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Alex Solnik

Alex Solnik, periodista, es autor de "El día que conocí a Brilhante Ustra" (Editorial Geração)

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Cadáver embalsamado

Galípolo hizo una broma en lugar de golpear la mesa con el puño.

Logotipo de Banco Master - 18/11/2025 (Foto: REUTERS/Amanda Perobelli)

Cuando, el 18 de noviembre del año pasado, el Banco Central decretó la liquidación del Banco Master, los pequeños inversores respiraron aliviados. Estaban seguros de que sus inversiones de hasta R$250 se recuperarían a tiempo para celebrar la Navidad y el Año Nuevo.

Ya pasó la Navidad, y también el Año Nuevo. A estas alturas, ni siquiera tienen esperanza de que les reembolsen el dinero antes del Carnaval.

Es preocupante ver que un banquero con un historial manchado esté ganando la lucha de poder con la autoridad monetaria, posponiendo indefinidamente su caída.

Es momento de preguntarse si la falta de decisión del presidente del Banco Central, Gabriel Galípolo, se debe a su inexperiencia.

Es de conocimiento público que el prolongado retraso puede atribuirse al TCU (Tribunal de Cuentas de la Unión). Asumiendo el rol de supervisor de la principal autoridad monetaria del país, el ministro Jhonatan de Jesus, cuyo techo de cristal se resquebraja cada vez más, se opuso enérgicamente a la liquidación, a pesar de los informes diarios de prensa que detallaban las actividades fraudulentas y el agujero de R$20 mil millones dejado por el ostentoso banquero.

Su furia fue contenida, pero aun así, el presidente del TCU (Tribunal de Cuentas de la Unión), Vital do Rêgo, insistió en la necesidad de una investigación más rigurosa, no del Banco Master, sino del Banco Central. Sería cómico si no fuera trágico.

El lunes, él y otros colegas convocaron a Galípolo a una reunión donde supuestamente fumarían la pipa de la paz. En lugar de dar puñetazos sobre la mesa (como solían decir) y poner fin a esta farsa, el presidente del Banco Central bromeó: «Extraño la época en que me atacaban por las altas tasas de interés», y accedió a abrir la puerta a una revisión exhaustiva por parte de los defensores de la moral y las buenas prácticas bancarias.

Aunque todo indica que será una revisión liviana, apenas para mostrar, y para que el TCU (Tribunal de Cuentas de la Unión) no salga mal parado, la expectativa es que se prolongue por lo menos un mes.

En otras palabras, durante al menos un mes más, el cadáver del Banco Master permanecerá insepulto, embalsamado como los faraones del Antiguo Egipto.

Y durante al menos otro mes, 1,6 millones de inversores verán disminuir los dividendos que ganaron, dividendos que ganaron durante los buenos viejos tiempos, cuando creían que un banco con un edificio más suntuoso que cualquier competidor era tan sólido que nunca se derrumbaría en el aire, cuando en realidad era un esquema piramidal más grande que la Gran Pirámide de Giza.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

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