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César Fonseca

Reportero político y económico, editor del sitio web Independência Sul Americana

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Con el PIB en aumento, Lula da una lección al Banco Central sobre cómo crecer combatiendo la inflación y señala cómo debe trabajar Galípolo.

El gobierno logró burlar el diagnóstico neoliberal del Banco Central, cuya política de aumento de las tasas de interés representó un claro chantaje por parte de Campos Neto.

Lula (Foto: Reuters/Carla Carniel | Reuters/Amanda Perobelli)

El crecimiento del 1,4% del PIB en el segundo trimestre representó la lección económica más importante del presidente Lula, con su propuesta desarrollista, a los economistas neoliberales.

Demostró que en lugar de implementar la restricción fiscal, como propugna Faria Lima, para controlar los precios, se optó por el llamado “impulso fiscal”.

El resultado es obvio: lo que controla la inflación no es recortar el gasto, sino, por el contrario, aumentarlo, para generar crecimiento e ingresos con los que hacer un ajuste fiscal justo.

La combinación de un aumento del salario mínimo y un estímulo fiscal aumentó la oferta para satisfacer la creciente demanda con una mejor distribución del ingreso.

Resultado: PIB en aumento e inflación bajo control.

Todos los sectores productivos se mostraron satisfechos, como lo demuestran las opiniones de las confederaciones de la industria, del comercio y de los servicios, en su evaluación de la política económica de Lula.

Así, en los primeros seis meses del año, el gobierno logró burlar el diagnóstico neoliberal del Banco Central, cuya política de aumento de las tasas básicas de interés no representó un esfuerzo monetario para controlar la inflación, sino un claro chantaje del presidente Campos Neto contra el desarrollo nacional.

Neto engañó a la población para implementar políticas favorables a los intereses de Faria Lima, demostrando una clara postura antieconómica, antidesarrollista y antinacionalista.

El Banco Central, bajo el mando de Campos Neto, está eludiendo sus responsabilidades esenciales de controlar la inflación, por un lado, pero también de cuidar la oferta de empleo, porque sin una oferta de empleo, el país, como advirtió el ministro de Hacienda, Fernando Haddad, puede enfrentar no una inflación de demanda, sino una inflación de oferta.

Más producto en el mercado sin consumidores, debido a la reducción del poder adquisitivo ocasionada por las altas tasas de interés del Banco Central, lleva a los empresarios a reducir las actividades productivas para mantener una tasa de ganancia constante, fomentando un desabastecimiento en el mercado para que sus precios suban.

Por encima de todo, el impulso fiscal y la valorización salarial, como principio rector de la política económica desarrollista de Lula, representan la orientación presidencial básica sobre cómo debe trabajar el futuro presidente del Banco Central, Gabriel Galípolo, a quien él nombró para reemplazar al neoliberal bolsonarista Campos Neto.

Esta es una lección esencial de economía de interés popular que enfrenta el neoliberalismo del Banco Central, que, en los casi dos años de gobierno de Lula, ha trabajado en contra del interés nacional.

Garantizar el señoreaje del Banco Central estatal

Al mismo tiempo, el Presidente del Palacio del Planalto, con su política desarrollista, envía un mensaje claro al Congreso para que frene el delito de responsabilidad que el presidente del Banco Central pretende cometer al proponer, a través de la PEC 65, apoyado en el mercado financiero especulativo, liderado por Faria Lima, transformar el Banco Central de una autarquía bajo un régimen jurídico único a una empresa privada bajo un régimen de economía mixta, desconectada del presupuesto general de la Unión.

Se trata de un intento, como dijo el diputado Lindbergh Farias (PT-RJ), en el seminario sobre Autonomía del Banco Central, organizado por TV 247, el miércoles, de excluir al Banco Central de la política fiscal y del presupuesto nacional.

Si este cambio, contrario al interés nacional, se configura a través de una mayoría parlamentaria de ultraderecha de derecha y neoliberal, el Banco Central, transformado en empresa pública, pierde su prerrogativa de ejercer el señoreaje.

¿Qué es el señoreaje?

Sencillamente, el privilegio de ejercer el monopolio de la emisión de moneda, que pasaría de la autarquía estatal a la empresa pública, sujeta a los intereses privados.

El derecho de señoreaje es responsable por la gestión de un capital emitido anualmente de aproximadamente R$ 100 mil millones.

Con este presupuesto multimillonario, el Banco Central privatizado quedará aún más subordinado al mercado financiero, además de que ya está, como Banco Central Independiente, sujeto a los intereses de Faria Lima, especialmente en la manipulación de la política monetaria hasta la encuesta Focus, organizada por la banca privada, para producir especulativamente altas tasas de interés.

Delito legislativo contra la población

Quitarle el derecho de señoreaje al Banco Central, de propiedad estatal, como autoridad pública, y transferirlo a un Banco Central, empresa pública, entregado a los intereses del mercado especulativo, sería el mayor crimen cometido por el Legislativo contra la población.

Ciertamente, con esa fortuna en la mano, el BC, una empresa pública, subordinada a los intereses del mercado, no contribuiría de ninguna manera al ajuste fiscal, además de tener poder financiero para chantajear aún más al gobierno Lula.

Bajo intensa presión, no sorprende que el presidente de la Comisión de Asuntos Económicos (CAE) del Senado, senador David Alcolumbre (União Brasil-AP), haya decidido que, por ahora, durante la campaña electoral, el asunto quedará congelado, a la espera de una mejor oportunidad en la fase postelectoral, cuando haya más figuras en esa casa legislativa para analizar el asunto políticamente explosivo.

Mientras tanto, los empleados de BC estarán totalmente movilizados contra un posible futuro de BC como empresa pública, ya que, al fin y al cabo, con el cambio de régimen jurídico único de la entidad, ya no serán empleados estatutarios sino que pasarán a ser empleados de la CLT, perdiendo su condición de empleados estatales de carrera con estabilidad laboral.

Lo que está en juego, por tanto, es la lucha de clases entre el capital financiero especulativo, por un lado, y los intereses de la población, de los trabajadores, por otro, en alta tensión, por el futuro del país.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.