Argentina: A la ofensiva, el poder judicial-mediático actúa en nombre del poder político tras las elecciones.
Apenas unos días después de las elecciones, el gobierno "Cambiemos" de Macri, ratificado con tan solo el 41% de los votos, muestra sus garras y ejerce un control total sobre el poder legal y mediático para asegurar la aprobación de la llamada segunda fase del ajuste.
Apenas unos días después de las elecciones, el gobierno de Macri, el "Cambiemos", ratificado con solo el 41% de los votos, muestra su poderío y ejerce un control absoluto sobre el poder judicial y mediático para garantizar la aprobación de la llamada segunda fase de medidas de austeridad, incluyendo las regresivas reformas laborales y de pensiones impuestas por el FMI y anunciadas en una reciente reunión con líderes empresariales. El aparato judicial-político-mediático demuestra una vez más ser quien gobierna Argentina, transgrediendo todas las normas del Estado de derecho, instigando el miedo en un escenario propio de una dictadura anterior a 75 para silenciar a la oposición sindical y parlamentaria, a los movimientos sociales y amenazando el derecho a la libertad de expresión de los medios de comunicación opositores y los derechos humanos.
El caso Boudou para el entretenimiento...
La inesperada detención de Amado Boudou, exvicepresidente y ministro de Economía durante el gobierno de Cristina Kirchner, fue otra de esas acciones judiciales orquestadas por el poder político gobernante, magnificadas por los medios hegemónicos para entretener, atemorizar a la opinión pública e inhibir la reacción social. Estas acciones legales son puntuales, según las necesidades del momento, para brindar garantías al poder ejecutivo. La destitución y detención del diputado Julio De Vido (FPV), exministro de Planificación durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, precedió a las elecciones por tres días. En ambos casos, se repite la misma fórmula de acusación (sin pruebas): corrupción y enriquecimiento ilícito. De esta manera, condicionan la condena del gobierno kirchnerista a un autogol o una herida autoinfligida para quienes aún esperan algo del gobierno de Macri.
La acción emprendida contra Amado Boudou por el juez Ariel Lijo consistió en un humillante espectáculo mediático, filmado mientras se encontraba detenido, esposado y descalzo en su domicilio, con la autorización y difusión de las imágenes por parte del Ministerio de Seguridad, bajo una flagrante influencia política en las decisiones del Poder Judicial. Se trata de un caso iniciado en 2012 que, durante estos cinco años, no ha sido investigado ni procesado; y una detención sin notificación legal, por lo tanto, al margen de las normas jurídicas y del derecho penal. De esta manera, se sienta un precedente que podría extenderse a cualquier detención ilegal. Las acusaciones de malversación y enriquecimiento ilícito surgieron en relación con una propuesta de intervención estatal, cuando Boudou, entonces Ministro de Economía, propuso extender las deudas de la imprenta emisora del papel moneda nacional, impidiendo su compra por otra empresa en la que participaba el Grupo Clarín. De esto se desprenden los intereses de poder de quienes ya llevaron a cabo acciones ilícitas para apropiarse de Papel Prensa durante la dictadura. Hechos bien descritos por el periodista Victor Hugo Morales en su libro "Papel imprensa, o grupo de tarefas" (Paper Press, the Task Group).
El exmagistrado de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, de la era Kirchner, advierte: «¡El estado de derecho se está desmoronando!». Aclaró que el juez Ariel Lijo recibió presiones de poderes políticos para arrestar a Amado Boudou. Este juez, junto con otro, Daniel Rafecas, figuraba en una «lista negra» del gobierno bajo amenaza de enjuiciamiento por retrasos o archivación de casos (la mayoría contra miembros del gobierno anterior). Casualmente, el juez Lijo también lleva el caso contra la familia Macri, propietaria de la empresa Socma, que adeuda 70 millones de dólares al Correo Argentino; pero no hay noticias sobre ese caso. ¿Y qué se puede esperar de las revelaciones de los Papeles de Panamá y las recientes, reveladas por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), sobre las empresas offshore del actual ministro de Hacienda, Luis Caputo, y los familiares de Macri, en los «Papeles del Paraíso»? Mientras tanto, el partido «Unidad Ciudadana», liderado por Cristina Kirchner, acaba de pedir su renuncia.
Es positivo saber que este clima de persecución política en Argentina se ve agravado por la persecución de Alejandra Gils Carbó, la competente Fiscal General de la República, nombrada por el gobierno anterior, quien, tras mucha resistencia, renunció la semana pasada. Mientras tanto, el juez Daniel Rafecas se encuentra bajo presión debido a su decisión de archivar la denuncia presentada por el fallecido Alberto Nisman contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, acusada de encubrir a Irán en el caso del atentado contra la AMIA. En este contexto, otro juez de la Corte de Apelaciones de La Plata, Luis Arias, fue suspendido y sometido a un juicio político por solicitar, a petición popular, una investigación sobre el aumento de tarifas, lo que pondría en evidencia los turbios manejos del ministro de Energía, Aranguren. En resumen, cediendo a esta presión del poder político actual sobre los sectores progresistas del poder judicial, el juez Lijo presuntamente ejecutó las órdenes de arresto contra Amado Boudou. En un artículo publicado en Página12, los periodistas Irina Hauser y Raúl Kollmann brindan más detalles sobre este juego político-judicial y las organizaciones que la Casa Rosada (el palacio presidencial) suele utilizar para sus intereses judiciales: el Colegio de Abogados de Montevideo y la ONG Será Justicia, que controlan a varios miembros del gobierno. Leia
El estuche Boudou para ocultar...
Mientras la televisión y los medios de comunicación están absortos en el caso Boudou, es más fácil pasar por alto el último ataque del gobierno de Macri contra los trabajadores, apenas una semana después de las elecciones: nuevas leyes que precarizan el trabajo, recortes a la seguridad social, ajustes económicos similares a los implementados por Temer en Brasil. Justifican los recortes culpando al "desastre" dejado por el gobierno anterior, al tiempo que reducen los impuestos a las importaciones, recortan las retenciones a las empresas mineras y a la oligarquía exportadora, y eligen al ganadero y presidente de la Sociedad Rural como nuevo Ministro de Agroindustria.
Las medidas a corto plazo ya se están implementando rápidamente, como el aumento del 11% en el precio de la gasolina (uno de los más caros de Latinoamérica); el incremento en las tarifas de gas y electricidad (manipulado en tres aumentos anuales del 35%, 20% y 20%, para un total del 100%). Transporte público: las tarifas de autobús aumentarán gradualmente un 0,50% mensual, duplicándose en un año, y las de tren llegarán al 60%. El programa "Fútbol para Todos", implementado por el gobierno anterior, incluía todos los partidos gratuitos a través de la televisión pública; ahora, con el paquete de pago "Fútbol", que cuesta 300 pesos al mes, quienes no pagan solo ven 4 de cada 10 partidos. Muchas de estas medidas ya fueron anunciadas por el gobierno al 41% que, contra todo pronóstico, votó a favor.
Sin embargo, los cambios que no se anunciaron claramente, y que se prevé que provoquen reacciones en parte del electorado debido a su rapidez y severidad, son los cambios estructurales que conllevan las reformas laborales y de pensiones (jubilación y pensión familiar por hijo). La reforma laboral supone un retroceso de 70 años para Argentina, anterior a Perón. Se está reconfigurando la ley de contratos laborales; se prioriza a los pasantes sin remuneración, con salarios reducidos; la remuneración se financia con un fondo patronal; se eliminan las horas extras y se introduce un banco de tiempo de trabajo; la jubilación y la indemnización se financian con las aportaciones del trabajador. Los ancianos y los indigentes serán los más afectados por el fin del aumento semestral, que se ajusta a la inflación (con índices engañosos); aumenta la presión para reducir los fondos sindicales.
El caso Boudou es aterrador.
Todas estas reformas laborales y de seguridad social deben aprobarse por la fuerza e inmediatamente. Los sindicatos inician una semana de intenso debate entre dirigentes y bases para decidir un plan de acción. Los parlamentarios deben considerar qué se somete a votación, cómo y con quién votar. Los trabajadores deben movilizarse. Está por verse hasta qué punto los sectores más burocráticos de la CGT (Confederación General del Trabajo) se enfrentarán o cederán ante el gobierno. Por lo tanto, es oportuno que el gobierno intimide, con el arresto de Amado Boudou, Julio De Vido y otras amenazas que surgen a diario contra exdirigentes y dirigentes kirchneristas.
Cristina Kirchner y el partido Unidad Ciudadana, además de advertir que la democracia está en riesgo en Argentina, emitieron un comunicado con motivo del arresto de Boudou, reiterando: «Se trata de una clara maniobra de intimidación y extorsión dirigida a disciplinar a los líderes sindicales, a la oposición política, especialmente a los legisladores, para que voten a favor de la reforma laboral y del “impuesto masivo” que arruina las economías regionales y encarece el consumo popular». La amenaza de Bonadio, el equivalente argentino del Juez Moro, siempre está presente contra Cristina Kirchner y su familia. Pero Cristina es senadora, no solo elegida con el 38%, sino que además posee una incuestionable y singular capacidad de movilización popular. Y la reforma laboral tendrá que enfrentarse a uno de los movimientos sindicales más tradicionales y organizados de América Latina.
La multitudinaria manifestación del 1 de noviembre en la Plaza de Mayo en memoria de Santiago Maldonado, convocada por su familia y apoyada por todas las organizaciones de derechos humanos, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, CELS, federaciones sindicales y cientos de organizaciones, partidos y movimientos populares, representó una movilización unificada que trasciende la lucha por la verdad y la justicia y cuestiona la responsabilidad del gobierno por todos los mecanismos de seguridad que ponen en peligro los derechos humanos en su totalidad: derechos económicos, derecho al trabajo, derechos sociales y libertad de expresión. Sobre este tema de la represión de la libertad de expresión y la actual guerra contra el periodismo de oposición, véase el contundente editorial de Víctor Hugo Morales. LeiaEn respuesta a esta grave amenaza al estado de derecho en Argentina, organizaciones de derechos humanos, junto con expertos legales progresistas, convocan a una manifestación el 8 de noviembre frente al Congreso Nacional.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
