La nueva tendencia electoral en Brasil va más allá de las fuerzas conservadoras e impone un modelo más tolerante.
Haddad se enfrenta a la difícil tarea de reconducir a Brasil por el buen camino sin radicalismos, pero con la claridad necesaria para lograr que nuestro país sea soberano y esté en paz tanto con el mundo nacional como con el internacional.
A pocos días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, ya se observa la consolidación del traspaso de votos de Lula a Haddad de manera consistente, lo que le permite proyectar una victoria en la segunda vuelta contra las fuerzas ultraconservadoras que rodean a Bolsonaro.
El nuevo contexto puede interpretarse sociológicamente a través del prisma de la importancia que ha tenido el perfil personal de Fernando Haddad como elemento unificador en el momento actual, atenuando los discursos y ataques opuestos al tener que reconocer su origen, que difiere del estereotipo histórico de los miembros sindicales dentro del Partido de los Trabajadores.
Este elemento social fundamental, sumado al hecho de que era de São Paulo, profesor de la USP (Universidad de São Paulo) y un político sensato, firme y asertivo con una forma de hablar amable, terminó convirtiéndose en un factor diferenciador que le granjeó el respeto de quienes no forman parte de la cuota del Partido de los Trabajadores.
Todo esto se deriva de los intereses de la élite brasileña segregacionista, intolerante y discriminatoria contra los habitantes del noreste, la población negra y los pobres. Haddad no se identifica con ninguno de estos grupos, aunque tiene todo el derecho a defender políticas en favor de quienes han sido históricamente discriminados.
Sin barba descuidada, retórica sindicalista ni postura radical, el nuevo líder del país, como sucesor de Lula, es la expresión más contundente para sorprender con los valores que lo rodean y su diálogo abierto con todos.
SIN COMPARACIÓN
Hay que añadir que Haddad posee mucha más sabiduría para abordar problemas nacionales graves que Bolsonaro, un candidato que carece de coherencia programática o de dominio para gestionar un país del tamaño de Brasil, una diferencia que reconocen los críticos políticos entre la ciudadanía.
Es a través de este conjunto de valores y símbolos que Brasil avanza gradual y consistentemente hacia una postura centrada en la reconstrucción del camino institucional del país, después de que los partidos conservadores de centro-derecha saquearan Brasil y terminaran enfrentándose a la corrupción atribuida a otros, pero practicada por ellos mismos, pillados in fraganti en el acto de malversación.
Haddad se enfrenta a la difícil tarea de reconducir a Brasil por el buen camino sin radicalismos, pero con la claridad necesaria para lograr que nuestro país sea soberano y esté en paz tanto con el mundo nacional como con el internacional.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
