Bakú se convirtió en discurso, la COP30 en Belém necesita convertirse en acción
La COP30, en Belém, será el momento de demostrar que preservar también significa reconocer el valor humano del bosque.
Mientras lees esto, la Amazonia presta un servicio esencial al planeta. Según cálculos de la ONU y el Banco Mundial, el bioma genera aproximadamente 317 000 millones de dólares estadounidenses al año en servicios ambientales gratuitos. Produce oxígeno, regula el clima, purifica el agua e influye en las precipitaciones continentales.
Estos servicios, vitales para la agricultura y la estabilidad global, no se remuneran ni se contabilizan en las cuentas nacionales. Es como si Brasil operara una central eléctrica ecológica continuamente, sin ningún rendimiento financiero. El país paga para mantener la maquinaria que garantiza la fertilidad en campos extranjeros y la estabilidad en economías lejanas.
La COP29, celebrada en Azerbaiyán en 2024, terminó como un espectáculo predecible. Las potencias industriales anunciaron 300 000 millones de dólares para el fondo climático hasta 2035, una promesa inferior a la cantidad que genera la Amazonia en un solo año. Mientras tanto, 11,5 millones de hectáreas de bosque se quemaron en 2024.
Según MapBiomas, esta área quemada es más grande que Corea del Sur. La ONU ha estimado el daño climático global en 957 000 millones de dólares. Cada hectárea de selva amazónica genera 8.290 dólares al año en servicios ecosistémicos. Multiplicado por los 550 millones de hectáreas del bioma, el resultado alcanza los 4,5 billones de dólares anuales: el PIB de Alemania.
En noviembre, Belém acogerá la COP30, una conferencia que podría redefinir el papel de Brasil en el siglo XXI. El reto es comprender que preservar no significa renunciar a la riqueza, sino crear valor a partir de la vida. El bosque no es un obstáculo para el progreso; es su fuente más estable.
Según el IPAM (Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía), creado en 1995, la bioeconomía amazónica genera actualmente solo 7 mil millones de dólares anuales, menos del 0,3 % del PIB del país. Es el retrato de un país que posee el mayor patrimonio biológico del planeta y que aún lo trata como una nota al pie.
La cuenta de la desigualdad
Mientras Noruega acumula 200 millones de dólares anuales con su fondo petrolero soberano, Brasil descuida una riqueza de valor incalculable. Desde Manaos hasta Santarém, los laboratorios transforman extractos amazónicos en cosméticos que, al cruzar el Atlántico, ven sus precios multiplicarse por cincuenta.
Un ejemplo: una crema hidratante francesa hecha con aceite de burití cuesta 180 €. El ribereño que cosechó la fruta recibió 2 R$. Esta diferencia no es solo comercial; es moral. Mide la distancia entre quienes descubren el valor y quienes simplemente lo extraen. La selva pierde, el país se empobrece y el mundo se beneficia.
La Amazonia no necesita caridad internacional. Necesita su propio modelo económico, basado en la ciencia, la innovación y la justicia social. La región alberga 2.500 especies de plantas con potencial farmacéutico, pero solo el 1 % ha sido estudiado. El resto duerme plácidamente bajo las copas de los árboles.
El açaí, que genera 1,5 millones de dólares anuales, muestra el camino posible. Un producto local se ha globalizado, transformando los alimentos de las comunidades ribereñas en energía para la exportación. Si el país aplicara la misma estrategia a otras 2.499 especies, la bioeconomía superaría a la agroindustria en menos de una década.
La prueba final
La COP30 pondrá a prueba la madurez de Brasil ante su propio destino. El país necesita demostrar que puede combinar soberanía, conocimiento e inclusión social. El bosque en pie es la base de una nueva economía: regenerativa, sofisticada y sostenible.
En las calles de Belém, los carreteros venden açaí por R$ 5 mientras ejecutivos extranjeros negocian miles de millones en fondos de carbono.
Entre estos dos mundos se encuentra el futuro del país. La pregunta final es tan simple como incómoda: ¿hasta cuándo Brasil cederá su mayor fortuna sin reconocerla como suya?
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.



