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Alex Solnik

Alex Solnik, periodista, es autor de "El día que conocí a Brilhante Ustra" (Editorial Geração)

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Todavía no fue suficiente.

Todavía no fue suficiente (Foto: Alex Solnik)

A juzgar por la reacción agresiva, inoportuna e irrespetuosa de Eduardo Cunha en el noticiero de anoche, tengo la impresión de que la pena impuesta por unanimidad por la Corte Suprema será insuficiente para lograr su objetivo, que es paralizar sus numerosas actividades ilegales, cuya enumeración, con base en varios artículos de la Constitución, consumió buena parte de la sesión de la Corte Suprema.

Con la colaboración, una vez más, de la prensa, que respondió a su llamado a una conferencia de prensa, intentó confundir a la opinión pública, atribuyendo su castigo a una venganza del PT (Partido de los Trabajadores), como si los ministros hubieran tomado sus decisiones para satisfacer supuestas presiones del PT, que no especificó, por supuesto, como corresponde a francotiradores que usan sus ametralladoras giratorias indiscriminadamente para alcanzar a quien, sea quien sea, quede atrapado en sus balas perdidas.

La suspensión de su mandato y su destitución de la presidencia de la Cámara de Diputados (sin especificar la duración de la suspensión ni aclarar si la destitución es temporal o definitiva), además de darle motivos para impugnar esta laguna legal, no le impedirá seguir influyendo, amenazando y presionando, como lo ha venido haciendo, ya que tiene libertad para actuar y transmitir sus instrucciones no solo a través de sus aliados leales, sino también a través de la prensa, lo que mantendrá a sus tropas unidas, fuertes y confiadas. Su comandante resultó herido, pero no derrotado.

No se puede subestimar –dado que sus libertades de movimiento, de llamadas telefónicas y de mando no han sido afectadas– su poder para seguir interfiriendo y obstaculizando el trabajo del comité de ética, al que la Corte Suprema delegó indirectamente la tarea de revocar su mandato, en lugar de asumir esa misión y avanzar más.

Al final de la sesión de ayer, el ministro Marco Aurélio Melo sugirió, aunque en voz baja, que la pena podría haber sido más severa —prisión preventiva— y es lamentable que su sugerencia no fuera aceptada ni siquiera comentada por sus colegas, pues vemos que Cunha no ha aceptado ni aceptará ser marginado en el proceso que busca revocar definitivamente su mandato y, así, allanar el camino para que los delitos de los que se le acusa sistemáticamente, con pruebas contundentes, se consideren en instancias con decisiones más rápidas y restrictivas. Sigue teniendo las llaves que abren las puertas más importantes de la Cámara de Diputados y no se las entregará a nadie. Si el Tribunal Supremo no se las quitó, ¿quién tendrá el poder de hacerlo?

No sé si el sistema jurídico del que tanto se jactan los magistrados de la Corte Suprema es incapaz de protegernos eficazmente de individuos con las características de Cunha, o si los propios magistrados están renunciando a su derecho de aplicar efectivamente las leyes aplicables en casos excepcionales como éste.

Si el ex Presidente de la Cámara cometió esa serie de irregularidades presentadas por el Ministro Teori Zavascki –y no hay forma de cuestionarlo– que van desde corrupción, lavado de dinero, crimen organizado, amenazas, extorsión, chantaje hasta abuso de poder y obstrucción de investigaciones, y la intención era, de hecho, impedirle seguir actuando de esa manera en adelante, debería, como mínimo, ser puesto bajo arresto domiciliario, incomunicado, con un grillete en el tobillo, bajo vigilancia las 24 horas y con sus comunicaciones monitoreadas.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.