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Pedro Zambarda

Periodista, colaborador del Diário do Centro do Mundo, editor de Digiclub, página de tecnología de Brasil 247, y columnista político de Storia.

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Con o sin cierre patronal, los camioneros hicieron historia, pero ahora es el momento de retirarse.

La estrategia más prudente para los conductores, así como para los líderes sindicales, es una retirada estratégica. El derramamiento de sangre inocente no justifica el riesgo sin una perspectiva de victoria más clara. Su fuerza, con o sin la presión de los empleadores, está más que demostrada.

Lo más prudente para los conductores, así como para los líderes sindicales, es replegarse estratégicamente. El derramamiento de sangre inocente no justifica el riesgo de perder vidas sin una perspectiva más clara de victoria. Su fuerza, con o sin la presión de los empleadores, está más que demostrada. (Foto: Pedro Zambarda)

En cuatro días, una huelga de camioneros dejó al país sin combustible, sin servicios esenciales y con un presidente ilegítimo derrocado. Este hecho, sin duda, genera controversia. La movilización no fue liderada por sindicatos ni organizaciones de los propios conductores. Según la mayoría de los medios de comunicación, fue impulsada por asociaciones empresariales y cooperativas vinculadas a las empresas de transporte.

Por lo tanto, no se trata de una huelga, sino de un cierre patronal.

Por eso, el clamor de los camioneros en tan solo unos días, exigiendo que el gobierno de Michel Temer y Petrobras retomen el control de los precios, es histórico. La lógica neoliberal y totalmente promercado quedó de rodillas.

Sin embargo, Temer tomó una decisión arriesgada: convocó un discurso televisado y movilizó a la Policía Federal y a las Fuerzas Armadas. Recurrió a medios legales para deslegitimar el movimiento popular que persistía incluso después de la maniobra para eximir al diésel del impuesto Cide y aplicar impuestos a otros sectores.

La estrategia más prudente para los conductores, así como para los líderes sindicales, es replegarse estratégicamente. El derramamiento de sangre inocente no justifica el riesgo sin una perspectiva de victoria más clara. Su fuerza, con o sin la presión de los empleadores, está más que demostrada.

La economía brasileña, a pesar de un crecimiento proyectado del PIB del 2,5%, se encuentra en una situación crítica para la clase media y los pobres. Se prevé que esta situación no cambie, especialmente ante el deseo de la clase alta de mantener sus privilegios.

Pero el poder del pueblo ha quedado demostrado.

Y no hay ningún conspirador golpista como Temer que pueda impedirlo.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.