La renovación de la privatización de Tucano
"La renovación de la privatización condenaría a Brasil a la oscuridad", escribe Jeferson Miola
El 20 de junio el gobierno publicó la Decreto nº 12.068 Para la renovación anticipada de las concesiones de distribución eléctrica. Según la ANEEL (Agencia Nacional de Energía Eléctrica), hay 19 concesionarias de distribución con contratos que vencen entre 2025 y 2031.
Estas concesiones se hicieron hace casi 30 años, como parte del escandaloso y corrupto proceso de privatización y entrega de activos públicos que se conoció como la “privatización del PSDB”.
El Decreto permite prorrogar las concesiones actuales por otros treinta años, pese a que la gestión privada ha demostrado ser desastrosa y pone en riesgo la seguridad eléctrica de Brasil.
El Gobierno pretende renovar las concesiones sin celebrar nuevos concursos públicos ni subastas, y sin contemplar la posibilidad de que la propia Unión retome el control de los servicios, lo que, en estos casos, no tendría coste alguno para el erario público.
Si se observan los criterios establecidos en el Decreto para evaluar la prórroga, las actuales empresas concesionarias difícilmente podrían renovar los contratos por desempeño insatisfactorio.
El Decreto establece que la prórroga está condicionada a la "demostración de una adecuada prestación del servicio" [Artículo 11]. El concesionario debe demostrar eficiencia en términos de "continuidad del suministro", la cual se mide mediante indicadores que consideran la frecuencia y la duración promedio de las interrupciones en el servicio público de distribución de electricidad.
No es difícil demostrar las enormes pérdidas que los cortes de electricidad prolongados y frecuentes de las distribuidoras privadas causan a la población y a la economía nacional. Apagones como el ocurrido en São Paulo con la compañía Enel son la norma, no la excepción.
Después de la privatización, se desmantelaron antiguas empresas estatales, se abandonaron las inversiones y hubo una reducción drástica en el número de trabajadores especializados para reducir costos y aumentar las ganancias y los dividendos pagados a los accionistas, principalmente extranjeros.
A pesar de ello, sin embargo, el interés en renovar los contratos de concesión es tal que el Ministerio de Minas y Energía/MME concede a los concesionarios un plazo para hacer lo que no han hecho en 30 años de operación de los servicios.
Así lo establece el artículo 11 del Decreto, que define que “en caso de incumplimiento del criterio de continuidad del suministro”, el MME aún concederá un plazo de 30 días para que los concesionarios presenten un “plan de resultados que contenga acciones e inversiones para alcanzar el criterio de continuidad del suministro”.
El apagón provocado por Enel, que dejó a oscuras durante días a 3,1 millones de personas en São Paulo y provocó pérdidas por más de R$ 2 mil millones, torna urgente el debate sobre la necesidad de revertir las privatizaciones que tanto daño han causado al país.
Expertos advierten que el caos eléctrico en Brasil es una consecuencia de la propia privatización, pero que se agrava aún más por el modelo adoptado en la privatización del PSDB, que priorizó los intereses de las empresas concesionarias en detrimento de la calidad del servicio y de la seguridad nacional.
Renovar los contratos, en ese sentido, significaría prolongar para otra generación de brasileños la agonía de realidades cada vez más críticas que las ya vividas hoy, pues se verán agravadas por la emergencia climática y la falta de incorporación tecnológica por parte de las concesionarias, que evitan invertir para mantener altas tasas de rentabilidad.
Varios países europeos están revirtiendo las privatizaciones fallidas de servicios esenciales llevadas a cabo en la década de 1990.
Las críticas a la actuación de la ANEEL, aunque parcialmente justificadas, no pueden, sin embargo, servir de pantalla para ocultar lo esencial, que es la incompatibilidad de las privatizaciones con la satisfacción de las necesidades de desarrollo del país.
Brasil tiene ante sí una oportunidad prometedora para revertir la privatización que tanto daño ha causado a la población y a la economía nacional.
Y puede hacerlo sin romper contratos ni a costa de interminables litigios, ya que es prerrogativa del gobierno retomar la gestión de estos servicios esenciales al vencimiento de sus contratos. Reanudar el proceso de privatización condenaría a Brasil a la oscuridad.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
