Celso Furtado: Cómo la deuda pública subyuga la economía brasileña
La dependencia de la deuda mantiene a Brasil atado a la lógica financiera internacional y bloquea un proyecto de desarrollo soberano
El reconocido economista brasileño Celso Furtado, décadas atrás, identificó la deuda pública (en aquel entonces, principalmente la deuda externa) como un riesgo estructural para la soberanía económica y política nacional. Para él, la deuda, cuando no se controla y se inserta en un contexto internacional desfavorable, genera dependencia de las políticas dictadas por los acreedores y los organismos multilaterales, lo que obstaculiza el desarrollo a largo plazo del país. En noviembre de 1998, Brasil se declaró en quiebra, lo que lo obligó a recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), que otorgó, en ese momento, el mayor préstamo en la historia del Fondo: 41,5 millones de dólares. Fue la culminación de una política antinacionalista y de acaparamiento de tierras, cuyo único objetivo era resolver la crisis en los países ricos.
A partir de entonces, surgieron las condicionalidades del FMI, aún presentes en la economía nacional: ajuste fiscal infinito (adopción del concepto de superávit primario en las cuentas públicas), reformas estructurales, privatizaciones y fluctuaciones cambiarias (consolidación del tipo de cambio flotante con metas de inflación a partir de 1999). Brasil, una vez más, estaba "comiendo de la mano" del depredador. El gobierno de Fernando Henrique Cardoso (FHC) fue una lección magistral sobre cómo hacer al país vulnerable a los poderes: bajo este gobierno, las finanzas brasileñas se verían afectadas dos veces más, requiriendo préstamos del FMI en 2001 y 2002.
Desde la década de 1960, Furtado había advertido que las políticas públicas no debían depender del calendario de refinanciación de la deuda ni de la sensibilidad de los flujos financieros a corto plazo. En este caso, se refería a la deuda externa, el principal problema en aquel momento. Como ministro de Planificación de João Goulart, Furtado estructuró el Plan Trienal (1963-1965), que buscaba, entre otras medidas, abordar las restricciones externas, la gestión de la deuda y la vulnerabilidad a los flujos a corto plazo. El economista sabía que es imposible desarrollar una política económica adecuada sin independencia de las restricciones financieras a corto plazo.
Furtado criticó la "trampa de las tasas de interés": argumentó que las tasas de interés persistentemente altas pueden generar una dinámica en la que la deuda se retroalimenta, desviando recursos de la inversión productiva y acentuando la financiarización de la economía. Esto es exactamente lo que ocurre en Brasil hoy: cada aumento de un punto porcentual en la tasa Selic se traduce en 38.000 millones de reales en intereses adicionales a 12 meses. Furtado también recomendó priorizar los superávits de exportación, no solo a efectos contables, sino también como estrategia para reducir la dependencia de los bancos, especialmente para la financiación internacional.
Celso Furtado, desde la década de 1960, ha destacado algunos aspectos de la deuda pública que siguen siendo de gran relevancia hoy en día. Para él, la deuda pública funcionaba como un mecanismo de "nueva dependencia", término que contrastaba con la "vieja dependencia", es decir, el legado colonial que situaba a Brasil en una posición subordinada dentro de la división internacional del trabajo, fenómeno analizado por el economista en su obra. Para el economista, esta "nueva dependencia" representó un cambio en el formato del control externo, en el que las relaciones de poder dejaron de ser directamente comerciales para convertirse en financieras y políticas.
Furtado era consciente de que ambas formas de dependencia hacían a Brasil muy vulnerable. Sin embargo, la nueva dependencia era particularmente perjudicial porque, si bien la industrialización era una vía para superar la antigua dependencia, el crecimiento de la deuda externa reintroducía nuevos tipos de dependencia. Esta dependencia financiera perpetuaba el atraso económico y mantenía a Brasil subordinado a la dinámica del imperialismo. Furtado denunció que los ajustes monetaristas "ortodoxos" de la crisis de la deuda (en el caso de la deuda externa, cuya situación empeoró en la década de 1980) profundizaron la recesión y el desempleo sin abordar los obstáculos estructurales del país, como la industrialización incompleta, las restricciones externas y la desigualdad social.
El análisis económico de Furtado tiene algunos ejes analíticos centrales:
- La deuda externa como vector de dependencia: Más que un simple pasivo financiero, la deuda establece relaciones de poder que determinan las políticas internas. Las condiciones asociadas al acceso a la financiación, impuestas por los acreedores (austeridad fiscal, liberalización financiera, etc.), restringen la autonomía de la política económica en su conjunto, incluyendo la política industrial y de ingresos. Furtado se refería más bien a la deuda externa, el principal problema de su época. Pero el mismo razonamiento se aplica a la deuda interna. La política de lograr un superávit primario a cualquier precio condiciona la política macroeconómica en su conjunto. La política de reindustrialización de este año, por ejemplo, representa una fracción de los gastos por intereses de la deuda.
- Crítica al monetarismo y a los ajustes procíclicos: Furtado criticó las presiones inflacionarias desde una perspectiva monetaria, ignorando las políticas de desarrollo, lo que condujo a largas recesiones, con desempleo y todas sus consecuencias. Consideró las presiones inflacionarias como parte de una estrategia nacional de desarrollo, no como un fin en sí mismas.
- La “restricción externa” y el patrón de financiación del crecimiento: Furtado señaló el recurrente cuello de botella que la economía encontraba en el sector externo, lo que llevó al país a recurrir al endeudamiento externo. Cuando el ciclo económico se revertía (por ejemplo, durante las devaluaciones monetarias), el gobierno tuvo que implementar shocks de ajuste, lo que llevó al país a una recesión. Si bien el país ahora cuenta con reservas internacionales, lo que significa que el cuello de botella ya no es tan grave, el problema persiste, ya que la tasa Selic se mantiene alta para atraer dólares y mantener un tipo de cambio equilibrado, es decir, evitar la devaluación de la moneda, que ejerce presión sobre los precios. Cuando la tasa Selic sube, el diferencial de tasas de interés entre Brasil y el exterior tiende a aumentar (especialmente en términos reales), lo que hace que los activos denominados en reales sean relativamente más atractivos. Esto estimula la entrada de capitales, aumentando la oferta de dólares en el mercado interno. Las importaciones y los bienes con un alto contenido de insumos importados se abaratan relativamente, lo que impacta en otros precios y reduce las presiones inflacionarias a corto plazo en los bienes transables. Además del tipo de cambio, existen otros canales de transmisión de las tasas de interés a los precios, como la demanda y el crédito: las tasas de interés más altas incrementan el costo y restringen el crédito, desalentando el consumo y la inversión y aliviando las presiones de la demanda.
- El desarrollo del mercado interno como estrategia de desarrollo: El economista vinculó la solución al problema de la deuda con el aumento de la capacidad del país para generar divisas y promover el crecimiento económico mediante la expansión del mercado interno. Entre las medidas clave sugeridas se encontraba la expansión del mercado interno mediante mayores ingresos y la reforma agraria, con el objetivo de aumentar la demanda, la productividad y el desarrollo industrial.
Celso Furtado, quien normalmente mantenía una postura política moderada, era plenamente consciente de los efectos nocivos de la deuda, especialmente la externa. Sabía que la vulnerabilidad es mayor cuando predominan los pasivos a corto plazo en moneda extranjera. Por lo tanto, extender los vencimientos, reducir la exposición cambiaria y priorizar el financiamiento en moneda nacional son coherentes con su visión.
El economista veía la estabilidad de precios no como un fin en sí mismo, sino como un medio para el desarrollo nacional. En más de una ocasión, abogó por una moratoria de la deuda como herramienta para reanudar el crecimiento. Abogó por el uso planificado de este recurso, sin improvisaciones, y con preparación política e institucional.
El análisis de Furtado destaca un componente fundamental y actual: la vulnerabilidad estructural de las economías periféricas, subordinadas a la división internacional del trabajo. El sistema internacional tiene una jerarquía, a través de mecanismos como monedas fuertes y débiles, acceso a la tecnología y acceso a bienes de capital, que obliga a los países rezagados a adoptar políticas específicas adaptadas a su situación. Las políticas económicas de los países rezagados están sujetas a esta jerarquía internacional, incluso a través de la deuda. Si bien el problema es más grave cuando la deuda es externa —es decir, denominada en moneda extranjera—, incluso con deuda interna, el problema persiste. Esto ocurre por varias razones:
- Las monedas nacionales ocupan un lugar inferior en la jerarquía monetaria internacional y no sirven como monedas de reserva global. Estas monedas son las de los principales países imperialistas.
- Defender el tipo de cambio exige tipos de interés elevados y ortodoxia fiscal, reforzando el peso de los ingresos financieros en el presupuesto nacional.
- Los shocks externos (términos de intercambio, liquidez global) influyen en las políticas financieras nacionales. Por ejemplo, cuando el Copom eleva o mantiene la tasa Selic, suele ponderar la situación internacional en sus decisiones.
En otras palabras, la deuda interna en moneda nacional tiene una "cara externa", porque las bases jurídicas e institucionales nacionales operan bajo la disciplina de las finanzas globalizadas. A la luz de las formulaciones del economista, podemos citar algunos mecanismos concretos de cómo la deuda pública limita la economía brasileña:
- Alta tasa base e indexación de bonos: Existe una alta correlación entre la tasa Selic y el costo de refinanciar la deuda. Cuando la tasa Selic sube, el costo de mantener y refinanciar la deuda pública tiende a aumentar casi automáticamente, especialmente cuando una parte significativa de los bonos está indexada a la propia tasa Selic o tiene vencimientos cortos. Cuando se produce el llamado ajuste monetario, es decir, cuando suben las tasas de interés, existe una restricción presupuestaria para pagar los intereses de la deuda. Las altas tasas de interés ponen en riesgo la seguridad social y la atención médica.
- “Colchones de liquidez”: La remuneración de la liquidez bancaria mediante operaciones de mercado abierto/depósitos con intereses crea un límite mínimo para las tasas a corto plazo, garantizando así ingresos financieros estables para los bancos. Este mecanismo, que combina "reservas/depósitos con intereses + repos" para crear un límite mínimo, es una práctica común en otros países, bajo diferentes denominaciones. Lo que llama la atención es el peso de las operaciones repo en Brasil.
- Apertura de cuenta de capital: Las altas tasas de interés atraen capital especulativo de corto plazo, incrementando la apreciación y la volatilidad del tipo de cambio; la apreciación del tipo de cambio alimenta la necesidad de mantener altas tasas de interés para salvaguardar las expectativas de los llamados agentes económicos.
- Tratamiento fiscal y distributivo: El Estado brasileño, si bien recompensa a los tenedores de bonos y pasivos del Banco Central con tasas de interés extremadamente generosas, grava muy poco estos mismos ingresos financieros. Por otro lado, la estructura grava fuertemente el consumo y el trabajo; el resultado es una monstruosa transferencia neta de ingresos de los estratos más bajos a los más altos.
- Reglas fiscales diseñadas para garantizar el servicio de la deuda: Todo el énfasis se centra en lograr resultados primarios, cuando es evidente que el problema fiscal de Brasil reside en el costo de la deuda pública. Los ingresos financieros de las grandes corporaciones son sagrados; no se pueden manipular. Se pueden implementar innumerables "reformas" a la seguridad social, reduciendo el acceso de la población a ella, pero las ganancias de los rentistas son intocables.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

