Ricardo Queiroz Pinheiro avatar

Ricardo Queiroz Pinheiro

Bibliotecaria e investigadora, activista del libro y la lectura, estudiante de doctorado en Ciencias Humanas y Sociales (UFABC)

35 Artículos

INICIO > blog

El bolsonarismo pierde incluso cuando gana

La lucha entre Popó y Wanderlei escenificó, en carne y hueso, el bolsonarismo: el golpe bajo como estilo, la regla ignorada como método, la destrucción como espectáculo.

Popó y Wanderlei Silva (Foto: Reproducción/Captura de pantalla del video GE)

Ayer se produjo esta pelea amañada entre Popó y Wanderlei Silva, en Spaten Fight Night 2. Dos veteranos del ring, uno en el boxeo, el otro en las MMA, ya pasados ​​su mejor momento, en un espectáculo que nunca fue un deporte real, sólo entretenimiento para vender entradas y generar repercusión.

En el ring, Wanderlei ignoró las reglas, conectó tres cabezazos ilegales y fue descalificado. Popó ganó sin esfuerzo, formalmente, sin una pelea real. Hasta el momento, el empate era 0-0; quienes pagaron recibieron su merecido.

Pero entonces llegó el gran final: como si la rareza innata no fuera suficiente, se desató una pelea a gran escala: empujones, hospitalización, narices rotas. En otras palabras, nadie ganó nada.

Esta escena, a pesar de su mediocridad, es una buena metáfora para reflexionar sobre la política. No por la importancia de la lucha, de la que carece, sino por la lógica que revela: una representación que da un vuelco, una farsa que termina en violencia y deja a todos derrotados.

El bolsonarismo opera bajo el mismo principio. Es un espectáculo grotesco, una farsa política, sustentada por mentiras, violencia y teatralidad. Se nutre del caos que crea y la polarización que explota.

Incluso cuando parece ganar, ya ha perdido. Es la lógica corrosiva: el bolsonarismo pierde incluso cuando gana. Cada "victoria" es una derrota disfrazada, un triunfo que deja al país más dividido, más exhausto, más desmoralizado.

Y no es poca cosa que ambos sigan a Bolsonaro. Porque ahí, en carne y hueso, estaba la gramática de este movimiento: el golpe bajo como estilo, el desacato como método, la destrucción como espectáculo.

Al final, la imagen que quedó fue la más irónica: Wanderlei Silva, desleal en el ring, terminó siendo víctima de su propia deslealtad. Recibió un puñetazo en el ojo y quedó inconsciente, con el rostro hinchado, simbolizando el grotesco epílogo de esta farsa.

Así funciona el bolsonarismo: es injusto, pierde incluso cuando gana y, si no cambiamos de opinión, puede arrastrar consigo a un país entero.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.