La bandera de Estados Unidos en la Avenida Paulista tiene un mensaje político, no sólo un mensaje de rendición.
Fue un mensaje calculado, alineado con la agenda internacional de la ultraderecha. Veremos cuáles son los próximos pasos de Trump y la reacción de Brasilia.
La bandera estadounidense ondeando en la Avenida Paulista el 7 de septiembre no debería verse simplemente como una señal de ignorancia o de rendición de Bolsonaro. El gesto transmite un mensaje político, dirigido a Donald Trump, y revela la sumisión de la extrema derecha brasileña a los líderes extranjeros.
El mensaje provino del congresista Eduardo Bolsonaro (PL-SP), quien se encuentra en una especie de exilio informal en Estados Unidos. Al proyectar la bandera en el principal mitin pro-Bolsonaro de 2025, el hijo del expresidente le indicó a Trump que sus aliados en Brasil cuentan con su intervención.
El pedido implícito es que Washington aumente los castigos y sanciones contra las autoridades brasileñas, especialmente los jueces de la Corte Suprema, mientras Jair Bolsonaro (PL) enfrenta un juicio por intento de golpe de Estado y podría enfrentar hasta 43 años de prisión.
El Supremo Tribunal Federal reanuda este martes (9), a las 9:00 h, el juicio que tiene como acusados al expresidente Bolsonaro y a siete exmiembros de su gobierno. El relator, el ministro Alexandre de Moraes, abre la votación. Blog do Esmael transmitirá la sesión en directo.
Esta inusual exhibición de la bandera estadounidense coincidió con el desfile oficial en Brasilia, donde el presidente Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores) vistió de amarillo y verde y reafirmó su compromiso con la soberanía nacional. La contradicción era evidente: mientras el gobierno ensalzaba la independencia, la oposición de derecha daba cabida a símbolos extranjeros.
En segundo plano, también hay movimientos militares estadounidenses. La flota de guerra estadounidense está estacionada cerca de la costa norte de Brasil con el pretexto de contener la Venezuela de Nicolás Maduro. Pero, dada la abierta militancia de Trump contra Lula y la inminente disputa en 2026, no es descabellado pensar que Brasil también podría estar en el radar de la presión externa.
El episodio, por lo tanto, no fue un golpe bajo para el bolsonarismo. Al contrario, fue un mensaje calculado, alineado con la agenda internacional de la ultraderecha. Veremos cuáles son los próximos pasos de Trump y la reacción de Brasilia.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.


