China celebra 80 años de victoria sobre el fascismo y la ocupación japonesa como fuerza impulsora de la paz mundial
El 3 de septiembre, China celebra su victoria demostrando que contribuye al desarrollo pacífico, escribe el editor internacional de Brasil 247
José Reinaldo Carvalho – El 3 de septiembre, China celebra el 80.º aniversario de su victoria sobre el fascismo y la ocupación japonesa, una fecha histórica de trascendencia nacional e internacional. Al conmemorar este hito decisivo, el país reafirma su trayectoria como potencia pacífica, cuyo ascenso no se logró mediante guerras de conquista, sino mediante un firme compromiso con el desarrollo mutuo y la defensa de la paz. La ceremonia en Pekín, con desfiles y homenajes, celebra el fin de la Segunda Guerra Mundial y la derrota de las Potencias del Eje, colocando a China como protagonista en la construcción de un nuevo mundo basado en la cooperación y la integración.
China, a través de su liderazgo, ha reiterado que seguirá la senda del desarrollo pacífico. Este principio constituye un profundo compromiso que impregna las políticas nacionales e internacionales del país. El gigante socialista ha demostrado que, incluso con el crecimiento exponencial de su poder, no buscará la hegemonía ni atacará a nadie. Por el contrario, su ascenso refleja un cambio fundamental en la dinámica global, ya que el país ha roto con el patrón histórico de potencias que se afirman mediante el colonialismo y la guerra. En cambio, China busca la prosperidad mediante el comercio, la apertura, la integración productiva, el fortalecimiento de los bienes públicos globales y las alianzas estratégicas.
La singularidad del poder pacífico
China, en su trayectoria desde su victoria sobre Japón en 1945 y el triunfo de la Revolución de Nueva Democracia en 1949, ha construido un modelo distintivo de poder global. En un siglo marcado por guerras, imperialismo y disputas por esferas de influencia, China optó por un camino alternativo. Su crecimiento no se caracterizó por la agresión militar, sino por la diplomacia, el desarrollo interno y el fortalecimiento de las relaciones comerciales internacionales. Esto no significa que China sea una potencia pasiva, sino una que se fortalece para promover, sobre todo, un mundo más seguro, equilibrado y pacífico.
Defender la paz no es solo una estrategia de política exterior, sino también un pilar esencial de la seguridad interna del país. Como uno de los mayores ejemplos de resiliencia en la historia reciente, China busca garantizar su soberanía sin recurrir a la violencia, respetando la integridad de otros países. Este principio de no hegemonía es uno de los principios centrales de la política exterior china.
Paz, soberanía y seguridad global
La experiencia histórica de China, marcada en el pasado por invasiones y masacres, ha forjado una visión clara de la necesidad de soberanía y seguridad para alcanzar el desarrollo. Estos conceptos son valores profundamente arraigados en la cultura y la política del país. Las conmemoraciones del 3 de septiembre recuerdan al mundo la importancia de preservar los resultados de la victoria antifascista y mantener la paz como requisito previo para el orden global construido tras la Segunda Guerra Mundial. La memoria, por lo tanto, se convierte en una base sólida para una paz estable y justa.
Para China, el crecimiento y el fortalecimiento de su soberanía no son solo cuestiones nacionales, sino factores que amplían su capacidad para contribuir al bienestar global. La estabilidad y la seguridad internas del país se traducen en un papel activo en la construcción de un mundo más interconectado y menos propenso a los conflictos. Al consolidarse como una potencia pacífica, China demuestra que su ascenso no debe verse como una amenaza, sino como una oportunidad para crear un entorno global más cooperativo, libre de aventuras militares o hegemonía unilateral.
Iniciativas globales: una nueva propuesta para el mundo
El actual escenario multipolar exige nuevos enfoques para el desarrollo, la seguridad y las relaciones internacionales. China, a través de las iniciativas lanzadas por el presidente Xi, busca responder a estas necesidades de forma integral e inclusiva. En 2021, se presentó la Iniciativa de Desarrollo Global, que sitúa los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el centro de la agenda internacional, centrándose en áreas como la reducción de la pobreza, la salud, la seguridad alimentaria y la conectividad. Este proyecto presta especial atención a las necesidades del Sur Global, priorizando la cooperación como herramienta para superar las vulnerabilidades existentes.
A continuación, la Iniciativa de Seguridad Global, lanzada en 2022, propone una nueva visión de la seguridad global, basada en la cooperación, la resolución pacífica de disputas y el respeto a la integridad territorial. Este enfoque busca superar la mentalidad de la Guerra Fría y combatir la falsa idea de que la seguridad de algunos, o de uno solo, debe garantizarse a expensas de la seguridad de otros.
Finalmente, la Iniciativa de Civilización Global, anunciada en 2023, destaca la importancia del diálogo entre civilizaciones y la diversidad de caminos hacia la modernización. La propuesta se opone al llamado «choque de civilizaciones» y aboga por la coexistencia armoniosa entre diferentes culturas y sistemas sociales, sin imposiciones externas.
Estas tres iniciativas forman un conjunto de bienes públicos globales, promoviendo una nueva forma de interacción internacional, en la que el desarrollo, la seguridad y la cultura pueden construirse de forma cooperativa y sin presiones externas.
Responsabilidad y orgullo nacional en el ascenso de China
El desarrollo chino, centrado en la estabilidad y la seguridad internas, no busca la expansión territorial ni el dominio sobre otras naciones. Por el contrario, la inversión en capacidades de defensa, proporcional al tamaño del país y a las amenazas percibidas, se centra en disuadir conflictos y garantizar la protección de las rutas comerciales y la estabilidad regional. Al mismo tiempo, China mantiene una diplomacia abierta, con cooperación económica, participación en misiones de paz de la ONU y un compromiso con el multilateralismo.
Como declaró el presidente Xi Jinping en su Informe al XX Congreso del Partido Comunista de China: «China respeta la soberanía y la integridad territorial de todos los países y sostiene que todos, grandes o pequeños, fuertes o débiles, ricos o pobres, son iguales, y respeta el camino de desarrollo y el sistema social elegidos independientemente por el pueblo de cada país. China se opone firmemente a la hegemonía y la política de poder en todas sus formas, a la mentalidad de la Guerra Fría, a la injerencia en los asuntos internos de otros y a los dobles raseros. China se adhiere a una política de defensa nacional de carácter defensivo. El desarrollo de China representa un fortalecimiento de las fuerzas para la paz en el mundo, y el país nunca buscará la hegemonía ni practicará el expansionismo, independientemente del nivel de desarrollo que alcance». (1)
Para el pueblo chino, la celebración de estos 80 años expresa el orgullo de una nación que, tras resistir y vencer, utiliza su poder para promover la paz. La celebración del Día de la Victoria refleja este sentimiento: la memoria histórica como compromiso para garantizar que las tragedias del pasado no se repitan, dentro de un orden internacional reformado, más inclusivo y justo.
La memoria como proyecto de futuro
El 3 de septiembre, 80 años después de la rendición de Japón, China nos trae un mensaje claro, inspirador y contundente: una gran potencia puede surgir sin recurrir a la guerra, puede garantizar su soberanía sin atacar a nadie y puede participar activamente en el orden mundial construyendo puentes, no muros. Al reafirmar su compromiso con el desarrollo compartido y la paz, China invita al mundo a reflexionar sobre la verdadera lección de la historia. Es posible convertirse en una potencia mundial y utilizar esta fuerza para asegurar la construcción de un mundo de paz.
- http://download.people.com.cn/waiwen/eight16667473801.pdf
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.



