Avatar de Chico Junior

Chico Junior

Periodista, escritora y comunicadora

120 Artículos

INICIO > blog

Bolsonaro, el rey de las mentiras, es el diablo.

Jair Bolsonaro (Foto: REUTERS/Ueslei Marcelino)

Las religiones, ya sean monoteístas o politeístas, coexisten con dos "personajes" centrales: Dios (o dioses) y los demonios.

Si citamos, por ejemplo, dos de las principales religiones del mundo —el cristianismo y el islam— vemos que la presencia del diablo es tan frecuente como la de Dios. En la imaginación popular, Dios (o Alá, en el caso del islam) no podría existir sin el diablo. Recordemos el encuentro entre Jesucristo y el diablo durante su peregrinación por el desierto. Aun sabiendo que Jesús era guiado por Dios, el diablo lo atormentaba.

Dios y el diablo, uno no puede existir sin el otro. En realidad, las religiones monoteístas (el cristianismo y el islam, por ejemplo) no son monoteístas, sino dualistas, en las que Dios simboliza el bien y el diablo, el mal. Esto facilita la explicación de la naturaleza antagónica de estas entidades.

En las misas católicas y en los servicios evangélicos (especialmente en estos últimos), se menciona al diablo con tanta frecuencia como a Dios o al mismo Jesús, o incluso con mayor frecuencia.

Por lo tanto, las religiones "monoteístas" nos llevan a creer que no se puede creer en Dios sin creer en su contraparte, que es el diablo.

Bueno, el propósito del prólogo anterior es crear un ambiente que nos permita intentar comprender la oportunista relación de Jair Bolsonaro con Dios. Y con el diablo, obviamente. El lema de campaña de Bolsonaro, «Brasil por encima de todo; Dios por encima de todos», no es más que un juego de palabras, porque, sinceramente, no creo que Bolsonaro crea en Dios.

Tampoco creo que quienes explotan la fe de otros, como Edir Macedo, Silas Malafaia, RR Soares, Marcos Feliciano y otros "pastores", crean en Dios.

Bolsonaro, un mentiroso habitual, ofende y viola constantemente el octavo mandamiento de la ley divina (No darás falso testimonio), que condena la mentira. No le importa; miente con frecuencia y da falso testimonio descaradamente, siempre. No le importan las consecuencias de sus engaños, con tal de lograr su proyecto de poder absoluto. Como considera demonios a sus adversarios, le resulta fácil presentarlos como representantes del mal. Sus seguidores (tanto fanáticos como no fanáticos) creen esto, en las supuestas verdades de sus mentiras.

 Bolsonaro no cree en Dios, pero sin duda cree en el diablo. De hecho, más que eso, él mismo es el diablo. Y pretende convertir Brasil en un infierno para sentirse más cómodo.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.