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Dimas Roque

Jornalista

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Cariño, ¿qué estás haciendo?

Y lo que antes te resultaba placentero empieza a molestarte. Dejas de ser la pareja y te conviertes en un proveedor de servicios diarios no remunerado.

Al contrario de lo que pueda parecer, la palabra "amor", cuando aparece al principio de una frase que ella (o ellos) dicen por teléfono, no necesariamente refleja ningún sentimiento de amor, sino más bien una forma de inducirnos a prestar algún servicio. Ella podría interpretarlo como una forma agresiva de afirmación. Pero, tranquilo/a, ¡no lo es! Simplemente, después de años de relación, empiezas a comprender la dinámica de tu pareja. Y lo que antes te daba placer empieza a molestarte. Dejas de ser la pareja y te conviertes en un proveedor de servicios diarios no remunerado. 

Estás en el bar, tomando una cerveza bien fría con tus amigos. La salida se planeó con mucha antelación. Y parece que sus recados siempre coinciden con momentos como este. No es raro que suene el teléfono y que alguien te pida que la recojas en su casa para llevarla al supermercado, a la peluquería, al trabajo, al médico, a alguna tienda a comprar algo, o simplemente no. Lo seguro es que tu teléfono sonará y tus planes se verán seriamente comprometidos. E invariablemente, serás el blanco de las bromas del grupo por ser "el sumiso". 

También sabes que cuando llegas al lugar donde te pidió que la recogieras, nunca está lista. Si es en su casa, todavía tiene que peinarse, ponerse la camisa, los pantalones y los zapatos. Nunca le faltan excusas. En cualquier otra situación o lugar, inventa una excusa tonta. Las primeras veces sonríes ante su despreocupación. Pero después de tres o cuatro años, y siempre con las mismas excusas y peticiones, empiezas a perder la paciencia. Lo que antes era motivo de sonrisa empieza a irritar al pobre hombre, que corre de un lado a otro para estar siempre disponible. 

¿Puedes llevarme allí? 

Casi parece que «allí» tiene otra dirección, porque sirve para todo. Va desde el hospital hasta quedar con amigos. Y te quedas «allí» esperando a que llegue su momento. Que, cuando regresa, dice: 

¿Me he tardado demasiado, cariño? 

La miras de reojo, una de esas miradas furtivas, sin rumbo fijo. De esas en las que miras pero no realmente miras. Inspiras hondo y exhalas como si fuera tu último aliento del día. Y ella: 

—Bueno, de todas formas te vas a quejar. Por eso no me gusta pedirte nada. Esta es la última vez que te pido algo. 

Por dentro, estás de fiesta. Pero sabes que mañana todo será igual que hoy. Así que no te dejes engañar cuando la frase empiece con "Amor". 

¡Todo es por amor! 

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.