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contagio social

En el impredecible panorama electoral, siempre hay margen para la previsibilidad. Tras las condenas y la farsa del escándalo Mensalão, la honestidad se ha convertido en un rasgo distintivo de los candidatos.

En el impredecible panorama electoral, siempre hay margen para la previsibilidad. Tras las condenas y la farsa del escándalo Mensalão, la honestidad se ha convertido en un atributo distintivo de los candidatos, no en una condición ideal para ejercer el poder político. Como observó el retórico R. Wately, la honestidad es la mejor política, pero quien actúa según este principio no es honesto.

Para horror de los moralistas puritanos, los estudios indican que la deshonestidad, además de abarcar diversos grados, no está tan influenciada como se podría pensar por la probabilidad de ser descubierto y castigado. La tendencia a engañar no se basa esencialmente en un análisis racional de costo-beneficio de las situaciones, sino más bien en el límite que permite obtener ganancias sin dañar la propia imagen de honestidad (Ariely, 2012).

Ceder a la tentación es una conducta común entre la mayoría, que, afortunadamente, se ciñe a límites más modestos en cuanto al engaño. Por alivio de la humanidad, quienes son completamente deshonestos son una rareza: personas dotadas de una enorme flexibilidad en sus principios morales, con un margen de maniobra perjudicial que les permite racionalizar deseos egoístas y sentirse cómodas con su propio comportamiento.

Existen factores que facilitan la deshonestidad. Las normas confusas u opacas fomentan la racionalización del engaño y protegen la propia imagen. Lo mismo ocurre cuando existen varias etapas entre las acciones y el objetivo fraudulento. No es de extrañar que, en delitos complejos que involucran a muchas personas y una secuencia de actos para su consumación, tantos crean vehementemente —y sinceramente— en su propia honestidad.

Vale la pena alzar los puños apretados e incluso recordar fragmentos de la "Poeminha do Contra" (Pequeño poema del contrario) de Mário Quintana: "Todos estos que están ahí / Bloqueando mi camino / Pasarán / Yo, un pajarito!"

La deshonestidad tiene una enorme capacidad de contagio social. No es difícil encontrar personas bienintencionadas cuya visión del mundo está influenciada por motivaciones que les resultan imperceptibles. Los favores en situaciones de conflicto de intereses tienen un coste oculto, lo que fomenta la reciprocidad. Los patrocinadores —los socios por defecto— se benefician, al igual que quienes recurren a los lobistas, especialistas en el arte de fomentar sentimientos de obligación y reciprocidad.

Es fácil concluir que aumentar la resistencia a este tipo de contagio es una tarea ardua. Las regulaciones y los códigos de ética son ejemplos de mecanismos que deben fomentarse y reforzarse periódicamente en la política, los negocios y la vida personal. Pero no solucionan ni mitigan nada si no exigimos su aplicación.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.