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Columnista del diario 247, Emir Sader es uno de los principales sociólogos y politólogos brasileños.

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Chile, entre el pasado y el futuro.

"La victoria de Boric representó el punto de inflexión político más importante en Chile desde el gobierno de Salvador Allende", escribe Emir Sader.

Gabriel Boric (Foto: Twitter/Presidencia de Chile)

«¡Volver a tener 17 años!», cantaba Violeta Parra. Este parece ser el movimiento que impera en Chile desde las mayores manifestaciones de su historia, en 2019, lideradas e impulsadas por jóvenes, por una nueva generación de activistas políticos.

«Después de vivir un siglo», continuó Violeta. No se trataba de un siglo, sino de casi 50 años desde el golpe militar de Pinochet en 1973, la dictadura hasta 1990 y la transición conservadora desde entonces hasta 2019.

Este año se han visto las manifestaciones más masivas y espectaculares jamás vistas (impresionantemente mostradas en el documental). Mi país inventado, por Patricio Guzmán y explicado en el libro Octubre Rojo(Por Carlos Ruiz Encina). Movilizaciones que, tras acumular numerosas reivindicaciones de derechos, culminaron en la lucha por una Asamblea Nacional Constituyente. Esta se convocó con paridad de género en la representación y con una delegación específica del pueblo mapuche.

Paralelamente, se celebraron nuevas elecciones presidenciales, polarizadas en la segunda vuelta, entre un joven líder estudiantil —Gabriel Boric, que acababa de cumplir 35 años, la edad requerida para ser presidente de Chile— y José Antonio Kast, de la extrema derecha. Por primera vez, los dos partidos tradicionales —el socialista y el democristiano— que habían liderado la transición conservadora sin romper con el modelo neoliberal heredado, quedaron fuera de la contienda.

La victoria de Boric representó el punto de inflexión político más importante en Chile desde el gobierno de Salvador Allende. El gobierno instaló una nueva generación de líderes políticos, en su mayoría mujeres. Entre ellas, destaca Maya Fernández Allende, hija de Beatriz Allende, quien a su vez era hija del propio Salvador Allende, y que lo acompañó cuando el Palacio de La Moneda fue rodeado por los militares que conspiraban para dar el golpe; ahora se convirtió en Ministra de Defensa en el nuevo gobierno.

Desde su concepción, fue un gobierno enfocado en restaurar los derechos expropiados por los gobiernos neoliberales. Un gobierno de descentralización política, en contraste con el poder centralizado de las administraciones anteriores. Un gobierno centrado en la protección del medio ambiente. Un gobierno preocupado por los derechos de las mujeres, los pueblos indígenas, la juventud y la comunidad LGBTQ+. Un gobierno que busca superar el modelo neoliberal, impulsando la reactivación del crecimiento económico mediante la redistribución del ingreso y la expansión del mercado de consumo interno, retomando e intensificando políticas sociales, educación, salud, asistencia social, entre otras.

Paralelamente, sesionaba la Asamblea Constituyente —conocida como Convención Constituyente—, presidida por la destacada líder mapuche María Elisa Quinteros. Su labor dio como resultado la redacción de una propuesta de nueva Constitución política de la República de Chile, cuyo artículo primero establece:

"Chile es un Estado social y democrático regido por el Estado de derecho. Es plurinacional, intercultural, regional y ecológico."

En su siguiente artículo: “Se constituye como una república solidaria. Su democracia es inclusiva e igualitaria. Reconoce como valores intrínsecos e inalienables la igualdad sustantiva de los seres humanos y su indiscutible relación con la naturaleza.”

En su tercer artículo: “La protección y garantía de los derechos humanos, tanto individuales como colectivos, constituyen el fundamento del Estado y orientan toda su actividad. Es deber del Estado generar las condiciones necesarias y proporcionar los bienes y servicios para asegurar la protección de los derechos y la integración de las personas en la vida política, económica, social y cultural para su pleno desarrollo.”

A estas consideraciones fundamentales les siguen capítulos sobre derechos fundamentales y ciudadanía, sobre la naturaleza y el medio ambiente, sobre el estatus del agua y los minerales, sobre la participación democrática, sobre la buena gobernanza, sobre la organización territorial, sobre la Oficina del Defensor del Pueblo, entre muchos otros.

Constituye el texto más completo y sistemático que afirma y defiende la democracia, en el sentido más amplio de la palabra, que el país haya experimentado el régimen más dictatorial que América Latina haya conocido. El gobierno imprimió el texto, que se distribuye en las calles de todo el país y se ha convertido ya en el libro más leído entre los chilenos desde hace varios meses.

El 4 de septiembre, coincidiendo con la fecha de la investidura de Salvador Allende como presidente de Chile en 1970, los chilenos votarán sobre el borrador de la nueva constitución política del país. La campaña por la aprobación se intensifica en todo el territorio, con brigadas callejeras que distribuyen el texto y explican los logros fundamentales que representa para Chile, enterrando definitivamente la constitución impuesta por Pinochet en 1980, durante la dictadura, y los vestigios neoliberales que aún persisten tras la restauración de la democracia.

La derecha se une en el rechazo, sin argumentos claros. Al punto de que, para unificar a todos los sectores conservadores, afirman que no es así. Como si solo discreparan de las modalidades de elaboración del nuevo proyecto, tras una intensa campaña de desmoralización de los parlamentarios constituyentes. Alegan que habría que celebrar una nueva Convención, probablemente —aunque no lo digan explícitamente— sin paridad de género y sin representación específica del pueblo mapuche. También afirman, a falta de otros argumentos, que fue un proceso apresurado que no incluiría a todos. Los espacios de propaganda en los medios evidencian claramente la diferencia: quienes apoyan el nuevo texto destacan todos los derechos que se afirmarían y las modalidades democráticas de funcionamiento del sistema político. Los opositores ni siquiera articulan las razones de su rechazo, intentando ocultar que prefieren la constitución heredada del régimen de Pinochet.

Las encuestas —que gozan de poca credibilidad en Chile por haber fallado en todas las elecciones recientes— apuntarían a una victoria relativamente holgada para la campaña del rechazo. Sin embargo, tanto este factor como la intensa campaña a favor de la aprobación inclinan el panorama hacia una victoria de esta última.

Si la propuesta es rechazada, el presidente Gabriel Boric ya ha anunciado que buscará convocar otro proceso constituyente. Si se aprueba la nueva constitución, el gobierno de Boric avanzará a una etapa superior en el innovador proceso político iniciado en 2019, construyendo un Estado social regido por el Estado de derecho, plurinacional, intercultural, regional y ecológico, tal como se plantea en el borrador de la nueva constitución política de Chile.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.