Avatar de Tereza Cruvinel

Teresa Cruvinel

Columnista/comentarista de Brasil247, fundador y ex presidente de EBC/TV Brasil, ex columnista de O Globo, JB, Correio Braziliense, RedeTV y otros medios.

1060 Artículos

INICIO > blog

El pico de la crisis podría ser el principio del fin.

Brasilia - DF, 06/05/2015. La presidenta Dilma Rousseff durante una entrevista con TV France 24. Foto: Roberto Stuckert Filho/PR. (Foto: Tereza Cruvinel)

Toda crisis, según el sentido común político, debe empeorar antes de mejorar. La ruptura de Eduardo Cunha con el gobierno, tras ser criticado por una acusación explosiva, se señala, casi unánimemente, como la apertura de las puertas del infierno para el gobierno de Dilma. A corto plazo, todo tiende a empeorar, pero este podría ser el episodio decisivo que marque el principio del fin de la crisis.

¿No tiene sentido? En política, los caminos obvios y directos no siempre prevalecen.

Por muy fuerte que sea, por mucho apoyo que tenga en las filas más bajas de la Cámara, Eduardo Cunha dejó de ser lo que era en pocas horas. Basta ver que su decisión de romper con el gobierno no fue seguida por ningún grupo dentro del PMDB ni por ningún partido de base del gobierno. Se quedó solo. Ni siquiera los partidos de la oposición, con quienes previamente había discutido el proyecto de impeachment contra Dilma, salieron en su defensa. El poder es dulce pero cruel. Quienes gravitan a su alrededor poseen un sensor preciso que mide sus movimientos de escape y concentración. En este momento, el poder de Cunha está menguando, y es improbable que se revierta.

Tan pronto como termine el receso, continuará con las acciones vengativas que ya ha iniciado. Someterá a votación todas las cuentas pendientes del gobierno, asegurándose de que la de Dilma esté lista para votación tan pronto como se presente el informe del TCU (Tribunal de Cuentas de la Unión). Establecerá las dos Comisiones Parlamentarias de Investigación (CPI) que podrían causar graves problemas al gobierno. Preparará los procedimientos para iniciar la solicitud de impeachment del Movimiento Brasil Libre y algunos otros autores que tiene guardados en su cajón, no todos ellos aptos para su consideración. Pero todas estas iniciativas, para que fructifiquen, necesitarán el apoyo de sus aliados en el PMDB y parte de la oposición. Dicho apoyo disminuirá si el Ministerio Público refuerza su control sobre la presidenta de la Cámara.

Y todo indica que la situación se complicará. Cunha cometió el error de impugnar al fiscal general Rodrigo Janot en cuanto su nombre fue incluido en la lista de políticos investigados. Por si fuera poco, el espíritu de cuerpo de la sagrada hermandad del Ministerio Público, Janot aspira a su reelección. Si no procede con la acción contra el presidente de la Cámara, podría dar la impresión a algunos colegas de estar haciendo concesiones para asegurar la nominación de Dilma, quien a su vez también se encontrará entre la espada y la pared: si propone su reelección en el Senado, ofenderá a sus aliados. Si no lo hace, será acusada de contribuir al encubrimiento de las investigaciones de la Lava Jato. Por lo tanto, no es improbable que Janot solicite al Tribunal Supremo la destitución de Cunha, alegando, al igual que Moro en relación con los contratistas y otros sospechosos de la Lava Jato, su poder para obstruir las investigaciones.

Además, en cuanto termine el receso, Cunha necesitará votos para rechazar, en la CPI (Comisión Parlamentaria de Investigación), la solicitud de confrontación entre él y el denunciante Julio Camargo. Es improbable que la Cámara someta a su presidente a tal humillación, pero el mero hecho de tener que luchar contra tal posibilidad debilitará aún más a Cunha.

La pregunta clave es: ¿hasta qué punto puede Cunha causar daño al gobierno antes de ser herido de muerte? Quizás mucho, pero ya ha perdido una ventaja: la de liderar un proceso de destitución contra Dilma. Mientras siga en el centro de la tormenta, el gobierno, si es competente, puede desarmar las armas que apuntan contra Dilma.

 

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.