Las píldoras mágicas de soluciones increíbles al gran problema de la comunicación
El país atraviesa una crisis estructural de comunicación. Las soluciones fáciles no resolverán el problema. Necesitamos pensar más allá de las pastillas mágicas y los remedios rápidos.
Por Reynaldo Aragón y Sara Goes - Brasil, sin duda, tiene un grave problema de comunicación. La desinformación, las noticias falsas y la manipulación de la opinión pública se han convertido en desafíos que requieren respuestas rápidas y eficientes. Sin embargo, las soluciones que suelen surgir, aunque bienintencionadas, parecen simplistas y no abordan problemas estructurales más profundos. Analicemos algunas de estas propuestas.
1. Alfabetización mediática: el camino hacia una mayor conciencia, pero...
La alfabetización mediática es, sin duda, una solución importante. Enseñar a las personas a comprender cómo circula la información y a distinguir las noticias falsas de las reales es esencial. Sin embargo, para que esta propuesta tenga un impacto real, se deben considerar dos puntos cruciales: educación básica en Brasil Aún enfrenta enormes desafíos, y muchos de quienes más necesitan esta alfabetización están lejos de las herramientas necesarias. Además, no podemos perder de vista que la alfabetización mediática debe ir más allá de simplemente comprender cómo... noticias Se producen. También es fundamental concienciar sobre las sutiles formas de manipulación de la opinión, cada vez más presentes en las plataformas digitales. Diversos estudios indican que las acciones basadas únicamente en la alfabetización mediática tradicional se enfrentan a desafíos como su bajo alcance, su limitado impacto en audiencias vulnerables y su limitada efectividad, dada la velocidad con la que circula la desinformación en entornos digitales, donde se aplican prácticas que actúan después de que la mentira se ha difundido. desacreditando No siempre llegan a quienes más lo necesitan. Además, las iniciativas desconectadas de los contextos territoriales e ignorando las estructuras psicosociales del comportamiento informativo tienden a reforzar los sistemas de creencias preexistentes en lugar de perturbarlos. El escenario actual pone de relieve la necesidad de intervenciones más sofisticadas, basadas en estudios aplicados en los campos de la cognición, la comunicación estratégica y la inteligencia artificial, capaces de actuar directamente sobre los circuitos de viralización de la desinformación, la arquitectura de las plataformas y las vulnerabilidades cognitivas explotadas por grupos extremistas. La necesidad urgente, afirman, es construir modelos que no solo eduquen, sino que también intervengan, con base científica, en los mecanismos del desorden informativo contemporáneo, incorporando estrategias. pre-bunking (vacunas de comunicación) capaces de anticipar y neutralizar los efectos de la manipulación antes de que se instale. A pesar de ser fundamentales, las iniciativas de alfabetización mediática y digital aún enfrentan serias limitaciones dada la complejidad del fenómeno contemporáneo de la desinformación. Muchas de estas acciones se basan en el supuesto de que la desinformación solo puede combatirse con instrucción racional y análisis crítico, sin tener en cuenta el hecho de que Estamos insertos en ecosistemas informativos en los que los estímulos condicionantes se repiten, refuerzan y naturalizan continuamente.Este proceso moldea el comportamiento colectivo de forma imperceptible y acumulativa, transformando las creencias individuales en consensos sociales manipulados. El auge de los movimientos conservadores en la última década, tanto en Brasil como en varios otros países, es resultado directo de la acción coordinada de algoritmos, estrategias de guerra cultural y sofisticadas operaciones psicológicas, que han logrado reconfigurar sentimientos, valores y percepciones políticas mediante narrativas emocionales y contenido aparentemente banal, pero profundamente efectivo en la reprogramación social. Afrontar esta realidad requiere más que alfabetización mediática: requiere una profunda comprensión de los mecanismos cognitivos, emocionales y tecnológicos que estructuran el actual régimen de desinformación.
2. Regulación de los medios de comunicación: un paso necesario, sin embargo…
La regulación de las grandes tecnológicas se ha convertido en una propuesta fundamental para abordar los desafíos de la desinformación. Exigir responsabilidades a las plataformas por la difusión de contenido que socava el Estado de derecho democrático es una medida importante. Sin embargo, dado el equilibrio de poder actual —y el que se avecina—, es importante reconocer que será difícil implementar una regulación sólida y justa sin establecer algún tipo de diálogo, aunque tenso y asimétrico, con los propios intermediarios digitales. No se trata de una elección ideológica, sino de una urgencia pragmática.Mientras tanto, es esencial garantizar que cualquier avance regulatorio no se convierta en un instrumento para sofocar medios independientes, que ya opera en condiciones adversas de financiación y visibilidad. Esta es quizás nuestra principal trinchera hoy: asegurar el mínimo espacio de existencia para voces alternativas en medio de la actual guerra de información.
El desafío es crear un modelo regulatorio que sea eficaz para combatir la desinformación, pero que también preserve la libertad de expresión y la diversidad de los medios.
3. Desarrollar plataformas soberanas: un desafío complejo
La creación de plataformas soberanas se ha presentado como una respuesta necesaria a la dependencia de las grandes corporaciones tecnológicas. La idea de desarrollar redes sociales o espacios digitales propios, alejados de los monopolios globales, es sin duda fascinante. Sin embargo, implementar esta propuesta resulta más complejo de lo que parece a primera vista.
Tras el fenómeno DeepSeek, que puso de relieve la necesidad de soberanía digital, muchos estados y grupos organizados comenzaron a anunciar sus propios proyectos e ideas de inteligencia artificial, prometiendo plataformas nacionales. Si bien la idea de desarrollar estas tecnologías es legítima, lo que vimos en muchos de estos casos fue una competencia más sana entre nombres creativos y anuncios emocionantes, pero con poco contenido concreto más allá de los planes a corto plazo. Sin una planificación realista y los recursos necesarios para construir algo sólido, estos proyectos terminan perdidos en la superficialidad de la innovación.
Más allá de las promesas institucionales, es crucial prestar mucha atención a los caminos ya recorridos por los movimientos que durante décadas han señalado alternativas reales y sostenibles a la lógica centralizada de las grandes tecnológicas: cultura hacker, software libre, criptografía activista, tecnodemocracia, infraestructura común… estos conforman un ecosistema de prácticas y valores que pueden y deben guiar la inversión pública y colectiva en tecnologías verdaderamente emancipadoras. Se trata de ir más allá de «crear nuestras propias plataformas» y construir infraestructuras de información soberanas alineadas con la democracia.
Además, incluso si estas plataformas fueran viables en el futuro, existe una cuestión central que no puede ignorarse: ¿cómo garantizar que estos nuevos espacios no sean dominados por intereses políticos o privados, como ocurre actualmente con las grandes corporaciones tecnológicas? La transparencia en la gobernanza de estas plataformas y su capacidad para garantizar la pluralidad de voces serán fundamentales para que podamos hablar verdaderamente de una comunicación soberana y democrática. A esto se suma el desafío de la capilaridad: estas plataformas necesitan llegar a diversos territorios y poblaciones, respetando sus dinámicas locales, ya que, en Brasil, las redes digitales no son solo espacios para la circulación de información, sino que forman parte de la propia estructura económica y social, mediando desde el acceso a beneficios hasta las formas de trabajo, consumo y participación ciudadana. Además, es necesario reconocer que la creación de plataformas alternativas, si no se acompaña de políticas de integración y apertura al diálogo, puede, inadvertidamente, reforzar la lógica de la polarización y profundizar la fragmentación del debate público, impulsando la formación de nichos informativos cerrados, donde se consolidan visiones de mundo homogéneas que no son permeables a la divergencia.
Por lo tanto, crear plataformas soberanas, si bien puede parecer una solución interesante, es un enorme desafío que requiere más que buenas intenciones o ideas creativas. Necesitamos soluciones sostenibles, basadas en recursos concretos y un compromiso genuino con la libertad de expresión y la democracia digital.
4. Cortar cabezas: cambiar posiciones no lo soluciona todo
Culpar al gobierno federal por la fragilidad de la izquierda ante el dominio de la extrema derecha en las redes sociales es, además de un error estratégico, un acto de cobardía política. El gobierno es una institución estatal, no un aparato de disputas ideológicas al servicio de un bando específico. Esperar que utilice el sector público para combatir directamente a los grupos extremistas de la misma manera que fue instrumentalizado por el bolsonarismo es revertir los principios que sustentan la democracia. La Secretaría de Comunicaciones (SECOM) es responsable de comunicar los logros del gobierno, garantizar la transparencia en las acciones institucionales y rendir cuentas a la sociedad, no de librar una guerra ideológica en nombre de una base militante que debe asumir su responsabilidad histórica.
Es importante comprender que la lucha contra la extrema derecha en redes sociales no se ganará por decreto, ni con declaraciones oficiales ni campañas gubernamentales centralizadas. La fuerza de la maquinaria de Bolsonaro reside no solo en el poder institucional que una vez tuvo —y perdió—, sino también en su capacidad para articular una militancia orgánica, arraigada, disciplinada y permanentemente movilizada, incluso en ausencia del poder estatal. Hoy, incluso fuera del gobierno, esta base continúa ocupando espacios digitales, difundiendo desinformación, produciendo narrativas con atractivo emocional y captando segmentos sociales con promesas fáciles y discursos de odio altamente performativos.
Ante este escenario, la tarea de construir una respuesta proporcionada y eficaz no puede recaer en el gobierno federal. Recae en activistas de base, partidos progresistas, movimientos sociales, sindicatos, colectivos culturales y organizaciones de base. Estos actores deben construir trincheras sólidas y permanentes en el panorama digital, entendiendo que la batalla no es episódica, sino a largo plazo. Construyan redes de apoyo, inviertan en educación política, fortalezcan los canales independientes y compitan por ganarse el apoyo de la opinión pública.
GovBr, una luz al final del túnel
Brasil cuenta actualmente con una de las bases de datos integradas más grandes del planeta, gestionada por un sistema digital público que concentra las interacciones diarias con millones de ciudadanos. Con 166 millones de usuarios activos en abril de 2025, la plataforma Gov.br se ha convertido, en términos técnicos y operativos, en una de las mayores infraestructuras digitales públicas del mundo. Este alcance masivo y transversal, sumado a su credibilidad institucional, ofrece al Estado brasileño una oportunidad histórica: transformar este espacio en un verdadero ecosistema de comunicación estratégica, educación crítica y protección de la información para la ciudadanía. Este es un terreno fértil, único a escala mundial, para el desarrollo de políticas públicas que articulen la tecnología, la educación y la soberanía informativa.
Sin embargo, este potencial sigue infrautilizado dado el nivel de desinformación que permea la sociedad brasileña y los riesgos reales que la guerra de la información supone para la democracia, especialmente considerando la sofisticación de las campañas de manipulación promovidas por la extrema derecha digital. Es urgente que Gov.br vaya más allá de la simple oferta de servicios y comience a incorporar, de forma estructurada y con base científica, intervenciones centradas en la alfabetización mediática. pre-bunking, pedagogía digital y concienciación pública sobre los riesgos del discurso de odio, las noticias falsas y las operaciones psicológicas que corroen el debate público.
Entornos gamificados, narrativas interactivas, cursos modulares, alertas educativas, herramientas de autoevaluación de información y campañas transversales de comunicación crítica podrían integrarse en la plataforma como una política pública para la soberanía cognitiva. Esto no solo permitiría al gobierno acercarse a la ciudadanía de forma más eficaz y pedagógica, sino también construir una infraestructura permanente para la defensa democrática contra la captura algorítmica y el avance tecnopolítico de las redes de desinformación. Al mismo tiempo, esta transformación allanaría el camino para que las universidades públicas, los institutos de investigación y los centros de ciencia y tecnología utilicen esta estructura como un campo de investigación e innovación centrado en el bien común, fortaleciendo el vínculo entre el conocimiento académico, las políticas públicas y la ciudadanía digital.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

