Contar Brasil para gobernarlo: Fernando de Azevedo, el censo y la invención de la cultura nacional.
La Primera República dejó atrás un país profundamente desigual.
Si bien en las primeras décadas del siglo XX la Educación Física fue el campo inicial de intervención de Fernando de Azevedo sobre el cuerpo y la formación social, la década de 1920 marcó un cambio decisivo en su trayectoria intelectual, pasando del individuo a la población, de la escuela al Estado, de la pedagogía a la organización simbólica de la nación. Es en este contexto que su trabajo sobre el censo demográfico de 1940 se vuelve fundamental para comprender el proyecto de modernización cultural de Brasil.
Del cuerpo a la población: un cambio de escala.
La Primera República dejó tras de sí un país profundamente desigual, marcado por el analfabetismo, la precaria situación sanitaria y la ausencia de políticas públicas estructuradas. Con la Revolución de 1930 y el fortalecimiento del Estado nacional, surgió la necesidad de comprender el país de forma sistemática. La pregunta que surgió fue simple y contundente: ¿quiénes somos como pueblo? Responderla requería abandonar las interpretaciones impresionistas y recurrir a instrumentos científicos capaces de medir, clasificar e interpretar la sociedad. Fernando de Azevedo comprendió que, sin datos y sin una comprensión integral de la población, no podía haber una política educativa, cultural ni social coherente.
El censo como tecnología estatal
El censo demográfico de 1940 representó un punto de inflexión en la historia administrativa e intelectual de Brasil. La elección de Fernando de Azevedo para esta tarea no fue casual. Inicialmente, el presidente Getúlio Vargas lo invitó a coordinar el censo. Sin embargo, Azevedo rechazó la tarea. Ante esta negativa, Vargas lo intimidó para que al menos aceptara el papel de autor de la Introducción. Se trataba de una tarea de enorme peso simbólico, ya que sería el texto que daría el tono interpretativo oficial a los datos brutos. Este gesto demostró que, para el Estado, la interpretación de la nación era tan estratégica como su medición. El precedente era claro. En el censo de 1930, la introducción había sido escrita por Oliveira Viana, un intelectual que representaba la visión de la antigua oligarquía y el pensamiento racista. Al sustituir a Viana por Azevedo, Vargas promovía un cambio de guardia intelectual, señalando la transición de una narrativa basada en las "razas" a una centrada en la "cultura" y la "educación", alineada con los nuevos ideales de modernización y unidad nacional.
Por primera vez, el Estado elaboró un análisis exhaustivo de su población, articulando estadísticas, geografía, historia y sociología. Al escribir la Introducción al Censo de 1940, posteriormente publicada como *Cultura Brasileña*, Azevedo no se limitó a presentar cifras. Su objetivo era interpretar Brasil, situando la formación de la población en un proceso histórico marcado por desigualdades regionales, legados coloniales y debilidades institucionales. El censo comenzó así a funcionar como instrumento gubernamental y como narrativa nacional.
Raza, eugenesia y el cambio hacia la cultura.
Hasta las primeras décadas del siglo XX, el debate sobre la formación de Brasil estuvo fuertemente anclado en interpretaciones racialistas. El mestizaje se consideraba con frecuencia un obstáculo para el progreso, y la eugenesia se presentaba como una solución científica a los problemas nacionales. Fernando de Azevedo no fue ajeno a este ambiente intelectual. Sin embargo, su interpretación del país promueve una transición relevante. En lugar de la raza como eje explicativo central, comienza a enfatizar la cultura, la educación y las condiciones históricas de la organización social. Este movimiento no significó la negación inmediata del vocabulario eugenésico, aún presente en la época, sino su reconfiguración progresiva. La población brasileña deja de ser interpretada como un problema biológico y comienza a ser comprendida como una construcción histórica y cultural, susceptible de transformación a través de la educación y las instituciones.
La cultura como clave de interpretación de la nación.
Es precisamente en esta transición de lo biológico a lo histórico donde reside la originalidad de su propuesta. En *Cultura Brasileña*, Azevedo propone una concepción amplia de la cultura. Esta no se limita a las bellas artes ni a la producción intelectual erudita, sino que abarca modos de vida, prácticas educativas, la organización del trabajo, hábitos sociales y formas de sociabilidad. Esta noción permite la integración del cuerpo, la población y las instituciones en un mismo horizonte analítico. Brasil deja de ser visto como un conjunto fragmentado de razas o regiones y comienza a ser considerado como una totalidad histórica en formación. La cultura se convierte así en el eje organizador para la comprensión del país.
Ciencia, poder y proyecto nacional
La creencia en la ciencia como instrumento para racionalizar la vida social impregna toda la obra de Fernando de Azevedo. Para él, producir datos, clasificarlos e interpretarlos era condición necesaria para la acción estatal. Sin embargo, esta confianza en el conocimiento técnico tenía sus límites. Al privilegiar a especialistas e intelectuales en la dirección del proyecto nacional, su propuesta restringió la participación directa de las clases populares en los procesos de toma de decisiones. Una vez más, aparecen las huellas de la democracia liberal y el liberalismo reformista que caracterizan su trayectoria. Aun así, el impacto de su obra fue decisivo para la consolidación de las políticas educativas y culturales del país.
Del censo a la universidad.
El censo de 1940 no concluyó el proyecto de Azevedo. Sino que sentó las bases para el siguiente paso: la institucionalización de la ciencia y la cultura en la universidad. Si la Educación Física organizaba al cuerpo y el censo a la población, la universidad sería el espacio de síntesis de estos esfuerzos. Es el lugar por excelencia para la producción sistemática de conocimiento y la formación de élites intelectuales. Desde esta lógica, comprendemos el papel de Fernando de Azevedo en la creación de la Universidad de São Paulo, tema del tercer y último artículo de esta serie.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
