Bolsonaro atrapado entre la disciplina militar y la indisciplina.
"¿Jair Bolsonaro, en presencia del comandante, apoyará a las fuerzas o al general indisciplinado?", pregunta el periodista César Fonseca sobre la situación del exministro Eduardo Pazuell.
¿Obedecerá o desobedecerá?
Está prevista para hoy en Amazonas una reunión entre el presidente de la República, Jair Bolsonaro, y el comandante del Ejército brasileño, Paulo Sérgio, en medio de la crisis militar provocada por el exministro de Salud, general Pazuello, quien, siendo militar en servicio activo, subió a la tarima del Presidente en un acto político en Río de Janeiro, algo prohibido por las normas de las Fuerzas Armadas, de acuerdo con la Constitución.
Ante el comandante, ¿Bolsonaro apoyará a las Fuerzas Armadas o al general indisciplinado?
Si sigue la ley de los cuarteles, respaldada por el texto constitucional, opta por la legalidad y la democracia; si no lo hace y busca el compromiso para salvar a Pazuello, quien mintió explícitamente en el CPI sobre su responsabilidad al recomendar la cloroquina a la población en contra de las orientaciones científicas, se enfrenta a quienes lo han apoyado hasta ahora.
El general Paulo Sérgio está dispuesto a reunirse con Pazuello, quien presentará sus justificaciones para quien desobedezca sus obligaciones profesionales, inaceptables para la corporación; por lo tanto, le dirá al presidente Bolsonaro que no puede desviarse de sus regulaciones, de sus obligaciones constitucionales, bajo pena de incentivar la desobediencia jerárquica; es decir, estaría avalando la indisciplina y los golpes internos en las Fuerzas Armadas; ¿continuaría o renunciaría a su cargo?
¿Qué dirá Bolsonaro?
Por supuesto, no romperá los reglamentos delante de quien está obligado a obedecerlos, pero podrá recomendar –¿o exigir?– que el castigo sea leve.
Hacerlo equivaldría a invocar el famoso "jeitinho" brasileño (una forma de evadir las reglas) de barrer las graves violaciones de las normas institucionales que están en curso.
Las declaraciones del general retirado Paulo Chagas en entrevista hoy con Correio Braziliense dejan claros los peligros que enfrenta el comandante del Ejército, precisamente en el momento en que se realiza la Comisión Parlamentaria de Investigación que investiga al gobierno y su desastrosa política de respuesta a la pandemia, que ya mató a más de 454 personas.
La presión que se espera enfrente el general Paulo Sérgio por parte de Bolsonaro está precedida, a su vez, por declaraciones ya hechas por el ministro de Defensa, general Braga Neto, a favor de un "jeitinho" (término brasileño para doblar las reglas o encontrar una manera de evadirlas).
Braga defendió la polémica iniciativa del expresidente Temer de moderar los castigos a los generales ante fallas en la reglamentación militar, es decir, lo contrario de lo que estipula la máxima ley militar, que es que se impongan castigos más severos a los altos mandos para que sirvan de ejemplo a la tropa, pues de lo contrario el pandemonio se apoderaría de las tropas.
Lecciones de la historia
El hecho es que la historia se repite, como una farsa, en la tumultuosa relación de Bolsonaro con los militares; su destitución de las filas militares el 16 de junio de 1988, por indisciplina funcional, cuando, siendo teniente, abogó en la revista Veja en 1986 por aumentos salariales para sus compañeros, enfrentándose a sus superiores, ¿se repetiría ahora, en circunstancias históricas diferentes?
Cabe señalar que fue el expresidente Geisel quien abogó por la destitución y prisión de Bolsonaro por violar las normas militares, considerándolo un villano militar; el Tribunal Superior Militar, contrariamente a los pronunciamientos de Geisel, optó por un compromiso: liberó al entonces teniente Bolsonaro de la prisión y lo jubiló como capitán.
Según los historiadores del presidente, este episodio representó el punto de partida de su carrera política; su acto de indisciplina atrajo adeptos que lo llevarían a la Cámara de Diputados, donde permaneció durante 28 años, cumpliendo, como es sabido, un mandato mediocre.
¿Se atrevería ahora Bolsonaro a cometer otro acto de indisciplina, el de apoyar a alguien que rompe con las reglas corporativas para promover sus objetivos de politizar las fuerzas armadas?
Esto podría crear disenso no sólo dentro del Ejército, sino también dentro del propio gobierno; el vicepresidente general Hamilton Mourão fue el primero en abogar por castigar a Pazuello, considerando su comportamiento inaceptable; de igual manera se destacó el general Augusto Heleno, el poderoso comandante de la ABIN (Agencia Brasileña de Inteligencia), que se opuso, de acuerdo con las reglas, a la participación de militares en servicio activo en eventos políticos patrocinados por el presidente.
Por eso, en la reunión con el comandante general del Ejército en Amazonas, donde Pazuello demostró ser un fracaso como gestor sanitario, Bolsonaro tiene todas las cartas: puede desactivar una crisis o profundizarla, si da rienda suelta a sus tendencias políticas impulsivas y negacionistas e insiste en proteger al general indisciplinado bajo su ala.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
