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Paulo Moreira Leyte

Columnista y comentarista en TV 247

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Defender a Bolsonaro sería cómico si no fuera trágico.

El fiasco de Bolsonaro se revela como un poderoso argumento contra posibles pesadillas de golpes de Estado en el futuro.

El expresidente Jair Bolsonaro en su casa de Brasilia, donde se encuentra bajo arresto domiciliario - 09/03/2025 (Foto: REUTERS/Diego Herculano)

En un país con una lamentable tradición de golpes de Estado, iniciada por la espada de Deodoro el 15 de noviembre de 1889, en una nación marcada por el resentimiento de los dueños de esclavos por la Abolición anunciada un año antes, el argumento de Jair Bolsonaro para evadir sus responsabilidades para el 8 de enero de 2023 es un caso típico de chiste fácil.

Dado que era imposible negar su presencia —en un rol de liderazgo— en el complot golpista, la defensa se escudó tras el acto de malabarismo improvisado que Fux había desplegado en su voto para intentar influir en la Corte Suprema.

En un país agotado por una lamentable tradición de impunidad concedida a los opositores de la democracia a lo largo de nuestra historia republicana, el juicio terminó con una rotunda derrota para los golpistas.

La votación fue de 4 a 1 a favor de condenar a Bolsonaro, un resultado que impide las apelaciones de revisión, un recurso extremo dentro de nuestros derechos legales, pero que no están permitidas después de una decisión con cifras tan contundentes.

Con esta decisión, Jair Bolsonaro pasó a la historia como el primer líder golpista arrestado y condenado. En un país que, por primera vez, demostró un nivel de madurez democrática sin precedentes, el fiasco de Bolsonaro se revela como un poderoso argumento contra posibles futuras pesadillas golpistas.

¿Alguna duda?

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

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