Ana Amélia, el odio de clases y el ascenso del fascismo.
Ana Amélia fomentó el conflicto social y la insubordinación a la ley. De esta manera, actuó más como una terrorista incendiaria que como una senadora. Al poner su mandato al servicio de la intolerancia y el irrespeto a la ley, la senadora viola el decoro parlamentario, y el Senado tiene el deber de juzgarla por ello. Es en el ámbito de la disputa democrática y pluralista, y dentro de las normas del Estado de derecho, donde se decide el rumbo de una nación que aspira a la civilización. En una democracia, las diferencias ideológicas y políticas no se resuelven con brutalidad ni truculencia, como defienden Ana Amélia y su horda fascista, sino mediante procesos democráticos», afirma el columnista Jeferson Miola.
La disputa política en Brasil sube cada día más alto en la escalera que conduce al fascismo.
La postura reaccionaria medieval de los terratenientes de Rio Grande do Sul [una clase parásita que explota la tierra, el clima, el trabajo esclavo y los préstamos públicos a costos generosos] frente a la caravana de campaña de Lula confirma la contaminación de la disputa política por elementos fascistas.
Lo grave es que la violencia, el odio y los prejuicios de clase son alentados por los dirigentes de esta clase reaccionaria, con el silencio cómplice de los medios de comunicación y la inacción de la Policía Militar, la Policía Federal y el Ministerio Público, que no reprimen tales prácticas.
La senadora Ana Amélia Lemos, perteneciente al mismo partido del PP que el asesor del TCU Augusto Nardes, está envuelta en problemas... varios escándalos, denunció el salvajismo practicado por una minoría fascista.
Como prueba de su arcaísmo, Ana Amélia declaró:Quiero felicitar a Bagé, Santa Maria, Passo Fundo y São Borja. Ahuyentaron a quienes fueron allí con un delincuente convicto quejándose de la democracia. Tirando huevos, levantar el látigo, muestra donde están los gauchos..
Con este discurso, Ana Amélia incitó al conflicto social y al desafío a la ley. De esta manera, actuó más como una terrorista incendiaria que como una senadora.
Al utilizar su mandato para promover la intolerancia y la falta de respeto a la ley, la senadora está violando el decoro parlamentario, y el Senado tiene el deber de juzgarla por ello.
Es en la arena del debate democrático y pluralista, y dentro de las normas del Estado de derecho, donde se decide el rumbo de una nación que aspira a ser civilizada.
En una democracia, las diferencias ideológicas y políticas no se resuelven mediante la brutalidad o la violencia, como defienden Ana Amélia y su horda fascista, sino mediante procesos democráticos.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
