María Luisa Falcao Silva avatar

María Luiza Falcão Silva

Doctorado por la Universidad Heriot-Watt, Escocia. Profesor jubilado de la Universidad de Brasilia. Miembro del Grupo Brasil-China sobre Economía del Cambio Climático (GBCMC) en Neasia/UnB. Autor de *Modern Exchange Rate Regimes, Stabilization Programs and Coordination of Macroeconomic Policies*, Ashgate, Inglaterra.

172 Artículos

INICIO > blog

Davos en ruinas morales

El Foro Económico Mundial ante el colapso de la democracia liberal y del orden internacional.

Foro Económico Mundial de Davos (Foto: Nota de Prensa)

La próxima reunión del Foro Económico Mundial tendrá lugar en Davos-Klosters, Suiza, del 19 al 23 de enero de 2026. Será la 56ª reunión anual del Foro, cuyo tema oficial es "Un espíritu de diálogo".

La reunión se celebra en un momento histórico particularmente adverso. No se trata de una simple edición más celebrada en medio de sucesivas crisis, sino de una reunión convocada cuando los propios cimientos políticos, institucionales y normativos del orden internacional de posguerra se encuentran en franco proceso de decadencia.

Lo que llega a los Alpes suizos no es un mundo en transición ordenada, sino un sistema internacional en crisis, marcado por la erosión del consenso, la revalorización de la fuerza y ​​el vaciamiento de las reglas que durante décadas organizaron el capitalismo global.

Para comprender el alcance del impasse actual, es necesario dar un paso atrás y contextualizar el papel que ha desempeñado el Foro Económico Mundial desde su creación.

¿Qué es el Foro Económico Mundial y por qué es importante?

El Foro Económico Mundial se creó en 1971 por iniciativa del economista alemán Klaus Schwab, inicialmente como un encuentro para acercar a líderes empresariales y gestores públicos europeos, inspirado en los modelos de gobernanza corporativa y planificación estratégica que cobraban fuerza en la posguerra. Con el tiempo, el Foro dejó de ser un espacio restringido al mundo empresarial para convertirse en uno de los principales puntos de encuentro informales para las élites políticas, financieras y corporativas globales.

A diferencia de organizaciones multilaterales formales como la ONU o el FMI, el Foro no está compuesto por Estados miembros ni emite decisiones vinculantes. Su poder siempre ha sido de otra naturaleza: simbólico, discursivo y relacional. Davos se ha convertido en el foro donde jefes de Estado, ministros de finanzas, presidentes de bancos centrales, ejecutivos de las mayores corporaciones del mundo, representantes de organizaciones internacionales y sectores selectos del mundo académico y la sociedad civil se reúnen para armonizar diagnósticos, evaluar consensos y señalar direcciones estratégicas.

A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, el Foro se consolidó como un escaparate del proceso de globalización neoliberal. Fue en Davos donde ideas como la liberalización financiera, la desregulación, las cadenas globales de valor, las privatizaciones y la integración comercial se naturalizaron como caminos ineludibles hacia el desarrollo. El Foro no formuló políticas, pero contribuyó a legitimar una visión del mundo que llegó a guiar a gobiernos, instituciones financieras y grandes corporaciones.

Países, actores y asimetrías de poder

Aunque a menudo se presenta como un espacio pluralista y global, el Foro siempre ha reflejado profundas asimetrías de poder. La presencia predominante de los países centrales del capitalismo avanzado —Estados Unidos, los países de Europa Occidental y, más recientemente, Japón— ha determinado su agenda y sus limitaciones. Los países del Sur Global generalmente han participado como invitados, potenciales inversores o ejemplos de "buenas prácticas" en la adaptación al orden existente, rara vez como formuladores de alternativas sistémicas.

Con el avance del siglo XXI, la presencia de las economías emergentes, especialmente China, India y los países asociados con los BRICS, se hizo más visible. Aun así, Davos siguió siendo un espacio impulsado esencialmente por las prioridades del capital financiero global, la gran industria y las potencias centrales. Su función histórica se centró menos en mediar en conflictos estructurales y más en suavizarlos discursivamente, manteniendo la apariencia de una gobernanza cooperativa.

Esta función, sin embargo, dependía de un supuesto fundamental: la existencia de un orden internacional mínimamente estable, anclado en normas, instituciones y el liderazgo de Estados Unidos. Es precisamente este supuesto el que ahora se está desmoronando.

El agotamiento del consenso liberal

El mundo que llega a Davos en 2026 ya no se reconoce en la narrativa del "orden basado en reglas". La idea misma de la democracia liberal como sinónimo de estabilidad, derechos y previsibilidad institucional está profundamente erosionada. La proliferación de medidas excepcionales, el uso extensivo de decretos ejecutivos, la politización del sistema judicial, la represión de los migrantes y la intimidación de universidades, medios de comunicación y bufetes de abogados en Estados Unidos están corroyendo la imagen de un Estado de derecho sólido y universalizable.

Bajo el segundo mandato de Donald Trump, Washington ya no se esfuerza por preservar la apariencia de un liderazgo normativo. La política exterior y económica estadounidense ha operado abiertamente mediante la coerción: aranceles, sanciones, amenazas territoriales, incumplimiento de los tratados y un desprecio explícito por las instituciones multilaterales. El mensaje al resto del mundo es claro: las reglas solo existen mientras sirvan a los intereses de la potencia dominante.

Este cambio tiene un impacto directo en el propósito del Foro Económico Mundial. Davos siempre ha promovido la previsibilidad como un activo fundamental del capitalismo global. Sin normas mínimamente estables, sin compromisos creíbles y sin instituciones respetadas, el propio discurso sobre la gobernanza global pierde fuerza.

Democracia, fuerza e inestabilidad.

Uno de los pilares de la visión liberal de las relaciones internacionales —la idea de que las democracias no recurren a la agresión entre sí— también ha sido cuestionado. Las amenazas explícitas de anexión de Groenlandia introducen un profundo elemento de ruptura, no solo territorial sino conceptual. Ponen en tela de juicio la lógica misma de las alianzas políticas y militares que estructuraron el mundo occidental en la posguerra.

La mera posibilidad de un conflicto de esta naturaleza expone la fragilidad de las garantías que sustentan la arquitectura de seguridad internacional. En la práctica, Davos se verá acosado por una pregunta incómoda: ¿cuál es el verdadero valor de las alianzas, los compromisos y los tratados cuando la principal potencia del sistema demuestra su disposición a ignorarlos?

Las instituciones multilaterales en decadencia.

El descrédito impuesto a las organizaciones multilaterales, el debilitamiento del sistema de comercio internacional y el reiterado abandono de los compromisos climáticos han transformado la gobernanza global en un mosaico fragmentado. Las instituciones que deberían mediar en conflictos y coordinar políticas se han convertido en espacios secundarios, frecuentemente instrumentalizados o eludidos.

En este contexto, el Foro Económico Mundial asume un papel cada vez más ambiguo. Sigue siendo un foro de encuentro relevante, pero ya no cuenta con las condiciones políticas necesarias para mantener un consenso duradero. Su función está cambiando: de formular horizontes comunes a gestionar las incertidumbres inmediatas.

Un foro en modo supervivencia

La reunión de 2026 se caracterizará por una Europa debilitada y dividida, presionada por crisis económicas, energéticas y políticas internas. También estará marcada por una presencia estadounidense menos interesada en la persuasión y más centrada en imponer límites y costos a la disidencia. Mientras tanto, los países del Sur Global, especialmente China, asisten a Davos con una retórica más asertiva, defendiendo la soberanía, el desarrollo y la cooperación pragmática como fundamentos de la estabilidad.

Esta combinación transforma a Davos en un espacio de tensión silenciosa. El Foro seguirá hablando de diálogo, innovación y futuro, pero operará a la sombra de un sistema internacional cada vez más conflictivo y menos gobernable.

Davos como espejo de la crisis

El Foro Económico Mundial de 2026 será menos un espacio de liderazgo y más un reflejo del colapso del orden liberal internacional. Revelará la dificultad que tienen las élites globales para identificar la crisis que atraviesan, pues reconocerla significaría admitir el agotamiento del mundo político e institucional que les garantizó la hegemonía durante décadas.

En un sistema internacional marcado por rivalidades abiertas, la revalorización de la fuerza y ​​la fragmentación de las reglas, Davos ya no organiza el futuro. Observa, reacciona, intenta preservar la relevancia y gestionar las incertidumbres. Si se gesta un nuevo orden, no nacerá en los alpinos salones de Suiza, sino de las disputas concretas entre soberanía, poder y desarrollo que el Foro ya no puede enmarcar ni controlar.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

Artigos Relacionados