Avatar de Walter Sorrentino

Walter Sorrentino

Médico y vicepresidente nacional del PCdoB

19 Artículos

INICIO > blog

Crisis gubernamental y pacto conservador

Para las fuerzas populares, el proceso contra Temer desembocará en un debate acalorado. Si el pacto opositor logra avanzar, la incógnita reside en si las calles serán capaces de impulsar elecciones directas.

21/05/2017 - São Paulo, Brasil - Manifestantes realizaron una protesta en la Avenida Paulista este domingo por la tarde (21) contra el gobierno de Michel Temer y exigiendo elecciones directas de inmediato. Foto: Paulo Pinto/AGPT (Foto: Walter Sorrentino)

La imprevisibilidad sigue siendo la característica definitoria de la crisis política e institucional que busca soluciones. En este momento, se la denomina crisis aguda de gobierno. El gobierno de Temer ya opera al margen de la ley. Sus posibilidades de mantenerse en el poder disminuyen progresivamente: se esperan nuevas acusaciones de la Fiscalía, así como testimonios como los de Lúcio Funaro y Eduardo Cunha, y quizás incluso el de Loures. Un jaque mate será posible en cuestión de minutos una vez que el acuerdo de alto nivel, actualmente en desarrollo, decida cómo proceder sin tener que recurrir nuevamente a Temer. 

El campo de fuerza que lo apoyó, comenzando con el propio juicio político, se ha dividido tácticamente, porque los sectores que lo integran buscan superarse unos a otros en lo que respecta a la elección de un nuevo Presidente de la República en 2018. Pero se mantiene fuerte y unido en un amplio frente en torno a lo esencial: las “reformas”, impedir las elecciones directas y tratar de evitar la candidatura de Lula (o al menos socavar sus posibilidades de ganar).

Las palabras clave del momento son la creciente disensión dentro de la base gubernamental respecto a la votación para la destitución de Temer, y estas se relacionan directamente con los acuerdos forjados para resolver la crisis. Estos pactos incipientes siempre parecen estar en una etapa larvaria, pero cuando se hacen visibles es porque están a punto de concretarse.

Lo que resulta evidente es la creciente posibilidad de que Maia asuma la presidencia de forma interina y convoque elecciones indirectas. Globo está activo. Encabezó las acusaciones de la Fiscalía sobre la corrupción del presidente. Su equipo legal incluye el bufete del diputado Zveiter (RJ), ponente del caso de destitución en la Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara de Diputados. La icónica columnista Merval Pereira ya aboga por la destitución de Maia; el fin de semana pasado, de forma sin precedentes, el importante periódico prácticamente lanzó a Dória como candidata presidencial.

En este escenario, el PSDB ya está decidido a abandonar el gobierno y dejar en paz a Aécio. El DEM hará lo mismo, y varios partidos o facciones del bloque de centro, liderados por Eduardo Cunha y otros, buscarán unirse al pacto. Completan el círculo los conocidos disidentes del PMDB, como Renan Calheiros, Katia Abreu y otros; el PMDB de Minas Gerais, que abandonó el gobierno (¡uno de sus diputados, Rodrigo Pacheco, preside la misma CCJ!); así como el PSB y varios parlamentarios de otros partidos que ya han tomado precauciones.

La confusión es generalizada, pero una cosa es segura: la preocupación por la Constitución y el interés nacional no ocupa un lugar central en las prioridades de ninguno de los tres poderes del Estado. Las instituciones están en gran medida desacreditadas. Y conviene recordar siempre que, a pesar de la parálisis y la aparente falta de soluciones, la progresiva imposición de un nuevo orden político e institucional en el país —liberal, autoritario y neocolonial— ha avanzado rápidamente.

Nada está exento de conflictos y disputas. El Supremo Tribunal Federal (STF), tras tolerar el golpe parlamentario de destitución, se vio acorralado por la agenda de Lava Jato. Ahora, muestra moderación respecto a los procedimientos de Lava Jato, lo cual es bienvenido, aunque tardío. Sigue siendo parcial y, en parte, participa en el juego político partidista, buscando protagonismo para integrarse en acuerdos. El Congreso, asimismo, se encuentra acorralado por la ofensiva de Lava Jato para derrocar todo el sistema de partidos políticos. En el fondo, otra contradicción que enreda a las instituciones y a sus agentes es que siempre necesitarán a Lava Jato para detener a Lula.

La izquierda y los movimientos populares, las fuerzas progresistas y democráticas, están haciendo lo que pueden y deben. Se disputan la bandera de "Diretas Já" (Elecciones Directas Ya) para dar efecto al movimiento "¡Fuera Temer!" y tienen como objetivo principal la parálisis o el fracaso de las "reformas" laborales y de la seguridad social. Estas amenazas de retrocesos han movilizado las luchas de los trabajadores y del pueblo, como en la huelga del 28 de abril y otras acciones similares.

Pero este bando aún no ha alcanzado la fuerza, la unidad ni la movilización popular necesarias para impulsar la propuesta de elecciones directas. La lucha entre bandos opuestos no es un juego de suma cero, donde lo que surge de un bando simplemente beneficia al otro. Las movilizaciones se desarrollan por oleadas. Es seguro que, en un entorno político volátil, siempre habrá reveses motivados por factores contingentes.

El principal problema radica en el desaliento de una población asediada por el empobrecimiento y el desempleo. Las encuestas muestran su baja opinión sobre Temer (menos del 7% de aprobación) y sobre el movimiento Diretas Já (83% de aprobación, cifra que va en aumento). Para esta gran mayoría, las manifestaciones no se presentan como un medio para lograr lo que expresan en las encuestas. No ven soluciones y no se sienten representados por los políticos. Cabe destacar que el principal adversario de la izquierda progresista en la movilización política popular es la antipolítica, encabezada por el partido Lava Jato-Globo.

Hasta ahora, la disidencia, más que las protestas callejeras, ha sido el factor decisivo para encontrar soluciones. Para las fuerzas populares, el resultado del proceso de destitución contra Temer será un debate acalorado. Si el pacto opositor logra avanzar, la pregunta es si las calles podrán impulsar elecciones directas. De lo contrario, el país recurrirá a elecciones indirectas a través del Congreso para elegir un nuevo presidente, con un mandato provisional hasta 2018. Y, en ese caso, el pacto conservador exigirá un renovado impulso para las "reformas".

Las estrategias clave para afrontar este escenario consistirán una vez más en invocar la soberanía del voto popular, detener o derrotar las “reformas” y luchar por una normalidad política institucional que permita una contienda democrática para determinar el rumbo del país lo antes posible.

Paralelamente, las fuerzas de la resistencia deben presentar al país sus perspectivas: un nuevo programa y una reconfiguración de la izquierda progresista en un Frente Amplio para la reanudación del desarrollo soberano, por los derechos del pueblo y por la restauración de la democracia. Es necesario avanzar en este proceso, estableciendo una agenda renovada para el país. De esto surgirán los nombres de los candidatos, y habrá un momento oportuno para debatirlos.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.