Carta a los brasileños (desde la izquierda)
El movimiento social en Brasil necesita liberarse de esta polarización entre los partidos PT y PSDB, escapar de la cooptación y trabajar hacia una alternativa de izquierda que busque el poder en lugar del gobierno.
Al final, Dilma Rousseff consiguió un segundo mandato, derrotando a Aécio Neves, del PSDB. Fue una contienda muy reñida, al igual que en las elecciones de 2010, cuando se enfrentó a José Serra, también del PSDB. Aquel año, como ahora, voté por Dilma, no porque apoyara la agenda de su gobierno, sino porque creo que las cosas quizá no mejoren, sino que sin duda pueden empeorar, y, a mi parecer, Aécio Neves simboliza el retroceso, el agravamiento de un problema.
Mi voto no es un cheque en blanco para Dilma y su partido, ni un voto de confianza en el sistema electoral. Con su política de alianzas con los elementos más inescrupulosos de la política brasileña, el gobierno de Dilma Rousseff no me representa, como tampoco representa a las comunidades indígenas y quilombolas, estas últimas ni siquiera mencionadas en los debates y la publicidad de los candidatos. Creo, además, que no representa a los habitantes de las favelas cuya ocupación por tropas militares fue autorizada por la presidenta. Y también creo que no representa a la parte del movimiento social que no ha sido cooptada por la maquinaria gubernamental.
Por supuesto, me complace ver a las "coxinhas" (término despectivo para la derecha) consumidas por su propio odio al enterarse de que la "dictadura comunista del PT" tendrá cuatro años más de vida, pero no tengo esperanza de que el Partido de los Trabajadores, con todos sus compromisos con el agronegocio, los banqueros, los empresarios e incluso la "guerra contra las drogas" de Washington, pueda volver a las antiguas banderas de lucha del movimiento social. El movimiento social en Brasil necesita liberarse de esta polarización entre el PT y el PSDB, liberarse de la cooptación y trabajar por una alternativa de izquierda, una alternativa que no busque el gobierno, sino el poder, como su objetivo. Para acabar de una vez por todas con esta oligarquía, este coronelismo (caciquismo político local), este poder de las familias que poseen tierras, estaciones de televisión y radio, e incluso estados enteros. Ellos son los verdaderos detentadores del poder en Brasil.
En lo que a mí respecta, regreso a la oposición de izquierda y seguiré poniendo mi arte al servicio del movimiento social. A quienes creen que con mi voto crítico me he unido al gobierno o me he rendido ante él, les pido que refrenen su imprudencia y guarden esta carta para futuras consultas.
Porto Alegre, 27 de octubre de 2014.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

