REUTERS/Dado Ruvic)

Rui Falcão*

Sergio Amadeu da Silveira **

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una de las fuerzas más transformadoras en diversos sectores de la sociedad. Sin embargo, estas tecnologías plantean una serie de desafíos y riesgos, como la excesiva concentración de poder, datos y recursos en manos de un grupo selecto de empresas y países. Esta concentración no solo condiciona el desarrollo y la aplicación de la IA, sino que también limita la participación democrática en el debate sobre su futuro y sus implicaciones.

La IA más utilizada actualmente se denomina aprendizaje automático, una técnica que permite a las computadoras aprender y tomar decisiones a partir de grandes volúmenes de datos. Esta tecnología ha evolucionado rápidamente y sus aplicaciones han sido extensas, desde el controvertido reconocimiento facial hasta famosos modelos de lenguaje como GPT, DALL-E, Google Bard y Gemini. Sin embargo, el desarrollo de estos sistemas avanzados requiere acceso a cantidades masivas de datos, algoritmos sofisticados y una considerable potencia de cálculo. Estos requisitos han impuesto importantes barreras para muchas instituciones, consolidando el dominio de unas pocas empresas tecnológicas, conocidas como las Big Tech.

Históricamente, el mundo académico ha desempeñado un papel crucial en el desarrollo del aprendizaje automático, y las universidades lanzaron algunos de los modelos más innovadores hasta 2014. Sin embargo, esta tendencia cambió drásticamente en los años siguientes. Desde entonces, las grandes tecnológicas han tomado la delantera, concentrando los avances más significativos bajo su control. En 2022, se informó que había 32 modelos significativos de aprendizaje automático en manos de estas grandes empresas, en comparación con solo tres desarrollados por universidades. No son las máquinas las que dominan el conocimiento humano, sino las grandes tecnológicas.

El control del desarrollo de la IA por parte de estas corporaciones no solo limita la innovación fuera de sus dominios, sino que también incrementa la dependencia tecnológica de los países y empresas más pequeños. En el contexto brasileño, por ejemplo, esta dependencia se manifiesta principalmente de dos maneras: mediante el suministro de datos valiosos de la población y la economía locales para el entrenamiento de modelos de IA por parte de estas corporaciones, y mediante la participación en un ecosistema que favorece el uso de tecnologías ya desarrolladas por las grandes tecnológicas. Este escenario refuerza una profunda dependencia digital, lo que hace imperativo desarrollar estrategias para construir infraestructuras tecnológicas propias y soberanas.

La necesidad de una acción coordinada del Estado y la sociedad para afrontar este desafío es evidente. Invertir en infraestructura tecnológica nacional, promover la investigación y el desarrollo local de IA y estimular la creación de un nuevo ecosistema digital son pasos cruciales para reducir la dependencia de las grandes tecnológicas. Esto no solo fortalecería la soberanía digital del país, sino que también allanaría el camino para la valorización de la inteligencia colectiva local.

La IA hasta la fecha ilustra no solo el potencial de esta tecnología para transformar el mundo, sino también los riesgos asociados a su concentración en pocas manos. El debate sobre el futuro de la IA no puede dejarse exclusivamente en manos de las empresas que actualmente dominan su desarrollo. Una participación más amplia y democrática es esencial para garantizar que los beneficios de la IA se compartan equitativamente y que sus riesgos se gestionen responsablemente.

* Rui Falcão, periodista y diputado federal del PT-SP.

** Sérgio Amadeu da Silveira, sociólogo y profesor de Políticas Públicas de la UFABC. 

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.