Condena de Lula en segunda instancia. ¿Y ahora qué?
La confirmación de la condena de Lula, decidida este miércoles por el TRF-4, agrava aún más la crisis política en el país, aumenta las incertidumbres sobre el futuro y da más argumentos a la tesis de persecución política contra el PT y el ex presidente.
La confirmación de la condena de Lula, decidida este miércoles (24) por el TRF-4, agrava aún más la crisis política en el país, aumenta las incertidumbres sobre el futuro y da más argumentos a la tesis de persecución política del PT y del ex presidente.
La crisis política y la división en Brasil se han visto agravadas por la posición –ya esperada– de la Corte, que enfrenta de un lado al segmento de la población que desea el fin de Lula y su partido y del otro a los partidarios de su proyecto de alcanzar un tercer mandato presidencial.
En medio de todo esto, una legión de personas – antiguos o actuales partidarios de Lula – que apoyaron el impeachment de Dilma ahora guardan resentimiento y optan por el silencio después de presenciar el sesgo de Lava Jato, exonerando a individuos implicados en crímenes mucho más graves que aquellos de los que Lula fue acusado y condenando a miembros del Partido de los Trabajadores.
La decisión crea aún más incertidumbre electoral en el país e inicia una verdadera batalla jurídica del PT (Partido de los Trabajadores) para mantener a Lula como candidato y evitar, entre otras cosas, su prisión durante el período electoral.
Además, la condena refuerza el argumento de una condena por motivos políticos –como fue el caso del impeachment de Dilma– y da más munición a Lula y a sus partidarios: lidera las encuestas y tendría posibilidades de ganar en la primera vuelta.
Hoy, el mundo observa de cerca a Brasil y muchos países cuestionan la plena democracia y las instituciones del país, especialmente el poder judicial.
Existe la posibilidad de que nos hundamos en una crisis aún más profunda y el futuro pueda ser incierto con el país dividido.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
