Bolsonaro, Covidin y corrupción
“La mayor parte de los acontecimientos en el caso de Covaxin ocurrieron cuando Brasil superó la marca de las 300 muertes por Covid-19”, destaca Marcelo Uchôa. “Es decir, mientras el país se consolidaba como el epicentro de la pandemia y la gente moría a una escala colosal”, afirma.
Por Marcelo Uchôa
La sesión del Senado sobre el IPC para la COVID-19 celebrada ayer, 25 de junio, fue histórica, con el testimonio del titular de la división de importaciones del Ministerio de Salud, Luís Ricardo Miranda, y su hermano, el diputado federal Luis Miranda. Durante la sesión, aclararon la presión gubernamental que recibió Luis Ricardo para autorizar los trámites burocráticos para la importación de la vacuna Covaxin, producida por el laboratorio indio Bharat Biotech, a un precio inflado en un 1000%, R$ 1,614 millones por 20 millones de dosis, es decir, R$ 80,70 por unidad.
También hicieron comentarios sobre las amenazas recibidas de funcionarios del gobierno, especialmente a través de intimidaciones que involucraron a la policía federal, después de negar que hubieran informado del complot al Presidente de la República y que este hubiera ignorado la información, sin tomar medidas.
En resumen:
La funcionaria Regina Célia Silva Oliveira, quien, según Luis Ricardo Miranda, intentó forzar su aceptación administrativa de la autorización contractual para la importación de la vacuna Covaxin en condiciones inequívocamente temerarias, fue designada por el Ministro de Salud de Michel Temer, el diputado Ricardo Barros, actual líder del gobierno de Bolsonaro en la Cámara de Diputados.
Ricardo Barros ya enfrenta cargos por mala conducta administrativa por favorecer a la empresa Global Saude, socia de Precisa, que actuó como intermediaria en la importación de Covaxin mediante operaciones sospechosas, incluyendo el pago anticipado de US$45 millones a la empresa offshore Madison Biotech, con sede en una dirección fantasma en Singapur. Fue Barros quien, a principios de febrero, presentó una enmienda a la Medida Provisional 1.026/2021, incluyendo el punto VI del artículo 16, para permitir la importación de vacunas avaladas por la Organización Central de Control de Estándares de Medicamentos (CDSCO) de la India, sin contar la autorización previa de Anvisa (la agencia reguladora sanitaria brasileña). En efecto, fue Ricardo Barros, líder del gobierno de Bolsonaro en la Cámara de Diputados, quien facilitó la autorización legal para la importación de Covaxin. El 29 de abril, Barros se quejó públicamente ante Anvisa por el aplazamiento de la autorización para importar la vacuna india.
El gobierno de Bolsonaro ignoró los correos electrónicos que ofrecían vacunas de diversas farmacéuticas, pero insistió en acelerar la compra de Covaxin por US$15, un precio mil veces superior al precio inicial de US$1,34 presentado por el propio laboratorio. Cabe recordar que, en su testimonio ante la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI), el exministro de Salud, Eduardo Pazuello, declaró que retrasó la compra de las vacunas de Pfizer debido a su precio de US$10, razón que no impidió el interés por la vacuna india a un precio más elevado. El Ministerio de Relaciones Exteriores, a través de la embajada brasileña en India, intervino en la operación. Si bien el gobierno niega ahora la compra, el 25 de febrero se anunció oficialmente. Tres días antes, el 22, se había emitido una orden de compra por valor de R$1,614 millones. A principios de este mes (5 de junio), Anvisa autorizó la importación del agente inmunizante solicitado por el Ministerio de Salud, tras varias correcciones respecto a la escasa información sobre producción, calidad y eficacia.
Se sabe que el senador Flávio Bolsonaro intervino ante el BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) para facilitar una audiencia en nombre de Francisco Maximiano, ejecutivo de la importadora Precisa. Este mismo ejecutivo no se presentó ante la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre la COVID-19 esta semana (23 de junio) y ya presentó un recurso de habeas corpus para ser eximido de futuras declaraciones.
El diputado federal Luis Miranda, en su testimonio, demostró haber informado al presidente de la República sobre la estafa. Según él, el presidente le confió que sabía el nombre del diputado responsable: «Un asunto de Ricardo Barros». Bolsonaro, a través del ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Onyx Lorenzoni, amenazó con llamar a la policía federal contra los hermanos que lo denunciaron, pero no hizo nada contra el jefe de su gobierno. ¿Por qué? Pues porque, casi con toda seguridad, no tiene ningún interés personal en la megaadquisición inflada.
Queda por ver si Ricardo Barros cargará solo con el peso de estas graves acusaciones o si expondrá a su jefe, esclareciendo así las complejidades de la trama y el papel de los implicados. Ricardo Barros, quien ya carga con el estigma de haber sido protagonista directo del desmantelamiento del programa Mais Médicos, se encuentra inmerso en el escándalo de corrupción más grave del gobierno de Bolsonaro, si es que no surge algo aún peor relacionado con la obsesión del gobierno con la cloroquina. Casualmente, la mayor parte de los acontecimientos del caso Covaxin se produjeron cuando Brasil superó la cifra de 300 muertes por Covid-19. Es decir, mientras el país se encontraba en el epicentro de la pandemia y la gente moría a una escala colosal, incluso por falta de oxígeno, las altas autoridades brasileñas estaban absortas en malversar fondos públicos, enriqueciéndose en un escándalo de corrupción masivo, que incluía cambios de leyes a demanda, retrasos en la compra de vacunas para favorecer adquisiciones a precios exorbitantes, envío de dinero a paraísos fiscales, amenazas y demás. Una inhumanidad que dejaría sin palabras a cualquier genocida.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
