Brasil debe preservar su soberanía y rechazar el falso dilema “EE.UU. o China”
Corresponde a Brasil negociar con firmeza, sin renunciar a su autonomía ante cualquier presión.
Por José Reinaldo Carvalho - La cumbre entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y Donald Trump, de Estados Unidos, representa una importante oportunidad diplomática para Brasil. Al mismo tiempo, es un momento para estar alerta y evitar que los intereses nacionales sean objeto de chantaje. Brasil ha afirmado su soberanía como un valor innegociable. Se abre la posibilidad de la eliminación de los aranceles impuestos arbitrariamente por Trump, la derogación de las disposiciones de la infame Ley Magnitsky aplicada contra el juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes y la búsqueda de soluciones diplomáticas para apaciguar la agresión estadounidense contra Venezuela. La declaración de Lula tuvo una fuerte repercusión: «Ayudaremos con el problema de Venezuela porque Sudamérica debe mantenerse como una zona de paz».
Sin embargo, una declaración del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, destacó los intentos de Estados Unidos de interferir en los asuntos brasileños y reveló los verdaderos intereses estratégicos de su relación con Brasil. "Creemos que, a largo plazo, es beneficioso para Brasil convertirnos en su socio comercial preferente, en lugar de China, debido a nuestra geografía, nuestra cultura y nuestra alineación en muchos aspectos", declaró.
Este posicionamiento constituye un intento evidente de forzar una alineación estratégica entre Brasil y EE.UU., imponiendo efectivamente una distancia entre Brasil y China.
Es ciertamente positivo que Brasil y Estados Unidos celebren esta reunión de alto nivel. El diálogo entre jefes de Estado puede acelerar la toma de decisiones, iniciar negociaciones y mejorar el entendimiento mutuo, siempre que Brasil participe con plena conciencia de sus intereses, con total autonomía y se comprometa con su contraparte en una agenda estrictamente relacionada con asuntos bilaterales. Cualquier propuesta comercial o estratégica presentada por Estados Unidos debe analizarse desde la perspectiva de los beneficios reales para Brasil y nunca debe implicar negociaciones que impliquen alineamientos geopolíticos. La época en que la diplomacia brasileña se guiaba por el alineamiento automático con Estados Unidos, bajo la égida de un estribillo antinacional de que «lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para Brasil», es cosa del pasado.
El argumento de que Brasil debe "elegir" entre Estados Unidos y China como socio comercial preferente es falso y peligroso. Presentar esta elección como inevitable equivale a aceptar un chantaje diplomático. Brasil es un país emergente, miembro del BRICS, y China, a su vez, se posiciona como una potencia cooperativa y multilateralista, con la que Brasil ha desarrollado una relación definida como una "comunidad de futuro compartido en la nueva era". China no impone condicionalidades, no establece requisitos de alineamiento basados en posiciones políticas, participa en la geopolítica de áreas de influencia, forma alianzas basadas en "intereses vitales" contra terceros y no concluye pactos que impliquen disputas con países o bloques.
Estados Unidos, por su parte, ha alternado históricamente discursos de colaboración con mecanismos de unilateralismo e imposición, injerencia en asuntos internos, subordinación a sus intereses exclusivos, adopción de sistemas políticos basados en sus valores y compromisos que fortalecen su hegemonía en el mundo. Esta situación exige la máxima cautela por parte del Palacio de Planalto y del Ministerio de Relaciones Exteriores, y un compromiso inquebrantable con la autodeterminación nacional.
A pesar de ello, no es raro que aparezcan en los medios de comunicación, en la academia, en sectores diplomáticos, militares y políticos de la derecha e incluso de ciertos sectores de la "izquierda" propuestas para que Brasil adopte la llamada "equidistancia pragmática" de Brasil frente a EE.UU. y China, incluyendo alusiones descontextualizadas al momento histórico en que Getúlio Vargas ejerció tal equidistancia en la relación que involucraba a Estados Unidos, en aquel momento un potencial aliado de las fuerzas democráticas del mundo en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, y la Alemania nazi.
Obviamente, este es un falso dilema.
La tan cacareada equidistancia, tal como se presenta, es un término vago que oculta la renuncia a posiciones estratégicas claras. Y respecto a las declaraciones claramente chantajistas y amenazantes de Marco Rubio, es necesario reafirmar constante y claramente que Brasil no necesita ni debe someterse a imposiciones externas con respecto a sus socios preferidos. Puede y debe elegir de forma autónoma, con base en criterios de beneficio nacional, diversificación y soberanía.
El 20 de noviembre de 2024, Xi Jinping visitó Brasil y se reunió con Lula en Brasilia, cuando ambos líderes anunciaron que estaban elevando las relaciones bilaterales al nivel de una “Comunidad de Futuro Compartido” entre China y Brasil.
China y Brasil han decidido elevar formalmente sus relaciones bilaterales al nivel de "Comunidad de Futuro Compartido China-Brasil para un Mundo más Justo y un Planeta más Sostenible".
Los dos líderes reconocieron que, en los cincuenta años transcurridos desde el establecimiento de relaciones diplomáticas, la relación ha resistido cambios rápidos y turbulencias internacionales, manteniendo un desarrollo constante y positivo.
Brasil fue pionero en el reconocimiento de China como economía de mercado en 2004, y en 2012 se convirtió en el primer país de América Latina y el Caribe en establecer una Asociación Estratégica Global con China. China se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil. Ambos países han firmado decenas de acuerdos, memorandos y protocolos de cooperación en áreas como tecnología, infraestructura, energías limpias e inteligencia artificial.
En términos de cooperación estratégica, ambos países se comprometieron a establecer sinergias entre la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China y las estrategias de desarrollo brasileñas (como el Programa de Aceleración del Crecimiento, el Plan de la Nueva Industria Brasileña, el Plan de Transformación Ecológica y el Programa de Rutas de Integración Sudamericana) y a promover una cooperación pragmática en áreas clave como finanzas, infraestructura, cadenas de suministro, inversión, transformación ecológica, ciencia, tecnología e innovación. No se trata solo de vender soja, minerales, carne o productos agrícolas. La cooperación entre Brasil y China abarca proyectos de infraestructura, inversión en capacidad productiva, cadenas de valor y un mayor grado de multilateralismo.
A nivel internacional, China reafirmó su apoyo a Brasil en la práctica del multilateralismo genuino y su participación en foros globales, como el BRICS.
En el ámbito cultural y en términos de intercambios entre pueblos, los dos países se comprometieron a intensificar el diálogo, promover el entendimiento mutuo y ampliar los intercambios educativos, científicos y tecnológicos.
Por lo tanto, la relación entre Brasil y China ofrece ventajas pragmáticas y tangibles para Brasil en múltiples áreas. Estas alianzas permiten a Brasil acelerar su modernización, diversificar mercados, reducir la dependencia de las exportaciones primarias y avanzar hacia cadenas productivas de mayor valor. Además, la coordinación multilateral con China permite a Brasil fortalecer su posición internacional, no como un satélite, sino como un actor autónomo.
Cuando Estados Unidos impone que Brasil acceda a su red de socios a través de Washington, ignorando los vínculos ya establecidos con China, esto constituye un intento de dominar la agenda económica brasileña bajo la lógica geopolítica del imperialismo estadounidense. Para Brasil, caer en esta trampa significaría renunciar a su autonomía, lo cual es inapropiado para una nación soberana emergente.
Brasil tiene razón al mantener y fortalecer su relación con China, por razones comerciales, tecnológicas y estratégicas. Esta alianza ofrece valores concretos, diversificación, inversión y una vía para el desarrollo nacional. Al mismo tiempo, un enfoque automático o preferencial hacia Estados Unidos, especialmente bajo el marco de "o EE. UU. o China", es una trampa soberana y estratégica que Brasil no puede aceptar. Estados Unidos actualmente no ofrece una propuesta tan amplia ni alineada con el desarrollo estructural del país, sino más bien una combinación de restricciones comerciales y geopolíticas, lo que puede generar dependencias o vulnerabilidades.
La cumbre entre los presidentes de Estados Unidos y Brasil es una oportunidad bienvenida, pero no puede convertirse en una trampa. Brasil debe negociar con inteligencia, firmeza y autonomía. Es inaceptable enfrentarse a un falso dilema de "o EE. UU. o China". La relación con China tiene una profunda base pragmática histórica. Por otro lado, alinearse automáticamente con EE. UU. comprometería el interés nacional.
Para que la nueva etapa de las relaciones con Estados Unidos, inaugurada con el encuentro entre Lula y Trump en Kuala Lumpur, sea positiva, Brasil debe entrar en negociaciones objetivas y pragmáticas, sin ceder a presiones y con la plena conciencia de que su prioridad son los intereses nacionales, lo que implica una visión estratégica integral sobre cómo conducir su política exterior activa, orgullosa y soberana.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.



