El bolsonarismo pierde incluso cuando gana
La lucha entre Popó y Wanderlei escenificó, en carne y hueso, el bolsonarismo: el golpe bajo como estilo, la regla ignorada como método, la destrucción como espectáculo.
Ayer se produjo esta pelea amañada entre Popó y Wanderlei Silva, en Spaten Fight Night 2. Dos veteranos del ring, uno en el boxeo, el otro en las MMA, ya pasados su mejor momento, en un espectáculo que nunca fue un deporte real, sólo entretenimiento para vender entradas y generar repercusión.
En el ring, Wanderlei ignoró las reglas, conectó tres cabezazos ilegales y fue descalificado. Popó ganó sin esfuerzo, formalmente, sin una pelea real. Hasta el momento, el empate era 0-0; quienes pagaron recibieron su merecido.
Pero entonces llegó el gran final: como si la rareza innata no fuera suficiente, se desató una pelea a gran escala: empujones, hospitalización, narices rotas. En otras palabras, nadie ganó nada.
Esta escena, a pesar de su mediocridad, es una buena metáfora para reflexionar sobre la política. No por la importancia de la lucha, de la que carece, sino por la lógica que revela: una representación que da un vuelco, una farsa que termina en violencia y deja a todos derrotados.
El bolsonarismo opera bajo el mismo principio. Es un espectáculo grotesco, una farsa política, sustentada por mentiras, violencia y teatralidad. Se nutre del caos que crea y la polarización que explota.
Incluso cuando parece ganar, ya ha perdido. Es la lógica corrosiva: el bolsonarismo pierde incluso cuando gana. Cada "victoria" es una derrota disfrazada, un triunfo que deja al país más dividido, más exhausto, más desmoralizado.
Y no es poca cosa que ambos sigan a Bolsonaro. Porque ahí, en carne y hueso, estaba la gramática de este movimiento: el golpe bajo como estilo, el desacato como método, la destrucción como espectáculo.
Al final, la imagen que quedó fue la más irónica: Wanderlei Silva, desleal en el ring, terminó siendo víctima de su propia deslealtad. Recibió un puñetazo en el ojo y quedó inconsciente, con el rostro hinchado, simbolizando el grotesco epílogo de esta farsa.
Así funciona el bolsonarismo: es injusto, pierde incluso cuando gana y, si no cambiamos de opinión, puede arrastrar consigo a un país entero.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
