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Henrique Matthiesen

Licenciada en Derecho y posgraduada en Sociología

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Todavía hay jueces en Brasil.

"Aún hay jueces en Brasil". La percepción es que el poder judicial brasileño se ha transformado en un poder ideológico, sesgado y clasista.

Estatua del Justicia frente al edificio del Supremo Tribunal Federal en Brasilia 04/07/2010 REUTERS/Ricardo Moraes (Foto: Henrique Matthiesen)

El sombrío momento que vive Brasil, marcado por la imposición golpista de la clase dirigente que ahora viste togas judiciales, nos recuerda la histórica y emblemática frase pronunciada en 1745 en Prusia.

Se trata de un molinero que tenía su molino cerca del palacio del rey Federico II, un déspota ilustrado y amigo de los intelectuales. Uno de los aduladores del soberano intentó expulsarlo de allí, pues creía que contaminaba el paisaje. Y entonces, se dice que el molinero pronunció la famosa frase: «Todavía hay jueces en Berlín». Para el molinero, la justicia, aquella en la que confiaba, no lo distinguiría del rey.

En última instancia, la balanza de la justicia estaría en perfecta armonía, pues la Dama de la Justicia protegería su derecho, haciendo caso omiso de las diferencias sociales y de poder, incluso dentro de una monarquía, en una disputa que iba en contra del monarca supremo.

En sintonía con la diosa griega “Temis” o la diosa romana “Iustitia”, que representa la justicia con los ojos vendados, para demostrar su imparcialidad combinada con la idea de que ante la ley, todos son iguales.

En este contexto, la frase «Aún hay jueces en Brasil» resulta perfectamente pertinente. La percepción es que el poder judicial brasileño se ha transformado en un poder ideológico, sesgado y clasista.

Las huellas de la participación contundente de los magistrados en el golpe de Estado en Brasil, en conjunto con una porción significativa del Parlamento, son innegables, y la cooptación del máximo tribunal nacional en esta cruzada es ideológica.

De forma absurda, observamos que, con cada decisión judicial, la ley se interpreta y aplica según la postura ideológica del acusado. La espectacularización del llamado "debido proceso legal", las ruinas del Estado Democrático de Derecho, están al servicio de la perpetuación de una clase dominante en el poder con todos sus privilegios.

Los moralistas sin moral destrozan la Constitución, distorsionan los códigos procesales, invierten la carga de la prueba y utilizan los medios más sórdidos para aniquilar a sus adversarios políticos e ideológicos.

El poder judicial brasileño revela su verdadera cara cuando actúa no como protector de los derechos inalienables de los ciudadanos o como guardián de la Constitución, sino como una casta conservadora y retrógrada.

Es incongruente, vergonzoso y deshonroso presenciar a jueces confraternizar con acusados, a magistrados actuar descaradamente como agentes partidistas y a jueces actuar como animadores.

Sí, estamos asistiendo a una ruina de los trajes judiciales, a una destrucción institucional del poder judicial, que se hace más mediocre con cada acción.
Si todavía quedan jueces en Brasil es una triste realidad, porque la justicia está desapareciendo lentamente.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.