Bolsonaro tendrá que revelar lo que sabe sobre la ejecución en Santa Cruz; el caso podría reabrirse.
“Como un elefante en una cacharrería, cada vez más dictador y menos presidente de la República, Bolsonaro saca a relucir innecesariamente un tema delicado que lo identifica con la sangrienta dictadura del 64”, analiza el periodista Alex Solnik.
Por Alex Solnik, para el Periodistas por la democracia
En respuesta al ataque gratuito sufrido por él, la memoria de su padre y la democracia brasileña, el presidente de la OAB (Oficina de Abogados de Brasil), Felipe Santa Cruz, presentó una petición ante el Supremo Tribunal Federal (STF) instando a Bolsonaro a revelar todo lo que sabe sobre el asesinato de Fernando Santa Cruz, de 26 años, en marzo de 1974, del cual se jactó públicamente.
Según informes, habría sido incinerado en el horno de un ingenio azucarero tras ser arrestado por el DOI-Codi, el brazo clandestino del Ejército brasileño, acusado de pertenecer a la APML (Acción Popular Marxista-Leninista), que no era "sanguinaria", como afirmaba Bolsonaro, ni participaba en la lucha armada. Sin embargo, no existe una explicación oficial sobre su desaparición.
Según la ONU, crímenes atroces como este no prescriben. Incluso sin proponérselo, Bolsonaro ha propiciado la reapertura de la investigación sobre el asesinato del padre del presidente del Colegio de Abogados de Brasil.
Resultaba difícil defender la postura de Bolsonaro. Incluso llegó a ser rechazado por aliados como João Dória, quien la calificó de "inaceptable".
Como un elefante en una cacharrería, cada vez más dictador y menos presidente de la República, Bolsonaro saca a relucir innecesariamente un tema delicado que lo identifica con la sangrienta dictadura del 64 —cuya existencia siempre ha negado— y lo expone como un admirador de los torturadores y un tirano cruel, razón por la cual es cada vez más repudiado por la comunidad internacional civilizada.
El ala derecha menos agresiva del país también está abandonando su tren fantasma.
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*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

