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Angelo Cavalcante

Economista, politólogo, candidato a doctorado en la USP y profesor en la Universidad Estatal de Goiás (UEG).

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La terrible y despiadada "gente buena"

Cuando oigo a alguien utilizar el término "buena gente", estoy seguro de que estoy tratando con un tótem humano rebosante de conservadurismo y una gran cantidad de prejuicios.

Cuando escucho a alguien usar el término "buena gente", estoy seguro de que estoy tratando con un tótem humano lleno de conservadurismo y muchos prejuicios (Foto: Ângelo Cavalcante)

No existe como categoría sociológica, filosófica ni antropológica. No forma parte del marco legal del país ni de las encíclicas papales; no forma parte del vocabulario académico ni del de ninguna institución política mínimamente seria. El tan usado "buena gente" es la expresión perversa del propio apartheid social.

Cuando oigo a alguien usar el término "buena gente", estoy seguro de que me refiero a un tótem humano rebosante de conservadurismo y prejuicios. Quien usa esta "perla" parte de la premisa completamente errónea de que si existe la "buena gente", también existe la "mala gente". Es una oposición binaria cruda, perversa y sin sentido.

Para quienes se adhieren a esta perspectiva, no hay historia, historicidad, condicionamiento social ni relaciones de clase. Pues bien... Si el mundo puede entenderse a través de dualidades y simplificaciones como: bien/mal; fuerte/débil; correcto/incorrecto y verdad/mentira, entonces... la historia pierde sentido e importancia, y en ese sentido, simplemente activamos el "modo automático" de nuestras sensaciones y, listo, resolvemos los dilemas y contradicciones que cimentan nuestra vida cotidiana.

Nada podría ser más equivocado y perverso, especialmente en el sentido de que se sofoca la sensibilidad humana, se limita el sentido investigativo tan fundamental y central para el esfuerzo científico y se pierde por completo el horizonte de un futuro basado en la salvaguarda y promoción del derecho humano a una existencia digna y protegida.

No puede haber "buena gente" porque no hay "mala gente". Estas categorías de valor no ayudan a comprender el fenómeno de la miseria nacional, socialmente producida e intensificada por las estructuras que forman y sostienen el propio modo de producción capitalista. La "buena gente", tan a menudo alabada por los vocingleros del amplio espectro de la derecha política nacional, es la bandera verbal del prejuicio de clase más actual y criminal imaginable. Es una beligerancia comunicativa que busca cumplir su función en el campo fundamental de la comunicación y el simbolismo, y es, en última instancia, la clase dominante imponiendo su lógica fácil y prejuiciosa de perspectiva sobre la vida y el mundo desde sus perspectivas de clase, centrada en privilegios indebidos, el mantenimiento de los poderes y ventajas que históricamente siempre ha poseído, y la subyugación de las clases trabajadoras.

Finalmente, como nos enseña la magistral filosofía de Hannah Arendt en “La condición humana”, el hombre se revela en sus discursos, y en este sentido, el simplismo fascista de esta terminología demuestra la esencia política y social de quien la pronuncia, alguien simplemente acostumbrado al trágico mantenimiento del orden establecido.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.