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Ajustes en la economía en 2015

El modelo económico actual ha llegado a su fin. Ya no es posible sostenerse basándose en el consumo interno y la interferencia en la actividad productiva.

Brasil logró estabilizar su economía con gran dificultad a partir de la década de 90. El trípode macroeconómico fue crucial en este proceso. El régimen de metas de inflación, el tipo de cambio flotante y el superávit primario controlaron la inflación y evitaron una explosión de la deuda pública.

Esta política económica fue fundamental para el crecimiento económico promedio del 4,5% entre 2004 y 2010, superior al promedio mundial del 3,9% en el mismo período.

Durante esos siete años de expansión del PIB, el desempleo se redujo del 12% al 7%, los ingresos de los trabajadores crecieron un 20% por encima de la inflación y el crédito personal se triplicó. Como resultado, el consumo de los hogares se fortaleció, sustentando el sólido desempeño de la actividad económica.

En materia de relaciones exteriores, las exportaciones crecieron de 73 000 millones de dólares a 202 000 millones de dólares debido al fuerte aumento de los precios de las materias primas, y el capital extranjero fluyó abundantemente al país. La balanza de pagos se mantuvo relativamente holgada, lo que también contribuyó al crecimiento económico.

El gobierno actual asumió el cargo en 2011 abogando por una mayor intervención en la economía para acelerar su crecimiento. Creía que el voluntarismo sería más importante para expandir la producción que una política económica bien articulada y bien ejecutada.

Abandonó gradualmente el trípode macroeconómico, creyendo que el modelo intervencionista mantendría la actividad económica en expansión sostenible. Hoy, el país lo está pagando caro. El crecimiento es magro y la inflación apremia.

El trípode macroeconómico no basta para generar crecimiento económico, pero proporciona credibilidad y previsibilidad a los agentes nacionales y extranjeros. Su debilitamiento ha generado desconfianza y un mayor riesgo económico. La situación se ha agravado aún más por el excesivo intervencionismo gubernamental, que ha incrementado el gasto público a cambio de un impacto económico moderado.

El modelo económico actual ha llegado a su fin. Ya no es posible sostenerse basándose en el consumo interno y la interferencia en la actividad productiva. La clase media está endeudada y la inflación sigue reduciendo su poder adquisitivo. El desempeño económico errático del gobierno inhibe la inversión privada, ya que la percepción de riesgo ha aumentado entre las empresas.

Además, el panorama internacional ha cambiado. Los precios de las materias primas han caído debido a la desaceleración económica en China, y la expectativa de un aumento de las tasas de interés en Estados Unidos está reduciendo el flujo de capital extranjero hacia Brasil.

El gobierno gestionó mal la política económica y adoptó una estrategia equivocada al adoptar una política intervencionista. El resultado es una combinación de crecimiento inferior al 2%, la mitad del crecimiento del PIB mundial, y una inflación elevada, superior al 6%.

El país no experimentará cambios significativos en la política económica este año debido a las elecciones en curso. Sin embargo, quienquiera que se convierta en el próximo presidente tendrá la difícil tarea de corregir los errores de la administración actual a partir de 2015.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.