China, América Latina y el Caribe
Documento estratégico revela cómo China ve a América Latina en la remodelación del orden mundial y desafía a la región a actuar como protagonista del Sur Global.
China acaba de publicar su tercer "Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe". No se trata de un simple texto burocrático: es una auténtica hoja de ruta sobre la visión de Pekín hacia la región, sus apuestas estratégicas para el Sur Global y el tipo de asociación que ofrece a los países latinoamericanos y caribeños. En lenguaje diplomático, el documento describe un ambicioso proyecto: construir con América Latina una "comunidad de futuro compartido", basada en cinco pilares fundamentales: solidaridad, desarrollo, civilización, paz y conectividad entre los pueblos.
Leer este texto con atención es fundamental para Brasil. Muestra claramente que la lucha por la arquitectura del orden mundial del siglo XXI pasa directamente por aquí. También destaca que la región deberá elegir si será un mero proveedor de recursos naturales o coautor de una nueva agenda de desarrollo, reindustrialización e integración soberana.
Un libro blanco del Sur Global
Desde el preámbulo, China define el escenario internacional: un mundo que experimenta "transformaciones sin precedentes en un siglo", marcado por un crecimiento económico anémico, conflictos regionales recurrentes y "actos unilaterales de intimidación sistemática" que amenazan la paz y la seguridad internacionales. Esta es la forma china de describir la combinación de guerras, sanciones, bloqueos y guerras comerciales lideradas por las potencias occidentales.
En contraste, el documento presenta la respuesta de Beijing: la modernización china, la defensa de un mundo multipolar “equitativo y ordenado”, una globalización “universalmente beneficiosa e inclusiva” y la construcción de una “comunidad con un futuro compartido para la humanidad”.
China se define explícitamente como un país en desarrollo y miembro del Sur Global, “que respira el mismo aire” que América Latina, el Caribe y otros países del Sur.
América Latina y el Caribe se perfila como parte esencial de esta estrategia. La región se describe como una fuerza importante para la paz y la estabilidad mundiales, con una tradición de independencia y búsqueda de su propio camino, y un actor indispensable tanto en la multipolaridad como en la nueva fase de la globalización. No es una periferia problemática: se la considera un socio necesario para la remodelación del orden internacional.
De la amistad histórica a una «comunidad de futuro compartido»
La segunda parte del texto reconstruye la trayectoria reciente de la relación entre China y América Latina. Desde los primeros contactos diplomáticos en la década de 1960, la atención se ha centrado en la defensa mutua de la soberanía y la independencia nacional. En 2008, el primer documento oficial definió una “Asociación de Cooperación Integral”. En 2014, la reunión de líderes en Brasilia consolidó este diseño. En 2016, un segundo documento detalló la idea de una “nueva estructura de cinco personas” (marco cinco en uno o un plan de cinco pilares) para la relación.
Esta expresión, utilizada por la diplomacia china desde 2016, se refiere a la forma en que Beijing ha organizado su política hacia América Latina tras el Segundo Documento de Política para América Latina y el Caribe, publicado ese año.
Ahora, Pekín afirma que las relaciones han entrado en una nueva etapa, marcada por la igualdad, el beneficio mutuo, la innovación, la apertura y los beneficios concretos para la población. La expresión clave es "Comunidad de Futuro Compartido China-América Latina y el Caribe": una asociación estratégica que trasciende el comercio y abarca las finanzas, la ciencia y la tecnología, la cultura, la gobernanza global, la paz y la seguridad.
Para China, se trata de demostrar que la cooperación Sur-Sur puede ser una alternativa concreta al modelo tradicional de relación Norte-Sur, basado en asimetrías y limitaciones. Para nosotros, los latinoamericanos, el texto es un espejo incómodo: ¿hasta qué punto tenemos un proyecto propio para aprovechar esta apertura, o seguiremos actuando de forma fragmentada, país por país, reproduciendo viejas dependencias?
Los cinco programas: solidaridad, desarrollo, civilización, paz y pueblos
El núcleo político del documento es el llamado "Programa de Solidaridad". En él, China reafirma que el principio de Una Sola China —reconocer a Taiwán como parte de su territorio— es la base de sus relaciones con la región, expresa su agradecimiento por el apoyo de la mayoría de los países de América Latina y el Caribe y promete reciprocidad en materia de soberanía, seguridad e integridad territorial. Al mismo tiempo, propone fortalecer los mecanismos de diálogo intergubernamental, los intercambios entre parlamentos, partidos y gobiernos locales, y la coordinación en foros como la ONU, el G20, la APEC, los BRICS, el FMI, el Banco Mundial y la OMC.
También existe un apoyo explícito a la integración regional y a la CELAC, en particular al Foro China-CELAC, que Pekín considera una plataforma central para una futura cumbre de líderes China-América Latina. Cabe destacar que China afirma que sus relaciones con la región no están dirigidas contra terceros y que está dispuesta a desarrollar una cooperación tripartita con otros países y organizaciones, siempre que sea propuesta y acordada por los gobiernos latinoamericanos. Este es un mensaje tanto para Washington como para la Unión Europea: América Latina no necesita elegir un bando, sino que puede beneficiarse de alianzas complementarias si tiene su propio proyecto.
El Programa de Desarrollo es el más completo. Combina la Iniciativa Global para el Desarrollo (IGD) con la expansión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI). Pekín invita a más países latinoamericanos a unirse formalmente al programa. Cinturón y carreteraEl plan promete proyectos "abiertos, verdes y limpios" e insiste en que la modernización china será una oportunidad compartida. El paquete incluye: expansión del comercio, incluyendo productos de alto valor añadido; acuerdos de facilitación y eventual ampliación de los tratados de libre comercio; participación regional en una serie de ferias y exposiciones en China; y el fomento directo de las inversiones chinas que generen empleo local y transfieran capacidad productiva.
En términos financieros, el documento apunta a un cambio estructural: fortalecimiento de los fondos de cooperación existentes, mayor uso de monedas locales y... renminbiEstudios para la compensación y emisión de valores en moneda china, así como la cooperación entre bancos centrales y reguladores. En pocas palabras: se trata de construir gradualmente un espacio financiero menos dependiente del dólar y de las instituciones controladas por Occidente.
Sin embargo, el desarrollo no se limita a proyectos financieros y de infraestructura. El texto detalla la cooperación en materia de energía y recursos naturales —petróleo y gas, pero también hidroeléctrica, solar, eólica, hidrógeno y el uso pacífico de la energía nuclear—, siempre con la posibilidad de contratos a largo plazo y liquidación en monedas nacionales. Se menciona una gran expansión de la infraestructura física y digital: transporte, logística, conectividad y ciudades inteligentes.
También incluye capítulos específicos para manufactura, agricultura, ciencia y tecnología, espacio, mar y clima. La propuesta busca conectar cadenas de producción, parques industriales, centros de innovación en alimentos sostenibles, cooperación avanzada en IA, semiconductores, biomedicina, aviación y uso espacial, incluyendo el acceso al sistema global de navegación por satélite chino (BeiDou) y la participación de científicos latinoamericanos en misiones lunares e investigación polar.
El "Programa de Civilización" presenta la Iniciativa de Civilización Global, que promueve valores comunes —paz, desarrollo, justicia, democracia y libertad— interpretados desde una perspectiva pluralista. Se hace hincapié en la educación, el desarrollo de recursos humanos, la expansión de la enseñanza del chino, los Institutos y Salas Confucio, la educación digital y la creación de redes entre universidades. grupos de reflexión e instituciones culturales. El objetivo es claro: competir no solo por mercados, sino también por narrativas, referencias culturales y flujos de información actualmente dominados por Estados Unidos y Europa.
El Programa de Paz integra a América Latina en la Iniciativa de Seguridad Global. China apoya a la región como Zona de Paz, reafirma su estatus de país libre de armas nucleares y aboga por la resolución pacífica de controversias. Al mismo tiempo, propone ampliar los intercambios militares, la cooperación en misiones de paz, la lucha contra la delincuencia transnacional, el narcotráfico, el terrorismo, la ciberseguridad y regímenes de no proliferación que no discriminen a los países en desarrollo.
Finalmente, el Programa de Conectividad entre Pueblos abarca temas sociales: políticas de gobernanza y bienestar, reducción de la pobreza, revitalización rural, salud pública, despliegue de equipos médicos, medicina tradicional, cooperación consular, turismo, rutas aéreas, protección del consumidor, intercambios entre jóvenes, mujeres, organizaciones sociales y gobiernos subnacionales. Se trata de un intento de consolidar una alianza que no se limite a los ministros de Asuntos Exteriores y de Economía.
El lugar de Brasil y la integración latinoamericana.
Para Brasil, el documento funciona casi como un llamado a la acción. Como miembro del BRICS+, líder natural en Sudamérica e interlocutor central de China en la región, el país aparece, aunque no se mencione individualmente, como una pieza clave de este acuerdo. Sin embargo, el texto deja claro que Pekín tiene una visión articulada de América Latina, especialmente a través de la CELAC y el Foro China-CELAC.
Esto significa que un Brasil aislado, centrado únicamente en su relación bilateral con China, tiende a desaprovechar algunas de las oportunidades que ofrece el nuevo marco. Para influir en la agenda de fondos, proyectos y prioridades tecnológicas y ambientales, será necesario fortalecer la integración regional, reactivar la CELAC con fuerza y reforzar la capacidad de planificación del Estado, algo que el ciclo neoliberal, con las privatizaciones y el desmantelamiento de los instrumentos públicos, ha debilitado.
También es evidente que la agenda china interactúa directamente con los debates internos brasileños: la transición energética, la reindustrialización basada en principios verdes, la soberanía tecnológica, la reforma de la gobernanza global, el mayor uso de monedas locales en el comercio y las finanzas internacionales, y la protección de la Amazonia y sus biomas. En todas estas áreas, la cooperación con China puede acelerar o dificultar proyectos, según cómo se negocie.
Oportunidades y dificultades para el Sur Global
Desde una perspectiva latinoamericana, el documento ofrece oportunidades reales, pero también plantea inquietudes. La posibilidad de financiamiento a gran escala, infraestructura, transferencia de tecnología, acuerdos a largo plazo sobre energía y clima, y la creación de cadenas de producción compartidas resulta sumamente atractiva para países marcados por la desindustrialización, la desigualdad y las limitaciones fiscales.
Al mismo tiempo, no se descartan automáticamente los riesgos clásicos: el retorno a las exportaciones del sector primario, la especialización en materias primas, los impactos socioambientales de los grandes proyectos, la dependencia tecnológica en nuevas áreas estratégicas y la captura de las políticas públicas por intereses empresariales, ya sean occidentales u orientales. Nada en el texto impide que la relación siga siendo asimétrica si los países latinoamericanos mantienen políticas fragmentadas, sin coordinación regional y sin planes de desarrollo propios.
También existe la disputa geopolítica abierta con Estados Unidos, que sigue considerando a la región como su "patio trasero estratégico". El documento chino no utiliza este lenguaje, pero la existencia de una oferta estructurada para el Sur Global constituye, en sí misma, un desafío a la hegemonía de Washington. La respuesta estadounidense suele combinar presión política, militar y mediática, intentos de dividir a los gobiernos de la región y, con frecuencia, la instrumentalización selectiva de temas como la democracia, la corrupción o los derechos humanos.
Por lo tanto, el verdadero debate para América Latina no consiste en elegir entre «China o Estados Unidos», ni entre «Oriente u Occidente». La pregunta es si la región será sujeto u objeto del nuevo orden mundial. ¿Tendrá la capacidad de formular su propia estrategia, aprovechando el margen de maniobra que ofrece la multipolaridad, o simplemente oscilará entre centros de poder, como materia prima geopolítica?
Una invitación a la estrategia, no a la ilusión.
El nuevo documento de política china para América Latina y el Caribe debe leerse sin ingenuidad, pero también sin prejuicios. Es un texto de interés nacional y regional. Por un lado, explica la arquitectura del proyecto chino para el Sur Global: amplia cooperación, financiamiento, tecnología, cultura, paz, integración, todo ello envuelto en el lenguaje de un "futuro compartido". Por otro lado, nos recuerda que ningún socio externo, por benévolo que sea, reemplazará el trabajo interno de construir un proyecto nacional.
Para Brasil, el mensaje es claro. Sin una reindustrialización basada en principios ambientalmente sostenibles, sin una política de ciencia y tecnología a la altura, sin retomar el papel del Estado planificador y de desarrollo, y sin una integración regional efectiva, la alianza con China corre el riesgo de reforzar la antigua condición de exportador de bienes primarios. Sin embargo, con su propio proyecto, puede ser una palanca para un salto histórico: reconstruir las capacidades productivas, financiar la transición ecológica, democratizar el acceso a la tecnología y participar activamente en la reforma de la gobernanza global.
China ha tendido una mano a América Latina y el Caribe, ofreciéndole un lugar destacado en el tablero del Sur Global. Ahora le toca a la región decidir si ocupará ese lugar como protagonista o como actor secundario.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
