Consejos Nacionales: ¡Una invención brasileña que funcionó!
Los Consejos Nacionales reafirman la participación social como pilar de la democracia brasileña
No Libro de abrazosGaleano escribe: «Los que mandan creen que los mejores son los que mejor copian. (...) La alienación en Latinoamérica: un espectáculo circense. Importación, imposición: nuestras ciudades están llenas de arcos de triunfo, obeliscos y partenones. Bolivia no tiene mar, pero tiene almirantes disfrazados de Lord Nelson. Lima no llueve, pero tiene tejados a dos aguas con canalones. En Managua, una de las ciudades más calurosas del mundo, condenada a un calor perpetuo, hay mansiones que presumen de chimeneas soberbias, y en las fiestas de Somoza, las damas de la alta sociedad vestían estolas plateadas de zorro». Así, nuestro autor favorito ilustra la importancia de la participación social: combatir la imposición vertical y unilateral de las decisiones gubernamentales. Y, en la base de la política de participación social, destacan los Consejos Nacionales, que pueden definirse objetivamente como órganos colegiados temáticos permanentes, establecidos por ley normativa, para el diálogo entre la sociedad civil y el gobierno, con el fin de promover la participación en la toma de decisiones y en la gestión de las políticas públicas.
Es importante destacar que la democracia representativa, esencial para el Estado democrático de derecho, no agota las posibilidades de ejercer la ciudadanía, dada la complejidad de las sociedades modernas y la demanda de políticas públicas cada vez más eficaces y legítimas. Por lo tanto, requieren instituciones participativas complementarias que acerquen la sociedad a la administración pública, un contexto en el que los Consejos Nacionales emergen como la base estructurante de un sistema nacional ideal de participación social, configurando una arquitectura institucional capaz de fortalecer la democracia, mejorar la gestión gubernamental y garantizar la participación como un derecho intrínseco al ejercicio de la ciudadanía.
Los ataques a la participación social promovidos por sectores ultraconservadores de la derecha, sin interés en profundizar la transparencia y el control social, están impregnados de deshonestidad intelectual, como la comparación de la mencionada política con modelos completamente diferentes, algunos incluso históricamente anticuados (como los soviéticos, implementados en la antigua URSS), o incluso con los Consejos Comunales venezolanos, creados en 2006 por el entonces presidente Chávez, que marcaron el inicio del llamado "proceso bolivariano". Esto es completamente diferente del modelo de participación social consolidado en las políticas públicas actuales en Brasil, que se centra en fortalecer y regular los espacios institucionales de diálogo entre la sociedad civil y las autoridades públicas.
La participación social es una política pública que busca fortalecer y profundizar la democracia, integrada por instituciones participativas con objetivos comunes, pero con diseños y funciones específicas. Entre ellas, destacan los Consejos Nacionales, que actúan como núcleos permanentes dentro de este sistema. También clasificados como instituciones participativas, los Consejos institucionalizan el diálogo entre el gobierno y la sociedad civil a lo largo de todo el ciclo de las políticas públicas: desde su formulación y ejecución hasta su seguimiento y evaluación. Su fortaleza radica en su carácter permanente, su vinculación con los procesos de conferencia y su capacidad de monitoreo continuo, lo que garantiza que la sociedad civil actúe de forma permanente y no solo esporádica.
Los Consejos Nacionales, entre sus numerosas responsabilidades, convocan, organizan, ejecutan y dan seguimiento a las propuestas de las Conferencias Nacionales, que constituyen importantes procesos de movilización, debate y dinamización de la agenda pública. Por su carácter procedimental, las Conferencias abarcan municipios y estados y culminan en la etapa nacional. Constituyen un poderoso instrumento de educación popular y cívica, capilarización y construcción de amplios debates nacionales, generando directrices que nutren y renuevan el trabajo de los Consejos. De este modo, establecen un ciclo virtuoso de participación, cuyo ejemplo es el Consejo de Ciudades (ConCidades): los consejeros de la sociedad civil son elegidos en la etapa nacional de la Conferencia de Ciudades, con excepción de los representantes del gobierno federal, lo que significa que el consejo en pleno es un reflejo de su respectiva conferencia nacional.
Ante la difícil tarea de establecer un sistema coherente entre diferentes organismos, el Foro Interconsular surge como un espacio estratégico para superar la fragmentación sectorial y, al mismo tiempo, promover la reconstrucción de las políticas de participación social. Al fomentar el diálogo entre representantes de diversos Consejos, facilita políticas intersectoriales y transversales, contrarrestando la compartimentación que a menudo limita la eficacia de la acción gubernamental y la participación de la sociedad civil.
Sin embargo, la mera existencia de estructuras formales no garantiza que las políticas de participación social produzcan resultados concretos o ideales. Abundan los desafíos, incluyendo el clásico enfoque triple de la administración pública: falta de estructura, recursos y compromiso, y muchos requieren capacidades institucionales específicas, que son abordadas por los Consejos Nacionales. En primer lugar, la complejidad de integrar diversos ministerios y sus respectivos Consejos en una gestión coherente de la participación social, lo que requiere una coordinación política y administrativa sofisticada. En segundo lugar, es imperativo promover iniciativas de educación popular para involucrar a una población históricamente excluida de posiciones de poder y a menudo indiferente a la existencia o funcionamiento de los Consejos, enfrentando la apatía y la desconfianza en un panorama político y social extremadamente polarizado. En tercer lugar, es urgente capacitar a los administradores públicos para trabajar de manera horizontal y dialógica, abandonando las tendencias tecnocráticas y autoritarias. Finalmente, la alfabetización digital es un tema contemporáneo fundamental para garantizar que las herramientas de participación digital no creen nuevas exclusiones, reproduciendo o incluso profundizando las desigualdades en el mundo virtual.
Los Consejos Nacionales, articulados en un marco compuesto por conferencias, defensorías del pueblo, foros de participación social, órganos consultivos ministeriales y otras instituciones participativas, constituyen la base estructurante de un modelo innovador de gobernanza democrática, que encarna el principio de que la participación social es un derecho ciudadano y un método de gobierno. Sin embargo, la plena realización de este potencial depende de un proyecto consistente de educación popular, participación y cambio cultural, para que la participación social sea verdaderamente dinámica, legítima y capaz de generar políticas públicas que no solo funcionen, sino que también transformen; que no solo cumplan plazos, sino que también transformen destinos. Con el gobierno de Lula III, el sistema se ha restablecido; ahora es necesario dotarlo de sentido, es decir, transformar la relación entre el Estado y la sociedad en un diálogo vibrante y continuo, una vía de doble sentido para fortalecer una democracia que es, ante todo, la nuestra.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
