Al condenar a Lula, el hombre de negro de Curitiba está sumiendo al país en tiempos oscuros.
Lula aún no está en prisión, pero ese es el objetivo. A partir de ahora, los movimientos sociales deberán prepararse para una fase mucho más aguda de la lucha política. Con Lula amenazado con prisión, es probable que Brasil se convierta en un país completamente fuera de control.
Lula acaba de ser condenado por el juez Sérgio Moro a 9,5 años de prisión bajo la sospecha de ser propietario de un apartamento en Guarujá del que no tiene título de propiedad.
Si Lula quiere entrar en ese apartamento para disfrutarlo mientras espera el resultado del recurso de segunda instancia, no podrá hacerlo.
Este es el descrédito total de la Operación Lava Jato, cuyas acciones siempre tuvieron dos objetivos: sacar a Dilma y encarcelar a Lula.
Lula aún no está en prisión, pero ese es el objetivo.
A partir de ahora, los movimientos sociales deberán prepararse para una fase mucho más aguda de la lucha política. Con Lula amenazado con prisión, es probable que Brasil se convierta en un país completamente fuera de control.
Y esto no ocurrirá por la intransigencia de la izquierda, sino porque la derecha se sentirá libre de hacer lo que quiera.
El Partido de los Trabajadores (PT), con todos sus errores, fue fundamental para mejorar significativamente el futuro de Brasil para su pueblo. Y esto se debe fundamentalmente a Lula.
Lula es la figura que no sólo cambió verdaderamente la vida de la gente mientras fue presidente, sino que además aseguró que la izquierda tuviera un proyecto de poder, lo que llevó a los sectores empresariales a buscar el diálogo y no apostar al caos o al todo vale.
La condena de Moro no pone fin a esta historia, pero allana el camino. Y, además, la reforma laboral aprobada ayer solo será un anticipo del gran festín antidemocrático y salvaje que se avecina.
Lula no es un héroe, pero sí una figura que transformó Brasil. Y condenarlo sin pruebas es condenar no solo una parte importante de la historia de este país, sino también sus perspectivas de futuro.
Y eso implica no sólo que Lula sea reelegido, sino también que se respeten las reglas democráticas.
El hombre de negro de Curitiba está sumiendo al país en un futuro sombrío. Un futuro muy sombrío, sin duda. Y mucho peor que la situación actual.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
