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Voney Malta

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Cunha: cuando aparece el ratón, el gato quiere cazarlo.

Esa fue su perdición. El poder absoluto y la atención mediática comenzaron a conducirlo al infierno.

Eduardo Cunha (Foto: Voney Malta)

Mientras se movía en la política en el anonimato, lejos del público y los medios, el diputado federal Eduardo Cunha (PMDB-RJ) tuvo la tranquilidad suficiente para incrementar su capital electoral y personal. Pero en cuanto dio un paso al frente y se convirtió en el centro de atención, su mundo empezó a desmoronarse.

Se enfrentó al gobierno del Partido de los Trabajadores y a los principales dirigentes de su partido antes y después de ganar la presidencia de la Cámara de Diputados. Para ello, se alió con diputados descontentos que buscaban mayor influencia en el gobierno y, sobre todo, con la oposición liderada por el senador Aécio Neves. Eduardo Cunha se convirtió en el hombre fuerte de la República. Amado y odiado, ejerció el poder con mano dura.

Esa fue su perdición. El poder absoluto y la atención mediática comienzan a afectarle negativamente. Involucrado en la Operación Lava Jato junto con su esposa e hija, con cuentas irregulares en el extranjero, probablemente financiadas con sobornos, y en riesgo de ser expulsado por el Comité de Ética, la situación es extremadamente crítica.

Y como dice el dicho, cuando las cosas van mal, siempre pueden empeorar. Pues bien, Lava Jato ha abierto la puerta a una nueva investigación sobre el falso evangelista. Se han descubierto pruebas de que Eduardo Cunha movilizó a los contribuyentes para su reelección y las campañas de sus aliados. A cambio, obtuvo el control de la Cámara de Representantes.

La investigación busca determinar si fondos presuntamente obtenidos mediante sobornos fueron transferidos a candidatos a la alcaldía en 2012 y a miembros del parlamento en 2014. Afirman que la información es sumamente comprometedora. Veremos qué sucede.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.